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Siete Jornadas
Madeline
Cámara
¿Se trata de
un conjunto de entrevistas? ¿De un texto
ensayístico? ¿De una compilación de
memorias? ¿Habrá que responder a la pregunta
canónica por el género textual, cuando se ha
escrito y se está leyendo desde el género
sexual? Dejo a cada lector tomar su propia
decisión… imaginando que tengo ante mí una
narrativa polifónica, un jardín en el
sentido loynaziano, donde el paisaje se crea
al caminar los senderos.
La autora nos dice en un prólogo brevísimo
casi confesional en su tono, que “vivió la
mitad de su vida en un mundo sin muchas
opciones y disfruta mucho comprobar que
existen”.Quizás estas palabras sean las más
certeras no solo para definir a la escritora
y profesional de la psicología a quien le
debemos este libro; sino que, más allá de su
perfil, nos brinda la postura de toda una
generación de cubanos, aquellos que
abandonaron la isla (¿o fue la isla quien
los abandonó antes?) por el puerto de Mariel
en el año 1980… el placer de optar. ¿No es
acaso esto lo más parecido a la libertad?
¿No sería mejor sustituir el sobrecargado
lexema democracia por esta frase o
cualquiera de sus posibles paráfrasis?
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Siete jornadas en Miami,
de Carmen Díaz
Rosie Inguanzo
Hace más de año y medio, mientras convalecía
de una operación, Carmen me envió un
cuestionario y me explicó sobre el proyecto
de este libro que me da tanto gusto
presentar hoy, día internacional de la
mujer. Yo estaba convencida de que me
engañaba, y que esa llamada de ella había
sido orquestada por JR, PP y A. , quienes
alarmados por mi desconsuelo pos operatorio
habían recurrido a pedirle ayuda
profesional –así de paranoica me tenían los
narcóticos. Debido a ello, y porque no podía
ni sostener el laptop acostada y adolorida
como estaba, evadí el pedido. Poco me atrevo
agregar al estupendo prólogo de Madeline
Cámara, y a los tres ensayos de la propia
Carmen, y al aporte de las damas con
seudónimo que responden las siete preguntas
en la tercera parte del libro. El primer
ensayo es un estudio del ego nacional “La
Isla de los Grandes Acontecimientos”, y la
nacionalidad cubana, y nuestra* vocación
egotista, es exploración del Poder (Poder
falocéntrico -me corregiría la incisiva
Ileana Fuentes), Poder blanco sobre una
nacionalidad mestiza, mulata, la retórica
del Poder, el Poder histórico renovable y
sostenido. La autora sabe que este Poder no
es el único culpable de nuestro destino
nacional: él se alimenta de nuestra vocación
de caudillo, o sea, nuestra vocación
histórica de concebir y sustentar figuras de
Poder -mientras leía, notaba con vergüenza
que ese Poder no me es ajeno, ese Poder es
parte de nuestra idiosincrasia, ahí esta en
el carácter nacional, en nuestras mujeres.
Carmen nos alerta contra esa ceguera de
excluirnos del defecto. El segundo ensayo
nos invita a que “Visitemos la disonancia y
otros paradigmas”. Aquí Carmen hace hincapié
en el discurso de “gloria” del Poder que
encarnamos (aún a pesar nuestro) en una
“identificación con el agresor”, para
ilustrar el lavado de cerebro; es un
abordaje (no exento de humor) a nuestro
fenómeno social, nuestros paradigma(s). Y
entonces nos enfrenta con escenarios
hipotéticos donde saltan contradicciones,
oportunismos, obstinaciones patológicas,
excusas. Y concluyo que este ensayo es
necesario a nuestro ego, alto recomendable,
terapéutico: me sentí retratada en todos y
en ninguno, me sentí aludida en todos,
necesito sentirme aludida para curarme de
eso…porque ese discurso oficial que sale de
La Habana, ese paradigma nos alcanza aquí
(fuerza y contrafuerza: contra el embargo y
favor; cuán parecidas son las dos obstinadas
posturas arquetipo), ese discurso está
arraigado en el carácter nacional, y no voy
a cometer el error de excluirme. Ojo
cuidado: Carmen nos invita a comprender, no
a juzgar -cosa que es tan fácil, ¿no? La
tercera parte ensayística nos habla del
método utilizado para estas jornadas. Cito:
“Una psicóloga cubana pregunta a otras
cubanas exiladas lo que ella misma se
pregunta todos los días”: ¿Qué es ser
cubana? ¿Qué piensa de Estados Unidos? ¿Qué
es el amor? ¿Qué es la felicidad? ¿Qué es
Dios? ¿Cómo imagina su vida si no se hubiera
exiliado? ¿Cómo ve el futuro? Por arribita
son preguntas simples, pero este es un libro
de consulta, es un libro tapiz actualizado
sobre la cubanidad (cuestionable término),
es un libro que toma el pulso a la
nacionalidad exiliada (nacionalidad
cuestionable por demás). Tuve a bien
sospechar, desde mi cama de enferma, de esas
preguntas envueltas en papel de caramelo…son
preguntas capciosas, terreno minado: Carmen
nos relee desde sus ensayos y cada palabra
enunciada por las entrevistadas tiene lo
que dice y lo que representa en un todo
simbólico; encarnamos arquetipos. Carmen
sabe que en el urdimbre de las confesiones
de estas damas hay mucho entretejido
semántico, mucho significante; entrenada
para ello, hurga y disecciona. Al mismo
tiempo, super cool nos dice: eso e’lo que
hay, sin darle tanta vuelta a la matraca.
Dice la autora: “Cuba [...] desborda ego,
suficiente dentro de sus límites retóricos”,
ese “ego colosal” como casa a cuestas del
caracol. Valga una aclaración: el ego es
visto aquí en su connotación neutra –aspecto
del la psique donde se construye la
personalidad, que oscila entre el ello y el
superyó ideal. Bella imagen para estas
mujeres exiliadas: Mujeres Caracolas, que
son caracterizaciones de ese ego nacional
fundado a partir de una “per-versión
colonial”. En época sobrecargada de
nacionalismos, patriotismos y firmeza de
convicciones, guerras interminables y arduas
machonerías, vale la pena revisar nuestra
femenina intervención en los asuntos.
• (Digo nuestra porque las palabras
tienen una dinámica que pudiera tragarnos
-me advierte mi entrenador filosófico).
………………........
Mis respuestas tardías, desconfiadas y
porfiadas:
¿Qué es ser cubana?
Es ser mulata achinadita, como yo.
Es ser etnocéntrica, vociferante, racista,
castrista, antigay, antidemocrática,
posesiva, cariñosa…somos la Dama de blanco
Laura Pollán y somos la mujer policía que la
arrastra por el pavimento, … nada de
palideces.
¿Qué piensa de Estados Unidos?
Es mi segunda patria. Miami, patria mía dice
A. Aquí aprendí a ser libre, a no robar, a
no mendigar, a no utilizar a los otros como
un medio para fin, aprendí ciudadanía…aquí
llegué muy maltrecha y a duras penas he
sacado cabeza.
¿Qué es el amor?
Es A., es com-pasión, es esta vida opulenta.
¿Qué es la felicidad?
Son momentos, felicidad-es. Pero dan sentido
al resto.
¿Qué es Dios?
Es mujer.
¿Cómo imagina su vida si no se hubiera
exiliado?
Uh. Llegué descojonada. Allí estuve a punto
de perderme; pero la biografía accidentada
de cualquier exiliado es personal y
colectiva, naturalmente. Creo que me hubiera
suicidado: lo ensayé varias veces. Tal vez
estuviera presa, porque manejaba dólares con
la hija de un ministro. Y era una niña.
Porque me sentía condenada: condenada a
vivir sin mis padres y sin poder conocer a
mis hermanos, condenada por religiosa, por
ser abiertamente gusana, condenada a
requisas cada 3 meses por un agente de la
Seguridad del Estado déspota e intimidador,
a pasar hambre, a delinquir a modo de
desquite…
Pero allí también se dan milagros y
encuentros hermosos, lo que maniatados por
la circunstancia; así que bien pudiera
haber encontrado salvación allí. Mas no fue
el caso.
¿Cómo ve el futuro?
Soy optimista hasta la saciedad. |