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Prólogo
Guardado
en los baúles familiares, el manuscrito de esta historia
surgida de la creatividad literaria de mi abuelo Juan
Antonio Sánchez García, lo rescaté y desempolvé para que
no quedara en el olvido.
Por
alguna razón que desconozco, quizás por su modestia de
no creerse un gran escritor, jamás lo mandó a imprimir,
aunque permitió que algunos capítulos del libro fueran
publicados en una gaceta semanal llamada Amanecer
Vallecaucano, causando una gran expectativa y furor
en la prometedora ciudad de esa época.
Para
cumplir un sueño, tuvieron que transcurrir cerca de seis
décadas desde que el abuelo Juan Antonio terminara de
teclear en su moderna máquina Rémington, estos
que considero versos literarios, mientras vaciaba las
cajetillas y fumaba de manera profusa los cigarrillos
K.D.T y Pielroja, sentado en su escritorio de la Gran
Librería Sánchez.
Su nieta
Stella Rueda Sánchez, hija de Alicia (nombre que usó
para una de las protagonistas de la historia de amor),
hace más de tres décadas mandó a trascribir el primer
manuscrito del abuelo Juan Antonio, copiándolo de las
páginas originales repletas de anotaciones y
correcciones, porque, según me contaron, él siempre
estaba creando nuevas ideas. Dicen que la prima Stella
se valió de una gigantesca computadora de ese tiempo,
imprimiendo en forma precaria varias copias,
encuadernándolas sencillamente y repartiéndolas a
parientes cercanos. Desde entonces se volvió un tesoro
familiar para quienes tuvieron el privilegio de
poseerlo.
A
finales de la década de los 90´s, como un relevo
generacional siendo yo el primo menor, fui favorecido al
recibir de manos de la hija que más estuvo cerca de mi
abuelo en sus últimos años, la tía Nora, uno de esos
volúmenes amarillentos y, entonces, me puse a la tarea
de editar el libro. Contraté una mecanógrafa, quien
durante más de tres meses se dedicó a transcribir a un
sistema digital moderno, acorde a la época, poniéndole
tildes y eñes obviadas en la reproducción inicial de mi
prima, porque las computadoras de antes no tenían
acentos.
Durante
varios años, a raíz de mi salida apresurada de Colombia
en 2001 para proteger mi vida amenazada por la violencia
y la corrupción que se vivía en ese país, el libro del
abuelo volvió a quedar postergado en una caja que guardé
con celo en lugar apropiado.
En 2008
retomé la misión de rescatarlo y publicarlo, como una
ilusión que siempre tuvimos varios de sus descendientes.
Comencé
a revisar la vieja transcripción página por página,
buscándole significados a frases y palabras de antaño.
Algunas están en desuso en la lengua castellana o son
muy coloquiales, pero las dejé como el abuelo las
escribió, manteniendo al máximo la autenticidad de la
obra, agregándole explicaciones para los que hablan un
español más moderno y práctico. Por otro lado, haciendo
esa labor reconfortante me di cuenta que la mecanógrafa
se había comido páginas completas o renglones y
tuve que rescatar lo perdido.
Creyendo
estar a gusto, imprimí una primera edición en diciembre
de 2010, la cual envié a mis hermanas. Una de ellas,
Analuz Benoit Sánchez, junto a su esposo el abogado
William Rivas, me hizo notar otros errores. Los tres
hicimos, de manera independiente, una lectura minuciosa,
localizando esas que parecían imperceptibles fallas
tipográficas y faltas ortográficas, las cuales arreglé
para una edición definitiva. Les retribuyo a ellos su
aporte.
Agradezco también, en forma especial, a mi hermana
Solange Benoit Sánchez y a mis primos mayores, Gerardo
Daza Sánchez (Q.E.P.D.) y a su hermano Juan Antonio Daza
Sánchez, quienes tuvieron el placer de conocer y
convivir con el papito —como le decían— y fueron mis
fuentes de información invaluables para reconstruir
parte de la biografía y ciertos detalles de su vida que
solo ellos guardaban en sus memorias como un patrimonio
dinástico.
Con toda
la información recopilada y las modificaciones, publiqué
esta que llamo la segunda primera edición, en
febrero de 2011, sin fines comerciales.
No
conocí a mi abuelo Juan Antonio, ni él me conoció a mí
porque murió un poco más de nueve meses antes de que yo
naciera. Pero su espíritu ha rondado en mi vida desde
que tengo uso de razón y siempre he creído que la
facilidad de contar historias es un talento heredado.
Los
relatos de mi abuelo en estas páginas, son aventuras de
amores tormentosos, donde las traiciones, los celos y
las complicidades juegan un papel protagónico, en los
que el autor mezcla ficciones, realidades de su vida
personal y familiar y describe con riqueza vívida los
paisajes y sitios de la época en la ciudad de Cali,
Colombia, transportándonos a lugares y tiempos llenos de
romanticismo, pureza sentimental, donde no había maldad
preconcebida, pero sí pasiones desenfrenadas.
En los
personajes sensibles, a veces confundidos y en algunos
casos ingenuos del libro, el abuelo empleó los nombres
de varias de sus hijas como el de Lucero, Nora, Alicia
(Alicia Delmar), pero en forma especial el de mi madre,
Gloria (Gloria Delmar), que enaltece el título de esta
novela romántica y costumbrista, la cual recuerda con
nostalgia los amores de otros tiempos.
Raúl
Benoit
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