Carmen Díaz

CARMEN DÍAZ

Siete jornadas en Miami

El libro fue presentado:
El 26 de noviembre, 2008 en Teatro en Miami, con una lectura dramatizada de pasajes del libro a cargo de actores, con la dirección de Sandra García

Carmen Díaz nació en Cuba en 1951. En 1973 se graduó de Física en la Universidad de La Habana, donde trabajó como docente e investigadora hasta su exilio, en 1980. Ha enseñado durante más de quince años en diversas instituciones de educación superior. En 1987 obtiene un Doctorado en Psicología Clínica en Estados Unidos y desde entonces trabaja como psicóloga en el sur de la Florida. Ha colaborado en múltiples proyectos para el desarrollo de la cultura cubana y ha formado parte de varias Juntas de Dirección de organizaciones relacionadas con Cuba y su exilio.

Precio: 23 USD (incluye S&H)
 

 

 


© 2008 Carmen Díaz
Todos los derechos reservados.
ISBN: 978-1-934804-26-1
Library of Congress Control Number: 2008940916
Formato: Rústica; Páginas: 198; Tamaño: 5.5" x 8.5"

Publisher: Alexandria Library, Miami, 2008

 

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Reseñas
 

Siete Jornadas

Madeline Cámara

¿Se trata de un conjunto de entrevistas? ¿De un texto ensayístico? ¿De una compilación de memorias? ¿Habrá que responder a la pregunta canónica por el género textual, cuando se ha escrito y se está leyendo desde el género sexual? Dejo a cada lector tomar su propia decisión… imaginando que tengo ante mí una narrativa polifónica, un jardín en el sentido loynaziano, donde el paisaje se crea al caminar los senderos.

La autora nos dice en un prólogo brevísimo casi confesional en su tono, que “vivió la mitad de su vida en un mundo sin muchas opciones y disfruta mucho comprobar que existen”.Quizás estas palabras sean las más certeras no solo para definir a la escritora y profesional de la psicología a quien le debemos este libro; sino que, más allá de su perfil, nos brinda la postura de toda una generación de cubanos, aquellos que abandonaron la isla (¿o fue la isla quien los abandonó antes?) por el puerto de Mariel en el año 1980… el placer de optar. ¿No es acaso esto lo más parecido a la libertad? ¿No sería mejor sustituir el sobrecargado lexema democracia por esta frase o cualquiera de sus posibles paráfrasis?

 

 

Siete jornadas en Miami, de Carmen Díaz

Rosie Inguanzo

Hace más de año y medio, mientras convalecía de una operación, Carmen me envió un cuestionario y me explicó sobre el proyecto de este libro que me da tanto gusto presentar hoy, día internacional de la mujer. Yo estaba convencida de que me engañaba, y que esa llamada de ella había sido orquestada por JR, PP y A. , quienes alarmados por mi desconsuelo pos operatorio habían recurrido a  pedirle ayuda profesional –así de paranoica me tenían los narcóticos. Debido a ello, y porque no podía ni sostener el laptop acostada y adolorida como estaba, evadí el pedido. Poco me atrevo agregar al estupendo prólogo de Madeline Cámara, y a los tres ensayos de la propia Carmen, y al aporte de las damas con seudónimo que responden las siete preguntas en la tercera parte del libro. El primer ensayo es un estudio del ego nacional “La Isla de los Grandes Acontecimientos”, y la nacionalidad cubana, y nuestra* vocación egotista,  es exploración del Poder (Poder falocéntrico -me corregiría la incisiva Ileana Fuentes), Poder blanco sobre una nacionalidad mestiza, mulata, la retórica del Poder, el Poder histórico renovable y sostenido. La autora sabe que este Poder no es el único culpable de nuestro destino nacional: él se alimenta de nuestra vocación de caudillo, o sea, nuestra vocación histórica de concebir y sustentar figuras de Poder -mientras leía, notaba con vergüenza que ese Poder no me es ajeno, ese Poder es parte de nuestra idiosincrasia, ahí esta en el carácter nacional, en nuestras mujeres. Carmen nos alerta contra esa ceguera de excluirnos del defecto. El segundo ensayo nos invita a que “Visitemos la disonancia y otros paradigmas”. Aquí Carmen hace hincapié en el discurso de “gloria” del Poder que encarnamos (aún a pesar nuestro) en una “identificación con el agresor”, para ilustrar el lavado de cerebro; es un abordaje (no exento de humor) a nuestro fenómeno social, nuestros paradigma(s). Y entonces nos enfrenta con escenarios hipotéticos donde saltan contradicciones, oportunismos, obstinaciones patológicas, excusas. Y concluyo que este ensayo es necesario a nuestro ego, alto recomendable, terapéutico: me sentí retratada en todos y en ninguno, me sentí aludida en todos, necesito sentirme aludida para curarme de eso…porque ese discurso oficial que sale de La Habana, ese paradigma nos alcanza aquí (fuerza y contrafuerza: contra el embargo y favor; cuán parecidas son las dos obstinadas posturas arquetipo), ese discurso está arraigado en el carácter nacional, y no voy a cometer el error de excluirme. Ojo cuidado: Carmen nos invita a comprender, no a juzgar -cosa que es tan fácil, ¿no? La tercera parte ensayística nos habla del método utilizado para estas jornadas. Cito: “Una psicóloga cubana pregunta a otras cubanas exiladas  lo que ella misma se pregunta todos los días”: ¿Qué es ser cubana? ¿Qué piensa de Estados Unidos?  ¿Qué es el amor? ¿Qué es la felicidad? ¿Qué es Dios? ¿Cómo imagina su vida si no se hubiera exiliado? ¿Cómo ve el futuro? Por arribita son preguntas simples, pero este es un libro de consulta, es un libro tapiz actualizado sobre la cubanidad (cuestionable término), es un libro que toma el pulso a la nacionalidad exiliada (nacionalidad cuestionable por demás). Tuve a bien sospechar, desde mi cama de enferma, de esas preguntas envueltas en papel de caramelo…son preguntas capciosas, terreno minado: Carmen nos relee desde sus ensayos y cada palabra enunciada por las entrevistadas  tiene lo que dice y lo que representa en un todo simbólico; encarnamos arquetipos. Carmen sabe que en el urdimbre de las confesiones de estas damas hay mucho entretejido semántico, mucho significante; entrenada para ello, hurga y disecciona. Al mismo tiempo, super cool nos dice: eso e’lo que hay, sin darle tanta vuelta a la matraca. Dice la autora: “Cuba [...] desborda ego, suficiente dentro de sus límites retóricos”, ese “ego colosal” como casa a cuestas del caracol. Valga una aclaración: el ego es visto aquí en su connotación neutra –aspecto del la psique  donde se construye la personalidad, que oscila entre el ello y el superyó ideal. Bella imagen para estas mujeres exiliadas: Mujeres Caracolas, que son caracterizaciones de ese ego nacional fundado a partir de una “per-versión colonial”. En época sobrecargada de nacionalismos, patriotismos y firmeza de convicciones, guerras interminables y arduas machonerías, vale la pena revisar nuestra femenina intervención en los asuntos.

•    (Digo nuestra porque las palabras tienen una dinámica que pudiera tragarnos -me advierte mi entrenador filosófico).

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Mis respuestas tardías, desconfiadas y porfiadas:

¿Qué es ser cubana?

Es ser mulata achinadita, como yo.

Es ser etnocéntrica, vociferante, racista, castrista, antigay, antidemocrática, posesiva, cariñosa…somos la Dama de blanco Laura Pollán y somos la mujer policía que la arrastra por el pavimento, … nada de palideces.

¿Qué piensa de Estados Unidos?

Es mi segunda patria. Miami, patria mía dice A. Aquí aprendí a ser libre, a no robar, a no mendigar, a no utilizar a los otros como un medio para fin, aprendí ciudadanía…aquí llegué muy maltrecha y a duras penas he sacado cabeza.

¿Qué es el amor?

Es A., es com-pasión, es esta vida opulenta.

¿Qué es la felicidad?

Son momentos, felicidad-es. Pero dan sentido al resto.

¿Qué es Dios?

Es mujer.

¿Cómo imagina su vida si no se hubiera exiliado?

Uh. Llegué descojonada. Allí estuve a punto de perderme; pero la biografía accidentada de cualquier exiliado es personal y colectiva, naturalmente. Creo que me hubiera suicidado: lo ensayé varias veces. Tal vez estuviera presa, porque manejaba dólares con la hija de un ministro. Y era una niña. Porque me sentía condenada: condenada a vivir sin mis padres y sin poder conocer a mis hermanos, condenada por religiosa, por ser abiertamente gusana, condenada a requisas cada 3 meses por un agente de la Seguridad del Estado déspota e intimidador, a pasar hambre, a delinquir a modo de desquite…

Pero allí también se dan milagros y encuentros hermosos, lo que maniatados por la circunstancia;  así que bien pudiera haber encontrado salvación allí. Mas no fue el caso.

¿Cómo ve el futuro?

Soy optimista hasta la saciedad.