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Invitación de S.E., Embajadora de los E.E.U.U., Mary
Ann Glendon
a la Santa Sede, Mayo 2 del 2008
UNIVERSIDAD REGINA APOSTOLORUM
LATINOAMERICA Y EL PROYECTO UNIVERSAL DE LOS
DERECHOS HUMANOS: AYER, HOY Y MAÑANA
Nota: Auspiciado por la Embajadas de los Estados
Unidos, Chile, Costa Rica y los Caballeros de Colón
SESION III
RECORDANDO A UNA GRAN GENERACIÓN DE DIPLOMÁTICOS
Discurso de Pablo Pérez-Cisneros
A
mis acompañantes en el estrado, representantes de la Jerarquía
Eclesiástica, Embajadores del Cuerpo Diplomático ante la Santa Sede,
dignatarios, señoras y señores:
Primero que todo, quiero agradecerle a su Excelencia, Embajadora de
los Estados Unidos ante la Santa Sede, Sra. Mary Ann Glendon, por
invitarme a tomar parte en este importante forum, donde se demuestra
la participación de los países latino-americanos en la formación de
las Naciones Unidas y lo que estos influyeron al desarrollo y
aprobación final de la Declaración Universal de los Derechos
Humanos.
Como
la historia nos enseña, la primera conferencia de las Naciones
Unidas tuvo lugar en Abril de 1945, en San Francisco, California, a
la cual asistieron delegados de 50 naciones. En aquel momento el
Consejo Social y Económico de las Naciones Unidas fue establecido y
uno de los más importantes documentos que afectarían las relaciones
humanas, la declaración universal de los derechos humanos - aún no
había sido formada. Es un gran motivo de orgullo para mí el papel
que fungió mi patria, Cuba, y el liderazgo que ejerció uno de sus
delegados, Guy Pérez-Cisneros, mi difunto padre.
Mas
tarde, en Diciembre de 1945, mientras la Delegación Cubana asistía a
la Comisión Preparatoria de las Naciones Unidas en la Universidad de
Westminster, en Londres, Inglaterra, uno de los delegados cubanos a
esa conferencia era Guy Pérez-Cisneros, con solo 30 años de edad.
Este sugirió a sus compañeros delegados que el Embajador de Cuba en
Inglaterra, Willy de Blanc, tratara de concertar una reunión con el
ex-Primer Ministro de Inglaterra, Sr. Winston S. Churchill. La
reunión se dio lugar unos días después y a la misma asistieron todos
los Delegados Cubanos a la susodicha Comisión Preparatoria. Ellos
fueron: el Embajador de Cuba en Washington, Sr. Guillermo Belt; el
Delegado Permanente, Dr. Guy Pérez-Cisneros; el Consejero Económico,
Sr. Felipe Pazos y el Consejero Legal y Jurista, Ernesto Díhigo.
Después de las formalidades de rigor, el Sr. Churchill le relató a
los delegados cubanos que él conocía bien su país, y les explicaba
que había sido corresponsal para el Saturday Review, un periódico
Británico, y que había visitado Cuba como reportero en el otoño de
1895 a la primavera de 1896. La asignación de su periódico era el
viajar con las tropas españolas durante la guerra de independencia
que libraban los cubanos y que con el propósito de proteger su vida,
usaba como identificación un brazalete de la Cruz Roja, que según
él, le sirvió muy bien, ya que participó usando este brazalete en
varios encuentros militares. Churchill le mencionó a los delegados
cubanos que la primera escaramuza militar en la que participó como
corresponsal fue en Sancti Spíritus, en la provincia de Las Villas.
Además, éste mencionó que desafortunadamente sus artículos
periodísticos en esa etapa habían sido escritos favoreciendo a la
Corona Española, debido a la manera poco ortodoxa en que los cubanos
peleaban. Éste también le indicó a sus oyentes, que años mas tarde,
una vez que Cuba finalmente obtuvo su independencia, su posición
había cambiado, esta vez a favor de Cuba.
Durante estas conversaciones, el joven Delegado Guy Pérez-Cisneros
produjo la copia de un discurso que el Presidente de los Estados
Unidos, Franklin Delano Roosevelt, había pronunciado sobre el Estado
de la Unión al Congreso No. 77, en Enero 6 de 1941 y Pérez-Cisneros
le enfatizaba la siguiente sección del discurso al Sr. Churchill:
“En días futuros, los cuales queremos asegurar mirando hacía
delante, a un mundo fundado bajo cuatro esenciales libertades
humanas.”
“La
primera es libertad de expresión y de palabra – en todas partes
del mundo.”
“La
segunda es libertad a cualquier persona a adorar a Dios a su
propia manera, en todas partes del mundo.”
“La
tercera es libertad de desear, que traducido en términos
mundiales, quiere decir entendimiento económico, que le aseguraría a
cualquier nación una vida saludable y feliz para sus habitantes.”
“La
cuarta es libertad a no tener miedo, que traducido en términos
mundiales quiere decir una reducción mundial de armamentos a tal
punto, que ninguna nación estará en posición de poder cometer un
acto de agresión física, en contra de ningún vecino, en cualquier
parte del mundo.”
Después de oírlo y de leer el discurso, el Sr. Churchill le indicó a
mi padre y a los otros delegados, que había hablado en varias
ocasiones durante la guerra con el Presidente Roosevelt sobre esas
libertades esenciales y que estaba totalmente de acuerdo con él. A
continuación, Pérez-Cisneros y Díhigo le mencionaron a Churchill que
durante la Conferencia en San Francisco, ellos habían cabildeado al
Consejo Económico y Social de las Naciones Unidas solicitando la
formación de una comisión de derechos humanos, pero que sus
esfuerzos no habían dado muchos resultados, y expresándole a
Churchill la necesidad que tenían ellos de sus consejos para lograr
su objetivo.
No
recuerdo con toda exactitud lo que me contó mi padre sobre esa
importante reunión, ya que yo era pequeño. Muchos años han pasado,
de los cuales he vivido exilado de mi país, pero basado en
conversaciones que años después tuvimos mi tío Enrique
Pérez-Cisneros y yo en Washington con el antiguo Embajador cubano,
Guillermo Belt, éste nos mencionó que Churchill dijo “siendo Cuba
una isla en el mar Caribe, no podía por sí sola ejercer suficiente
influencia para obtener consenso.” Continúo diciendo que si los
Delegados Cubanos estaban dispuestos a cabildear fuertemente a los
otros Delegados latino-americanos, así como a algunos delegados de
los otros países presentes en Westminster, quizás esto despertaría
el interés de las naciones más poderosas. Churchill le mencionó
también a los cubanos que en una conversación que tuvo con el
Presidente Truman, éste le dijo que la Sra. Eleanor Roosevelt iba a
ser nombrada miembro de la delegación americana a la reunión en
Westminster y que quizás sería una buena oportunidad para que ella
presidiera la Comisión de Derechos Humanos como parte del Consejo
Económico y Social de las Naciones Unidas. De todos modos Churchill
les dijo que él, en su momento oportuno, hablaría personalmente con
la Sra. Roosevelt al respecto.
Siguiendo los consejos del Sr. Churchill, los cubanos cabildearon
fuertemente en Westminster y después en San Francisco. Gracias a
estos esfuerzos de cabildeo por parte de la delegación cubana, de
los demás países latino-americanos y desde luego, sus propios
méritos, Mrs. Roosevelt fue seleccionada como la Chairman o
Presidente de la Comisión de Derechos Humanos del Consejo Económico
y Social, en Abril 28 de 1946.
La
primera reunión de esa Comisión de Derechos Humanos tuvo lugar en
Ginebra, Suiza, en Diciembre de 1947 y subsecuentemente hubo
aproximadamente más de 84 reuniones en varios lugares, sin obtenerse
consenso alguno, ya que los países miembros no se ponían de acuerdo.
En
ese intervalo se reúnen en Bogotá, Colombia, en Marzo 30 de 1948,
los diplomáticos latino-americanos, Canadá y los Estados Unidos en
su IX Conferencia de la Unión Panamericana, en la que más
tarde cambiaría su nombre a Organización de Estados Americanos
(O.E.A.). Los delegados cubanos a la misma fueron: Guillermo Belt,
Oscar Ganz Martínez, Ernesto Díhigo y López Trigo, Carlos
Tabernilla, Ricardo Sabasa González, Emilio Pando Machado y Guy
Pérez-Cisneros. Los E.E.U.U. fueron representados por su Ministro de
Estado, George C. Marshall, W. Averell Harriman, William Pawley,
entre otros. Es bueno recordar que en esta ocasión se formaron
varios comités y que entre ellos, se crea el de los Derechos y
Deberes del Hombre y los Delegados de los países
latino-americanos proponen y nombran como Rapporteur (Relator) de la
misma al delegado cubano, Guy Pérez-Cisneros. En las próximas
semanas y después de muchos debates e intervenciones cubanas y de
otros muchos países de la recientemente formada O.E.A., finalmente
en Abril 30 de 1948, ésta Declaración se sometió a
votación y fue aprobada por todos los países miembros.
Desde luego, en ese esfuerzo de varias semanas de trabajo intensivo
en esa Comisión, Pérez-Cisneros tuvo la ayuda y el poder de cabildeo
de muchos de los delegados de varios países de Latino-América, entre
ellos, Hernán Santa Cruz de Chile, Alberto Cañas de Costa Rica,
Emile Saint-Lot de Haití, Joaquín Balaguer de Santo Domingo, Ricardo
J. Alfaro de Panamá, Pedro Alba de México y W. Averell Harriman de
los Estados Unidos, entre otros muchos.
Unos
meses más tarde, en Septiembre 28 de 1948, se reúnen los
Delegados miembros de las Naciones Unidas en el Palacio de Chaillot
en París, Francia, para tratar de ultimar la Declaración Universal.
Ese día, Argentina propone y Cuba secunda el nombramiento de
Rapporteur (Relator) de esa Comisión al Delegado de Haití, Sr. Emile
Saint-Lot. Este ganó aprobación a la importantísima posición, con 24
votos a favor de los 44 países presentes, una simple mayoría de los
votos a favor, ya que Honduras y Yemén estaban ausentes a la
reunión.
En
las múltiples reuniones en el Palacio de Chaillot, los diplomáticos
latino-americanos debatían y hacían énfasis que la recién aprobada
Declaración de Derechos y Deberes del Hombre en la O.E.A., debería
ser considerada como base para la Declaración Universal que allí se
trataba de aprobar. Entre otros, fue el Delegado de Cuba, Dr. Guy
Pérez-Cisneros el que presentó y defendió dicho documento.
Pérez-Cisneros razonaba como ya 20 países habían logrado la
aprobación de la O.E.A con la influencia adicional de Carlos P.
Rómulo de las Filipinas, Charles Malik, del Líbano, Pen Chung Chang
de China, y su buen amigo, el Jurísta y Delegado de Francia, Dr.
René Cassín, Cuba y los demás países latino-americanos, después de
que se hicieran algunas enmiendas y se pudiera cabildear por unos
votos adicionales, se podía lograr una mayoría absoluta. Tan grande
fue la insistencia y perseverancia del Dr. Guy Pérez-Cisneros para
lograr que esto se reconociera, que John Humphrey, primer Director
en las Naciones Unidas de la División de Derechos Humanos, en sus
Diarios “ON THE EDGE OF GREATNESS”, se refería a Guy Pérez-Cisneros
como “la amenaza de Bogotá” y en otra de sus citas con referencia a
Pérez-Cisneros decía: “ Pérez-Cisneros debería quemarse en el
infierno, pero pasará a la historia como el gran defensor de la
libertad y de los derechos humanos.”
Entre las más notables enmiendas presentadas por Cuba y finalmente
aprobadas, estaban: “El derecho del individuo a observar su
vocación, o que cada persona tenga la libertad de escoger cualquier
tipo de trabajo que quiera hacer” (Art. 23.1). “El derecho de cada
trabajador a recibir de forma satisfactoria una remuneración
equitativa junto con otros medios de protección social” (Art. 23.3).
Una tercera iniciativa cubana que fue aprobada fue: “Que se incluya
en la Declaración Universal, el derecho a que el honor de la persona
sea protegido en contra de interferencias arbitrarias en la vida
privada del individuo” (Art. 12).
Finalmente, junto con México y Francia, Cuba presentó y obtuvo
aprobación de “El derecho a la protección de los intereses morales y
materiales del autor en sus producciones científicas, literarias o
artísticas” (Art. 27.2).
En
Diciembre 10 de 1948, en esa III Asamblea de la O.N.U., el Delegado
de la República de Cuba, Guy Pérez-Cisneros, hizo uso de la palabra
y elocuentemente explicó a los demás Delegados allí presentes, el
papel que la delegación cubana había jugado en la preparación de
dicho documento y por qué éstos debían votar a favor de adoptar la
Declaración Universal de los Derechos Humanos.
Son
varias las circunstancias que contribuyeron al papel que Cuba y su
Delegado Permanente, Guy Pérez-Cisneros, tuvo en la preparación de
ese ejemplar documento, cuya importancia era la reivindicación de la
absoluta dignidad y derecho a la libertad de todos los seres
humanos. En total, fueron nueve las iniciativas que Pérez-Cisneros
pudo convencer a los Delegados de los países miembros para que se
incluyeran en la Declaración. Esto necesito de menos de 181
reuniones que tuvieron lugar en diferentes localidades, comenzando
en Abril de 1945, en San Francisco, continuando en Westminster, Lake
Success, Dumbarton Oaks, Hunter College, Ginebra y terminando en
París, el 10 de Diciembre de 1948.
Fue
la Delegación cubana la que insistió, conjuntamente con muchos de
sus colegas latinoamericanos y con los representantes de otros
países como Líbano, Francia, China y las Filipinas, en un sin número
de audiencias, y como resultado, el Consejo Económico y Social de
las Naciones Unidas incorporó sus recomendaciones a la Declaración
Universal de Derechos Humanos. Fue la delegación de Cuba la que
presentó el primer borrador de lo que debía ser el contenido de la
declaración. El autor del documento fue el Profesor de Leyes de la
Universidad de La Habana y Jurista cubano, Dr. Ernesto Díhigo.
Es
de notar, que la delegación cubana y Guy Pérez-Cisneros en
particular, que estaba muy bien preparado en la materia, se apoyaban
mucho en las doctrinas sociales y políticas de la iglesia. Un
ejemplo se encuentra en el área de la educación, donde la Iglesia
siempre enfatizaba el derecho primario de los padres a la
educación de sus hijos (más recientemente dicho, en 1962, en la
encíclica Pacem in Terris Paz en la Tierra) del Papa Juan
XXIII (Ángelo Roncalli). En términos prácticos esto quiere decir que
el estado tiene un derecho secundario y no primario en el
área de la educación pública.
La
Declaración Universal incorpora esas palabras exactas, cuando dice
en el Artículo 26.3: “Que los padres tienen un derecho primario
en la educación de sus hijos”. Como vamos a ver, la participación de
todos los países de Latino-América, por muy testarudos que hayan
sido en guardar la tradición doctrinal de la Iglesia, fueron lo que
consideramos un elemento importante de la Declaración Universal,
como finalmente fue aprobada.
Ya
muy tarde en la noche de Diciembre 10 de 1948, los Delegados de 56
gobiernos o países emitieron sus votos. Cuarenta y ocho (48)
naciones votaron a favor y hubo ocho (8) abstenciones. La
Declaración Universal fue aprobada después de mas de tres años de
laborioso estudio, un sin número de reuniones, grupos de trabajo en
la preparación de borradores, comisiones, debates interminables,
exámenes de testigos y ponentes, cientos de declaraciones y
muchísimas enmiendas. Finalmente emergió documento: la Declaración
Universal de los Derechos Humanos.
Todo
lo dicho anteriormente nos lleva a recordar las nobles ideas y
contribuciones realizadas por la República de Cuba y los otros
países miembros de la Organización de Estados Americanos que hizo
esta Declaración una realidad. También debo recordar, a aquellos que
quieran escuchar, la increíble ironía de que la nación cuyas
iniciativas abrigaron una buena porción de la Declaración Universal
de los Derechos Humanos, es hoy en día, el lugar donde más se
reprimen y violan estos derechos.
Pablo Pérez-Cisneros
Mayo 9, 2008
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