DR. LUIS AGUILAR LEÓN

El prejuicio en la prensa americana

Uno de los más reconocidos enigmas del mundo contemporáneo es por qué la prensa americana despliega casi siempre la posición ideológica liberal o de izquierda. Lo cual no tiene nada esencialmente malo, en tanto en cuanto esa prensa trate de mantener un nivel de objetividad. Si, como ocurre hoy, al público se le ofrece una visión parcial o distorsionada de lo que ha ocurrido para modelar la perspectiva de acuerdo con lo que quiere mostrar la prensa, es violar uno de los principios básicos de la ética periodística.

Quien quiera indagar ese tema, puede leer un reciente libro, Bias, de Bernard Goldberg, el cual lleva semanas en el primer lugar de los best sellers, donde el autor, que trabajó por años en el New York Times, demuestra cómo, en la mayoría de los casos, la prensa divide al público entre liberales, que se suponen ser mayoría, y unos grupillos de conservadores que no saben marchar con la historia. Así se cae en la doblez de manejar las noticias sutilmente para que los liberales, quienes siempre están ''correctos políticamente'', reciban las luces favorables.

Goldberg brinda ejemplos que parecen demostrar su tesis. Comentando, por ejemplo, un juicio por abuso sexual, el moderador del programa de la CBS introdujo a las dos invitadas que iban a discutir el caso. Sencillamente, el coordinador presentó: ''Aquí tenemos a la notable profesora de leyes, Catharine MacKinnon, y a una vocera del movimiento conservador, Phyllis Schalfly''. Así, sutilmente, se mostró la parcialidad del moderador. De un lado MacKinnon, profesora notable de leyes, cuya posición política a nadie antagonizaba porque no había sido mencionada, y del otro lado está Schalfly, cuya posición política fue reducida a ser una conservadora. Naturalmente, el liberal moderado no mencionó que Mackinnon es una feminista radical que mantiene que todo acto sexual implica una violación de la mujer. El mencionar tal posición hubiera antagonizado a muchas mujeres, luego lo mejor fue silenciarla.

Mencionando otro ejemplo significativo, Goldberg cuenta que el 9 de septiembre de 1990 el asistente ejecutivo de la revista Newsweek, Evan Thomas, al referirse a su previo y desdeñoso juicio sobre el ex presidente Ronald Reagan, una de las más odiadas criaturas por la izquierda liberal, dijo reconocer que se había equivocado al no acotar que Reagan había pasado de ser ``un simple idiota, para llegar a ser un idiota con genio''.

En otra ocasión, Goldberg relata cómo un famoso personaje del mundo televisado no sabía ubicar su propia posición política. Fue cuando el famoso Dan Rather lo criticó por inclinarse demasiado a la corriente conservadora. Goldberg le preguntó por qué no criticaba el despliegue liberal que siempre hacía la página editorial del NY Times y quedó pasmado cuando Dan Rather le dijo que la página editorial del Times era imparcial y siempre corría por el centro del camino. Ese neutral ''centro del camino'' implicaba respaldar para presidente a Al Gore, Bill Clinton, Michael Dukakis, Walter Mondale, Jimmy Carter, etc. La lista llega hasta a Eisenhower, el último presidente republicano que el periódico había respaldado, con muchas dudas. Pero como ellos se consideran el centro del camino, cuando no lo son, ni siquiera llegan a entender la variedad de las otras posiciones.

Conociendo tales tendencias, se puede comprender mejor los programas de CNN sobre Cuba, donde siempre Fidel emerge heroico, como en aquella vergonzosa entrevista que Castro le concedió a Ted Turner; o las informaciones de la agencia Reuter que siempre describen a Fidel buscando cómo mejorar sus relaciones con los duros Estados Unidos que tienen ''bloqueada'' la isla. Y, en el caso de aquel pobre niño Elián, arrebatado a la fuerza de su casa, claro que sin peligro, porque, como afirmó Janet Reno, todos los soldados mantenían los dedos sin tocar los gatillos. Y las cámaras de televisión que vinieron a Miami y entrevistaron a mucha gente, pero sólo proyectaron las imágenes de quienes estaban de acuerdo con ellos.

Más tarde, como símbolo de victoria sobre los ''conservadores'' cubanos exiliados, una vez que el pobre niño estaba en Cuba con el tierno padrazo Fidel Castro, el NY Times publicó en primera plana una foto de Elián con uniforme de soldado y bajo un letrero de ''¡Seremos como el Che!''. Nada de recordar el sacrificio de la madre, quien murió por salvarlo, aprender democracia, libertad o justicia. Sólo uniformes, órdenes, los pasos duros de una educación socialista y un juramento de seguir al Che. Ese era el camino que el demócrata NY Times celebraba.

En relación con Hollywood Goldberg prosigue su exploración y encuentra los mismos prejuicios y argumentos ''políticamente correctos''. Yo me acuerdo de aquella declaración de Cher, la ''artista'', asegurando que nadie iba a votar por Bush porque todo el mundo se acordaba del hambre que habían sufrido bajo Reagan. Y todos los que, como Barbara Streissand o Alex Baldwin condenaron la decisión del Tribunal Supremo y anunciaron que si Gore perdía se iban a vivir a Europa.

Como la izquierda siempre cree que es mayoría no entiende y se traumatiza cuando, por ejemplo, en una elecciones democráticas, el pueblo nicaragüense barre del poder a los ''revolucionarios'' sandinistas. Y luego vinieron los mostruosos eventos del 11 de septiembre, que galvanizaron al pueblo entero y silenciaron a todos aquéllos acostumbrados a culpar a los americanos de todo.

Quién sabe si el dato más expresivo sobre la negatividad ambiental que han tratado de esparcir muchos periodistas y profesores es la imagen de un joven que, desde el fondo de una oscura cueva en Afganistán, con una ametralladora en la mano, alzó una increíble pregunta: ``¿Qué ha hecho jamás América por nadie?''

 

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