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El
prejuicio en la prensa americana
Uno de los más
reconocidos enigmas del mundo contemporáneo es por qué la prensa americana
despliega casi siempre la posición ideológica liberal o de izquierda. Lo cual no
tiene nada esencialmente malo, en tanto en cuanto esa prensa trate de mantener
un nivel de objetividad. Si, como ocurre hoy, al público se le ofrece una visión
parcial o distorsionada de lo que ha ocurrido para modelar la perspectiva de
acuerdo con lo que quiere mostrar la prensa, es violar uno de los principios
básicos de la ética periodística.
Quien quiera
indagar ese tema, puede leer un reciente libro, Bias, de Bernard Goldberg, el
cual lleva semanas en el primer lugar de los best sellers, donde el autor, que
trabajó por años en el New York Times, demuestra cómo, en la mayoría de los
casos, la prensa divide al público entre liberales, que se suponen ser mayoría,
y unos grupillos de conservadores que no saben marchar con la historia. Así se
cae en la doblez de manejar las noticias sutilmente para que los liberales,
quienes siempre están ''correctos políticamente'', reciban las luces favorables.
Goldberg brinda
ejemplos que parecen demostrar su tesis. Comentando, por ejemplo, un juicio por
abuso sexual, el moderador del programa de la CBS introdujo a las dos invitadas
que iban a discutir el caso. Sencillamente, el coordinador presentó: ''Aquí
tenemos a la notable profesora de leyes, Catharine MacKinnon, y a una vocera del
movimiento conservador, Phyllis Schalfly''. Así, sutilmente, se mostró la
parcialidad del moderador. De un lado MacKinnon, profesora notable de leyes,
cuya posición política a nadie antagonizaba porque no había sido mencionada, y
del otro lado está Schalfly, cuya posición política fue reducida a ser una
conservadora. Naturalmente, el liberal moderado no mencionó que Mackinnon es una
feminista radical que mantiene que todo acto sexual implica una violación de la
mujer. El mencionar tal posición hubiera antagonizado a muchas mujeres, luego lo
mejor fue silenciarla.
Mencionando otro
ejemplo significativo, Goldberg cuenta que el 9 de septiembre de 1990 el
asistente ejecutivo de la revista Newsweek, Evan Thomas, al referirse a su
previo y desdeñoso juicio sobre el ex presidente Ronald Reagan, una de las más
odiadas criaturas por la izquierda liberal, dijo reconocer que se había
equivocado al no acotar que Reagan había pasado de ser ``un simple idiota, para
llegar a ser un idiota con genio''.
En otra ocasión,
Goldberg relata cómo un famoso personaje del mundo televisado no sabía ubicar su
propia posición política. Fue cuando el famoso Dan Rather lo criticó por
inclinarse demasiado a la corriente conservadora. Goldberg le preguntó por qué
no criticaba el despliegue liberal que siempre hacía la página editorial del NY
Times y quedó pasmado cuando Dan Rather le dijo que la página editorial del
Times era imparcial y siempre corría por el centro del camino. Ese neutral
''centro del camino'' implicaba respaldar para presidente a Al Gore, Bill
Clinton, Michael Dukakis, Walter Mondale, Jimmy Carter, etc. La lista llega
hasta a Eisenhower, el último presidente republicano que el periódico había
respaldado, con muchas dudas. Pero como ellos se consideran el centro del
camino, cuando no lo son, ni siquiera llegan a entender la variedad de las otras
posiciones.
Conociendo tales
tendencias, se puede comprender mejor los programas de CNN sobre Cuba, donde
siempre Fidel emerge heroico, como en aquella vergonzosa entrevista que Castro
le concedió a Ted Turner; o las informaciones de la agencia Reuter que siempre
describen a Fidel buscando cómo mejorar sus relaciones con los duros Estados
Unidos que tienen ''bloqueada'' la isla. Y, en el caso de aquel pobre niño Elián,
arrebatado a la fuerza de su casa, claro que sin peligro, porque, como afirmó
Janet Reno, todos los soldados mantenían los dedos sin tocar los gatillos. Y las
cámaras de televisión que vinieron a Miami y entrevistaron a mucha gente, pero
sólo proyectaron las imágenes de quienes estaban de acuerdo con ellos.
Más tarde, como
símbolo de victoria sobre los ''conservadores'' cubanos exiliados, una vez que
el pobre niño estaba en Cuba con el tierno padrazo Fidel Castro, el NY Times
publicó en primera plana una foto de Elián con uniforme de soldado y bajo un
letrero de ''¡Seremos como el Che!''. Nada de recordar el sacrificio de la
madre, quien murió por salvarlo, aprender democracia, libertad o justicia. Sólo
uniformes, órdenes, los pasos duros de una educación socialista y un juramento
de seguir al Che. Ese era el camino que el demócrata NY Times celebraba.
En relación con
Hollywood Goldberg prosigue su exploración y encuentra los mismos prejuicios y
argumentos ''políticamente correctos''. Yo me acuerdo de aquella declaración de
Cher, la ''artista'', asegurando que nadie iba a votar por Bush porque todo el
mundo se acordaba del hambre que habían sufrido bajo Reagan. Y todos los que,
como Barbara Streissand o Alex Baldwin condenaron la decisión del Tribunal
Supremo y anunciaron que si Gore perdía se iban a vivir a Europa.
Como la izquierda
siempre cree que es mayoría no entiende y se traumatiza cuando, por ejemplo, en
una elecciones democráticas, el pueblo nicaragüense barre del poder a los
''revolucionarios'' sandinistas. Y luego vinieron los mostruosos eventos del 11
de septiembre, que galvanizaron al pueblo entero y silenciaron a todos aquéllos
acostumbrados a culpar a los americanos de todo.
Quién sabe si el
dato más expresivo sobre la negatividad ambiental que han tratado de esparcir
muchos periodistas y profesores es la imagen de un joven que, desde el fondo de
una oscura cueva en Afganistán, con una ametralladora en la mano, alzó una
increíble pregunta: ``¿Qué ha hecho jamás América por nadie?'' |