DR. LUIS AGUILAR LEÓN

El pueblo y el líder

 

He comenzado a leer el ensayo de mi admirada Martha Beatriz Roque, recién publicado en una excepcional edición de la revista ''Encuentro'', dedicada esencialmente a escudriñar el camino y las posibilidades de la Cuba futura. Como todos sabemos, la tarea de desentrañar las acciones de un pueblo y enseñarnos a comprender por qué ese pueblo actuó así implica el caminar sobre válidas hipótesis.

Por eso mismo señalo que si una dictadura dura mucho tiempo es preciso examinar al pueblo en busca de las motivaciones que lo llevaron a un largo apoyo a la revolución. La cuestión es difícil porque en casi todos los procesos que encajan largas dictaduras, la mayor parte de los analistas se concentran en estudiar al líder. Lo cual no es nada criticable, pero suele significar el evadir el estudio del pueblo, del otro brazo del dualismo ''pueblo-líder''. Así el análisis del régimen nazi se concentra en Hitler y pocos estudian el carácter del pueblo alemán. En el caso de Cuba ocurre algo parecido; Fidel Castro es el centro del poder, y de la economía y de todo. ¿Qué va a ocurrir cuando Castro desaparezca? ''No será fácil'', escribe Martha Beatriz Roque, 'eliminar de la mente del cubano el espectro de la propaganda comunista, que no se ha cansado de plantear que, si existe una transición, iría acompañada del despojo de los llamados `logros' de la revolución''.

De ahí que a mí me parece fascinante tratar de entender las reacciones del pueblo cubano ante las primeras imágenes de la revolución triunfante. ¿Fueron movidos por la propaganda; llevaban adentro una inesperada cuota de resentimiento; fue el carisma de Fidel? Por lo pronto, y sólo contribuyendo a las puertas que abren esas preguntas, ofrezco mi reacción ante una de las primeras escenas del drama o la tragedia de un pueblo que parecía ser fuente de alegría, contradictorio en sus expresiones, donde yo, y me delato culpable, nunca vi, ni escuché gritos de odio contra los americanos, ni que pidieran la muerte porque el líder gritaba un nombre.

He aquí lo que sentí y escribí cuando se perpretó el juicio público, ante más de trescientos mil cubanos, en contra de un verdadero héroe de la revolución, Huber Matos, quien, de paso sea dicho, acaba de publicar sus memorias. Las palabras de este artículo fueron publicadas en Prensa Libre el 1 de noviembre de 1959. ¿Cómo podía yo explicarme tal brutal cambio en mi pueblo? No me lo explicaba. Y puedo confesar que aún no lo entiendo cabalmente.

`` Paredón, Paredón

'Ha sido una semana cargada de hechos pesarosos, de acontecimientas que gravitan sobre el alma con una indefinible sensación opresora. Primero fue el terrible espectáculo de una muchedumbre coreando a grito unánime un solo vocablo: `¡Paredón! ¡Paredón!' Parecía que se trataba de un tema de música popular; pero se trataba de un muro agujereado por las balas y de hombres silenciosos avanzando en el amanecer hacia la muerte. Tenía un eco alegre. Pero implicaba la decisión final sobre la vida o la muerte de unos compatriotas encarcelados. Y como creo que la existencia es el más alto valor que tiene el ser humano; y como creo que la sociedad tiene alguna vez el derecho a suprimirla, pero nunca así, al desgaire de una plaza pública, bajo el frágil enardecimiento de una muchedumbre frenética, mi alma se llenó de pesadumbre.

``Y frente al grito rítmico y masivo, con la insistencia de una pesadilla y la tenacidad de un latido, mi angustia interior se me desdoblaba en múltiples tenaces preguntas: ¿dónde estaba toda esa gente mientras allá en la Sierra el hombre contra el cual vociferaban se jugaba la vida por la libertad de Cuba? ¿Qué hacían entonces todos esos exaltados que ahora, bajo la tremenda impunidad del número, palmotean y demandan la muerte de una persona a quien no se le ha dado la oportunidad de defenderse, contra quien no se ha aportado todavía ni una sola prueba válida?

``¿Es que la libertad, la vida y el prestigio de seis millones de ciudadanos van a depender de lo que griten en una arena pública una facción airada de esos seis millones?

'Cierra la semana con un balance de pesadumbre. Vuelven los tribunales revolucionarios, se nos desaparece un héroe, y nos queda inserto en la retina el sombrío precedente de un hombre juzgado a voz en cuello en una arena pública. Y detrás, como en las tragedias griegas, queda resonando un coro oscuro e implacable que martillea sobre las conciencias un solo terrible vocablo: `¡Paredón! ¡Paredón!' ''.

Tengo el dato, aún recuerdo mi sentimiento, pero no sabría qué contestar si me piden una explicación sobre esa conducta colectiva. ¿Había ocurrido un cambio o los cubanos han sido siempre así y yo no lo había notado? No lo sé. Confío en que alguien ofrezca una clara interpretación.

 

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