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Pasado y futuro en Palestina
El último número
de la revista ''U-S.News & and World Report'', dedica sus páginas centrales a
analizar la verdadera naturaleza de las famosas cruzadas cristianas que, desde
el siglo XI, iniciaron una etapa de asaltos contra el mundo del islam. El islam,
por su parte había ya organizado, y seguiría organizando, ofensivas contra los
infieles cristianos de Europa. Bajo esa iniciativa, muchas tierras del
Mediterráneo se transformaron en campos de batallas.
Cabe preguntarse a
qué se debe ese súbito interés de una revista pragmática, más interesada en los
negocios que en la historia, de dedicar páginas a eventos casi olvidados de
Europa. No se han descubierto nuevos documentos sobre Ricardo Corazón de León, o
Solimán el Magnífico, u otros héroes de aquellas resonantes campañas donde la
religión jugaba un papel trascendental y se buscaba, del lado cristiano,
rescatar la tumba de Cristo o la misteriosa y sagrada copa donde había caído su
sangre durante la última cena. Del lado del islam se trataba de expulsar a los
''infieles'' y de conquistar sus tierras.
El artículo
pudiera ser un asomo de lo que algunos llaman la ''relatividad de la historia''.
Es decir, cómo la perspectiva del presente puede revitalizar al pasado, dejarlo
perecer tras el olvido o, mucho más interesante, puede leer en el pasado lo que
va a ocurrir en el futuro. Lo cual obliga a también contar con las pasiones que
reinan entre las figuras que hoy se enfrentan en Palestina. Porque el recuerdo
de la Tierra Santa es tan intenso que aun la gente que está fuera del conflicto
se siente emocionada cuando resuenan cañonazos en Jerusalén, Nazaret o Belén.
Menos emocionales
y, sin embargo, más vinculados al presente son los trazos de un conflicto como
el que ocurrió hace centurias entre el islam y el Occidente en y fuera del
Mediterráneo. Se trata de hacer un paralelo entre la curva histórica del islam y
la de los cristianos hace varias centurias. Siempre se puede caer en la
tentación de afirmar que lo que está sucediendo hoy es la etapa final de lo que
ocurrió entonces. Lo cual no quiere decir que eso pasara porque era el
''destino'' que así ocurriera, sino porque las elites que dirigían los rumbos
del islam en esa época cometieron un error básico que han cometido hoy sus
sucesores.
Cuando en el siglo
VIII la ola musulmana avanzaba invencible en Persia y Africa, cuando en España
se clavaba el victorioso ''Ojalá'' de los árabes, y el dominio del islam se
expandía en los Balcanes y en Grecia, la elite de mando de ese mundo consideraba
que su poderío militar era perfecto y que no había que reformarlo o mejorarlo.
Desdeñando a los infieles, los musulmanes no se preocuparon mucho de prestarles
atención a los avances técnicos que esos cristianos comenzaban a usar.
Otros factores
ayudaron a cambiar la circunstancia. El descubrimiento de América abrió un nuevo
horizonte para Europa y alentó a sus mercaderes a mejorar la capacidad y la
fuerza de sus navíos. A mediados del siglo XVI un alarmado visir musulmán
señalaba que los infieles estaban ganando casi todas las batallas navales. Dos
siglos más tarde, analistas islámicos se preguntaban por qué su cultura no podía
superar a las nuevas armas de los infieles. Significativamente, la inquietud no
los llevó a indagar dónde se podía aprender esa técnica de producir nuevos
instrumentos de guerra y de paz. La técnica, sin embargo, avanzaba en todas
direcciones. En el siglo XIX Francia e Inglaterra dominaban el norte de Africa y
avanzaban sobre el mundo. En 1921 Turquía había sido derrotada y el imperio
otomano desaparecía. El islam completo parecía desarticulado.
Es entonces que
surgen las primeras organizaciones musulmanas que luchan por reafirmar los
valores nacionales y religiosos de un islam fragmentado. La lealtad a tales
valores, de paso sea dicho, hizo que todas las ofensivas de propaganda o
ideología comunista fueran cerradamente rechazadas. Más tarde la crítica se
expandió hacia la creciente influencia de países capitalistas como Inglaterra y
los Estados Unidos. Pero aun en esos momentos, la estructura de poder islámico
seguía bien pasivamente inmutable.
Es entonces que,
en 1948, los israelíes logran su sueño de siglos y establecen un estado
independiente. Los musulmanes les declararon la guerra. Y es entonces que se
muestran las huellas del pasado. Los musulmanes tenían ejércitos y armas y eran
mucho más numerosos que los israelíes, pero, de acuerdo con analistas militares,
no se habían esforzado en obtener las mejores armas, y la mejor disciplina. Así
fue como en cada guerra Israel avanzaba y miles de musulmanes en Palestina o en
Siria se veían obligados a ceder terreno. Lo que había necesitado siglos para
ocurrir había sucedido en un puñado de años.
En términos
técnicos, la balanza sigue inclinada a favor de Israel, pero la victoria puede
caminar sobre el filo de una navaja. Radicales, humanistas, religiosos y
terroristas están mezclados en la arena de los gladiadores. Muchos de ellos
poseen armas de aniquilamiento. Pero las chispas del volcán israelí-palestino
siguen incendiando el horizonte. Ojalá que haya alguna manera de alcanzar
justicia sin caer en el apocalipsis. |