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Crujidos en la Isla del Silencio
Como una onda
de alegría y añoranza, la celebración del primer centenario de la república
cubana rodó sobre los exiliados cubanos derramando emociones y se deslizó
sigilosamente en Cuba, la isla del silencio, donde toda la historia ha sido
estrangulada para que sólo emita los sonidos autorizados por el dictador que la
rige desde hace cien años. A pesar de eso, la visita a Cuba de un ex-presidente
norteamericano, Jimmy Carter, famoso por su defensa de los derechos humanos y
por la suavidad de sus confrontaciones, levantó una inesperada atención al tocar
temas prohibidos.
Convencido de
que Carter iba solo a elogiar los “logros” de la revolución y reducir la
críticas sobre las violaciones de los derechos humanos, Castro invitó al
ex-presidente como quien invita a un reconocido admirador. Ocurrió, sin embargo,
que, el ex-presidente sí derramó algunos elogios sobre los “logros” de la
revolución, más cuando habló en español en la Universidad de la Habana, sus
frases trazaron el perfil de la dura realidad cubana. Carter llamó “dictadura” a
la dictadura, negó que el desastre económico del país se debiera a ningun
“bloqueo” o embargo americano sino a los anquilosados métodos socialistas que
Castro sigue imponiendo en Cuba. Por primera vez, en muchos años, los jóvenes
cubanos tuvieron un vislumbre de la tragedia que viven y de lo aislados que
estan en el mundo. Más de una vez Carter repitió cuales eran los pasos que había
que tomar para que la libertad y la democracia llegaran a Cuba. Y, todavía peor
para el régimen, mostró mucho interes en conocer algo que unos disidentes le
mostraron, el llamado “Proyecto Varela” que había recibido el respaldo de once
mil firmas cubanas, requisito legal de la constitución socialista, para que las
reformas necesarias tuvieran que ser discutidas publicamente.
Casi al mismo
tiempo, el presidente de los Estados Unidos, George W.Bush, viajó a Miami, se
reunió con miles de cubanos y planteo con términos firmes, los cambios críticos
que Cuba requiere, y que no le llegarán si el régimen no muestra su voluntad de
moverse hacia la democracia y la libertad. Las frases no traian muchos nuevos
mensajes, pero el tono y la clara definición de que Castro era un dictador de
puño duro al cual no se le harían concesiones si él nos no iniciaba aperturas
democráticas, fue una tónica de vigor entre los cubanos de allá y acá.
Como
consecuencia de ambas declaraciones, la situación de la isla registró algunos
estremecimientos. Se hizo público, pero no publicado, que en la isla del
silencio se había abierto una fisura; que cientos de cubanos, mucho de ellos
jóvenes, han pedido y siguen pidiendo, y consiguiendo, los textos de ambos
presidentes y el sentido del Proyecto Varela. Esa alentadora curiosidad
colectiva parece indicar que hay en el régimen una sensación de “bloqueo”, de
estar a la defensiva o en silencio. Condenado en Ginebra como violador de los
derechos humanos; ausente de la cumbre en España; con su prestigio continental
reducido por la chusmosa negatividad sus insultos a otros gobiernos; el régimen
de Castro ha quedado en un prolongado y a veces infantil silencio. Y digo
infantil por la ridiculez de Castro de recibir a Carter con una nítida y
amigable guayabera y despedirlo vestido con su oscuro y ceñudo uniforme militar,
como si estuviera bravo con él.
Algo parecido
ocurrió en Madrid, cuando la prensa, especialmente Juan Manuel Cao del Canal 51,
le preguntó repetidas veces a Felipe Perez Roque, Ministro de Relaciones
Exteriores de Cuba, que expresara su reacción ante la popularidad del proyecto
Varela. Su Excelencia, el Ministro, prefirió esconderse detras de una columna y
pedir que le preguntaran “mañana”, y antes de que llegara mañana se escapó sin
dar respuesta alguna. ¿Es posible que el Ministro de Relaciones Exteriores de
Cuba no tenga capacidad de inventar una frase sencilla como “daremos nuestra
opinión a su debido tiempo”, o tiene tanto miedo a opinar sin haber recibido
específicas instrucciones, que prefiere el silencio y el ridículo a dar una
respuesta.
Justo es
reconocer, sin embargo, que el silencio de Perez Roque es comprensible. Despues
dde la derrota en Ginebra, y con la prensa europea todavía mencionando el tema
del Proyecto Varela, el Ministro está haciendo equilibrios sobre el filo de la
misma navaja que cortó a su antecesor, a aquel brillante Robertico Robaina,
quien de pronto resbaló y pasó a ser de un aplaudido Ministro de Relaciones
Exteriores a un no ser, un nadie por quien nadie se atreve a preguntar. Y
creánme. Robertico parecía tener mucho mas talento. Nadie se olvida que una vez
convocó a cientos de jóvenes comunistas cubanos para que hicieran filas frente
al malecón y lanzaran piedras hacia el mar donde “se ocultaba el imperialismo”.
Poco tiempo despues Robertico desapareció. Hay un rumor de que está muy contento
fabricando zuelas de zapatos.
Pero el
proceso no ha terminado ¿Crearan estos discursos e iniciativas, comentadas por
la prensa europea, y discutidos en Cuba más presión sobre un régimen castrista
atribulado por desastres? ¿Que apoyo conseguirá el Proyecto Varela? ¿Como
podemos ayudar? ¿cual será la reacción de Castro?…Esos temas requieren pausadas
reflexiones.
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