DR. LUIS AGUILAR LEÓN

Crujidos en la Isla del Silencio

Como una onda de alegría y añoranza, la celebración del primer centenario de la república cubana rodó sobre los exiliados cubanos derramando emociones y se deslizó sigilosamente en Cuba, la isla del silencio, donde toda la historia ha sido estrangulada para que sólo emita los sonidos autorizados por el dictador que la rige desde hace cien años. A pesar de eso, la visita a Cuba de un ex-presidente norteamericano, Jimmy Carter, famoso por su defensa de los derechos humanos y por la suavidad de sus confrontaciones, levantó una inesperada atención al tocar temas prohibidos.

Convencido de que Carter iba solo a elogiar los “logros” de la revolución y reducir la críticas sobre las violaciones de los derechos humanos, Castro invitó al ex-presidente como quien invita a un reconocido admirador. Ocurrió, sin embargo, que, el ex-presidente sí derramó algunos elogios sobre los “logros” de la revolución, más cuando habló en español en la Universidad de la Habana, sus frases trazaron el perfil de la dura realidad cubana. Carter llamó “dictadura” a la dictadura, negó que el desastre económico del país se debiera a ningun “bloqueo” o embargo americano sino a los anquilosados métodos socialistas que Castro sigue imponiendo en Cuba. Por primera vez, en muchos años, los jóvenes cubanos tuvieron un vislumbre de la tragedia que viven y de lo aislados que estan en el mundo. Más de una vez Carter repitió cuales eran los pasos que había que tomar para que la libertad y la democracia llegaran a Cuba. Y, todavía peor para el régimen, mostró mucho interes en conocer algo que unos disidentes le mostraron, el llamado “Proyecto Varela” que había recibido el respaldo de once mil firmas cubanas, requisito legal de la constitución socialista, para que las reformas necesarias tuvieran que ser discutidas publicamente.

Casi al mismo tiempo, el presidente de los Estados Unidos, George W.Bush, viajó a Miami, se reunió con miles de cubanos y planteo con términos firmes, los cambios críticos que Cuba requiere, y que no le llegarán si el régimen no muestra su voluntad de moverse hacia la democracia y la libertad. Las frases no traian muchos nuevos mensajes, pero el tono y la clara definición de que Castro era un dictador de puño duro al cual no se le harían concesiones si él nos no iniciaba aperturas democráticas, fue una tónica de vigor entre los cubanos de allá y acá.

Como consecuencia de ambas declaraciones, la situación de la isla registró algunos estremecimientos. Se hizo público, pero no publicado, que en la isla del silencio se había abierto una fisura; que cientos de cubanos, mucho de ellos jóvenes, han pedido y siguen pidiendo, y consiguiendo, los textos de ambos presidentes y el sentido del Proyecto Varela. Esa alentadora curiosidad colectiva parece indicar que hay en el régimen una sensación de “bloqueo”, de estar a la defensiva o en silencio. Condenado en Ginebra como violador de los derechos humanos; ausente de la cumbre en España; con su prestigio continental reducido por la chusmosa negatividad sus insultos a otros gobiernos; el régimen de Castro ha quedado en un prolongado y a veces infantil silencio. Y digo infantil por la ridiculez de Castro de recibir a Carter con una nítida y amigable guayabera y despedirlo vestido con su oscuro y ceñudo uniforme militar, como si estuviera bravo con él.

Algo parecido ocurrió en Madrid, cuando la prensa, especialmente Juan Manuel Cao del Canal 51, le preguntó repetidas veces a Felipe Perez Roque, Ministro de Relaciones Exteriores de Cuba, que expresara su reacción ante la popularidad del proyecto Varela. Su Excelencia, el Ministro, prefirió esconderse detras de una columna y pedir que le preguntaran “mañana”, y antes de que llegara mañana se escapó sin dar respuesta alguna. ¿Es posible que el Ministro de Relaciones Exteriores de Cuba no tenga capacidad de inventar una frase sencilla como “daremos nuestra opinión a su debido tiempo”, o tiene tanto miedo a opinar sin haber recibido específicas instrucciones, que prefiere el silencio y el ridículo a dar una respuesta.

Justo es reconocer, sin embargo, que el silencio de Perez Roque es comprensible. Despues dde la derrota en Ginebra, y con la prensa europea todavía mencionando el tema del Proyecto Varela, el Ministro está haciendo equilibrios sobre el filo de la misma navaja que cortó a su antecesor, a aquel brillante Robertico Robaina, quien de pronto resbaló y pasó a ser de un aplaudido Ministro de Relaciones Exteriores a un no ser, un nadie por quien nadie se atreve a preguntar. Y creánme. Robertico parecía tener mucho mas talento. Nadie se olvida que una vez convocó a cientos de jóvenes comunistas cubanos para que hicieran filas frente al malecón y lanzaran piedras hacia el mar donde “se ocultaba el imperialismo”. Poco tiempo despues Robertico desapareció. Hay un rumor de que está muy contento fabricando zuelas de zapatos.

Pero el proceso no ha terminado ¿Crearan estos discursos e iniciativas, comentadas por la prensa europea, y discutidos en Cuba más presión sobre un régimen castrista atribulado por desastres? ¿Que apoyo conseguirá el Proyecto Varela? ¿Como podemos ayudar? ¿cual será la reacción de Castro?…Esos temas requieren pausadas reflexiones.

 

a