DR. LUIS AGUILAR LEÓN

Vivencia y añoranza de Cuba

Ese dúo de palabras señalan dos cauces de sentimientos que envuelven el recuerdo de algo que se ha quedado prendido en la memoria, esperando que alguna brisa, una sonrisa o una nota musical desplieguen su íntimo panorama de melancólicos paisajes.

Los portugueses, con esa su nostálgica capacidad de expresión, le llaman a ese sentimiento saudade. Saudade, como afirmaba el gran Eça de Queiroz, era un sentimiento que permitía disfrutar de la tristeza, es decir, de ``el placer de estar triste''.

La palabra ''vivencia'', sin embargo, tiene una filosófica dimensión de la que carecen añoranza o saudade. ¿Qué es una vivencia? Es el ir más allá de los límites del conocimiento y sentir el recuerdo de alguna persona o lugar cuya imagen, forjada por la realidad, llega a formar parte de la vida. Demos un ejemplo de esa ''realidad''. Una persona puede estudiar los mapas de París o de La Habana, ver las fotos de sus monumentos, identificar sus calles y aprender su historia desde César, en el caso francés, hasta la actual dictadura de Castro en el caso de La Habana.

Ahora bien, de acuerdo con algunos filósofos, a esas emociones les falta algo. Un rasgo vital que se suma a la imagen de la ciudad que llevan dentro en mapas y fotos, y es eso que llamamos la ''vivencia''. Es decir, para completar el cuadro se requiere haber tenido la breve o larga oportunidad de caminar por las calles de esas ciudades y recoger el aliento vital de sus habitantes. Ese es el conocimiento vivo de París o de La Habana, el haber enriquecido al alma con rasgos vitales que le toman el verdadero pulso a la ciudad, su música, al acento de su idioma. Así es como, aunque sea en unos pocos pasos, la ''vivencia'' les añade una dimensión inmortal a los recuerdos de ciudades o de personas que pasan a ser la memoria de los humanos que llenan la ciudad.

Nadie mejor que los exiliados para estar conscientes de esa onda de vida que influye sus vidas, de la típica riqueza de su vocabulario, o la música de su pueblo. Así suele ser grato y penoso el reproducir en su mente todas las variaciones de la patria amada. Ahí nacen frescos racimos de la propia tierra, cada uno con su propio semblante; la pintura de Cundo Bermúdez o de Servando Cabrera Moreno, la música de Lecuona, cuyo Siboney presintió temprano la ola de dolor que iba a invadir a Cuba; los, entre miles, versos de Emilio Ballagas, recogidos por Jorge Castellanos en su Invención poética de la nación cubana, cuando dice de Martí: ''Y con voz encendida y brava proclamó por varios modos: con todos y para todos; Cuba libre, nunca esclava''. Y ver colecciones de postales que tejen la historia de Cuba, publicadas hace poco por Eloy Cepero. Pinturas, fotos e instrumentos de percusión que hacen redoblar al Caribe; anuncios callejeros y conferencias de historia y de arte.

Esa añoranza de Cuba se torna punzante cuando sabemos que el régimen les ha robado a los campesinos hasta los paisajes que iluminaban nuestros campos y el ondular de nuestras olas de playa, reservadas ahora exclusivamente para los turistas extranjeros. Pero también ha superado el mundo académico. No se trata sólo de encontrar temas que reflejen lo que Cuba fue antes de que llegara el desastre; publicaciones, discusiones y, sobre todo, la ''vivencia'' que proporcionan todos los recursos de hoy. Tal ha sido el caso del Instituto de Estudios Cubanos y Cubano-Americanos de la Universidad de Miami.

Los objetivos del Instituto van desde preservar y enseñar la historia y la cultura de Cuba, y ofrecer estudios e información de la vida contemporánea y del pasado de la isla, hasta investigar los diferentes episodios que forman el tejido de la historia cubana. Las paredes de sus salones ofrecen pinturas y fotos de la evolución de Cuba. Y sus programas brindan cursos de economía, análisis y política. La alianza entre la Casa Bacardí y el Instituto permiten ofrecer todos los días, en salas especiales, películas y documentales referidos a Cuba. Este mes, la película que se exhibe tiene un alto sentido emocional: Forever Cuba. El Instituto ofrece cursos y conciertos y un abanico de temas.

El Proyecto actual, el estudio sobre la transición cubana, estudia datos y analiza síntomas que puedan ayudar a la transición política en Cuba una vez que Castro desaparezca. Sabiamente, la transición a la democracia de los países el Este y el caso de Nicaragua en Centroamérica, están siendo estudiados para ofrecer una comparación con lo que puede estar ocurriendo ya en Cuba.

Tras una jornada en el Instituto se siente la perpetua añoranza que disfrutan y sufren casi todos los cubanos que viven en el exilio. Que conocen la música moderna, pero tienen también el deseo de girar hacia el pasado para escuchar la música de Cuba, la que es ''amor forever'', desde Celia Cruz hasta Mara y Orlando, desde Rene Touzet a Enrique Chía, de ''La Habana Vieja'' a ``Nostalgia''.

La lista es larga, la forman todos los que conocen ``el placer de estar triste''.

 

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