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Los
españoles descienden de los cubanos
Esa frase tiene un
sentido humorístico, aunque muchos cubanos se lo creen, pero la frase opuesta
también. Sólo una parte de la población cubana desciende de los españoles. Y ese
vínculo no siempre ha sido vínculo amable. ¿No es más fácil hoy encontrar a
españoles contra los yanquis que al lado de Cuba? ¿Y no es ese argumento el que
moviliza a millones de latinoamericanos que culpan al ''imperialismo'' por todos
sus males? A pesar de cuán visible y cierta es la tesis opuesta, recientemente
defendida por Oscar Peña, de que los latinoamericanos están obligados a
responsabilizarse directa y plenamente de sus propias faltas.
Por eso mi
subtesis sobre el proceso cubano me lleva a buscar los datos que me conduzcan a
conclusiones reales. Mi tesis es que Cuba estaba gestando su nacionalidad bien
temprano y que, de haber aceptado tal tendencia, España se hubiera vuelto guía y
no enemiga. Si tengo que imaginar datos o eventos lo hago. Lo que me importa es
la conclusión, no la ruta.
La curiosidad
inicial brotó de un programa de televisión El Clon, donde las mujeres marroquíes
se cubren pudorosamente los rostros, hasta que de pronto se despojan de algunas
ropas y danzan provocativamente tras transparentes velos. Esa misteriosa
contradicción me llevó a irme mentalmente a Alaska donde, por dos días, con un
frío congelante, examiné las escasas muestras del pasado social de los
esquimales y su mezcla racial con los vikingos que llegaron a Norteamérica. Allá
por el siglo XIII, me contaron algunos viejos guerreros, esa mezclada población
inicial, adoptó el nombre de vikes, ''vikingos y esquimales'', se movió hacia el
sur buscando calor y añadiendo tribus.
Cuando la ola
nomádica llegó a la actual Florida, una parte de los vikes se asentó allí y otra
navegó rumbo a la isla cercana que los indios locales llamaban Cuba. Allí los
vikes aprendieron a echar humo por la nariz, dormir en hamacas y llamar a los
habitantes cubikes, que muchos interpretaron como cubiches. El afán explorador
de los vikes los impulsó a continuar hacia el sur y arribar a lo que luego sería
Brasil. Desde allí, empleando las nociones navales de los vikes, fabricaron
canoas y lograron cruzar el Atlántico y llegar al norte de Africa.
Una vez más, los
cubiches se relacionaron bien con quienes los rodeaban: tribus africanas, danzas
e historias. Aprendiendo que los musulmanes dominaban a España, cruzaron el
estrecho de Gibraltar y entraron en pequeños grupos que no lucían amenazadores.
Los cubiches, además, respetaban a los dioses Cristo, Alá, Changó y Yemayá. En
aquella época casi toda la región española ocupada por los musulmanes era
llamada Bilad alAndalus ''País de al-Andalus'' o ''Andalucía'', la cual iba
perdiendo terreno ante los ataques de los guerreros cristianos. Los cubiches se
unieron a ellos, aprendieron a hablar castellano con un peculiar acento andaluz
y continuaron la lucha, llamada más tarde ''la gloriosa reconquista''. Aunque,
como señaló Ortega y Gasset, ninguna campaña que dure diez siglos merece ser
llamada ``gloriosa''.
Una centuria más
tarde dos eventos sacudieron a España y al mundo: el descubrimiento de América y
la caída de Granada en manos cristianas. Así fue como, súbitamente, los jóvenes
cubiches oyeron hablar de una bella isla llamada Cuba, donde muchos de sus
antepasados se habían quedado a vivir. Cientos de cubiches, ahora llamándose
''cubanos'', se inscribieron en expediciones hacia ''su'' Cuba. Temprano se
mostró su influencia. Cuando Colón quiso cambiar el nombre de Cuba por
''Juana'', en honor de la hija de los Reyes Católicos, y diseñar mapas que
demostraran que Cuba no era isla, sino península vinculada al continente
asiático, el gran marino Juan de la Cosa fue obligado a jurar, pero la presión
de los grupos cubanos hizo que el mapa de De la Cosa mostrara la insularidad de
Cuba y la realidad de su nombre.
Mientras la
mayoría de los exploradores españoles se lanzaban a conquistar ''doradas''
regiones, la minoría cubana se concentró en la isla. Cuando se inició el tráfico
de esclavos los cubanos, cuyos recuerdos africanos perduraban, trataron de
suavizar la vida de los negros, cuya música y amistad iban a ser parte integral
de la sociedad cubana. En Cuba, en 1608, en un mundo aparentemente primitivo, se
publicó el primer y enigmático poema cubano, el Espejo de paciencia, que
describe un combate con un pirata francés, y alza un elogio, ¡en 1608!, al héroe
negro Salomón, ``hijo de Golomón negro prudente''.
El crecimiento de
la población fue despacioso, pero, por diversas razones, raciales o religiosas,
el núcleo nacional cubano se estaba ya formando. Dos años después de que se
publicara el Espejo de paciencia, el gobernador de la isla, don Pedro Valdés,
llamaba a los habitantes de la isla ''gente de la tierra''. Creía el gobernador
que tal frase era un insulto. En realidad era un elogio. La gente de la tierra
cubana, blancos, negros y chinos, dejaban detrás a la burocracia española. De
haberse mantenido así la situación hubiéramos mantenido juntos el paso
histórico. Y tal vez no hubiera habido necesidad de guerrear duramente por
España o por Cuba; ni alzar fricciones hoy sobre la ascendencia o descendencia
de nadie. Abrir nuevas heridas es olvidar el precio que estamos pagando por las
viejas. |