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La fragmentación de la izquierda
Uno puede aprender
lecciones aun del adversario.
Pienso que la fragmentación
de la llamada ''izquierda'' latinoamericana sirve para entender mejor a la
izquierda y a la América Latina.
Comencemos por
decir que desde hace ya largo tiempo la palabra ''izquierda'' perdió la básica
orientación que debe cargar todo vocablo. Antes de examinar el proceso que tornó
difuso el término ''izquierdista'', es justo señalar que con el transcurso del
tiempo, y con el abuso y falsedad con que se emplean ciertos nombres, casi todo
juicio político pierde un tanto de su significado. Los gobiernos comunistas
siempre insertaban ''democracia'' o ''popular'' en los nombres sus gobiernos
para cubrir la dictadura que imponían. La farsa continúa. Existe hoy la
''República Democrática del Congo'', nombre de un país que ni es república ni es
democracia, ni creo que sea Congo. Lo cual rebaja y torna ridículas esas
clásicas palabras.
En el siglo XX se
aceleró la superficialidad que adquirieron muchos términos políticos. George
Orwell afirmaba que, después de su derrota los términos ''facista'' o ''nazi''
sólo servían para acusar a alguien de ser desagradable. Tras el colapso de la
Unión Soviética, el vocablo ''comunista'' perdió su prestigio. Recordemos que la
palabra ''izquierda'', y el concepto de ''radicalismo'' que adquirió, nació
durante la revolución francesa cuando, por puro accidente, los delegados más
gritones y extremistas de la Asamblea Nacional se fueron agrupando en los
asientos situados a la izquierda de la presidencia.
De ahí que sería
útil que en cada reunión política se debería ubicar a la ''derecha'' y al
''centro'' para tener una visión más clara de dónde o quiénes están situados a
la ''izquierda''. Por lo pronto se volvió aceptable un vago perfil definitorio:
la izquierda significa movimimiento; la derecha, inmovilidad. Ocurre, sin
embargo, que en la América Latina casi todo el mundo acepta que lo llamen
izquierdista y casi nadie acepta que lo llamen ''derechista'' o conservador.
Las vaguedades de
la terminología facilitaron la fragmentación de la izquierda. Los anarquistas
desplegaron sus críticas al comunismo, muchos socialistas rechazaron a ambos, y
chinos y rusos entraron en disputa. En 1968, la juventud francesa se lanzó a las
calles de París proclamando, que ''lo único prohibido es prohibir'' y que iban a
quemar la Biblia y a Marx. En los años 70, en Uruguay, los tupamaros se
proclamaron como la auténtica izquierda revolucionaria, mientras los voceros
maoístas los condenaban como pequeños burgueses que preferían poner bombas, pero
no unirse a las acciones del proletariado, al que despreciaban.
Pocos años despues, ambos
grupos habían desaparecido
del
Uruguay.
Esa
fragmentación perenne de la izquierda lleva a dudar el que se diga que algunos
recientes eventos ocurridos en Venezuela, Ecuador y Brasil demuestran que en la
América Latina la izquierda está ganando peligroso poder en la política. Tal vez.
Pero ¿quiénes integran o representan a esa vanguardia izquierdista, Chávez en
Venezuela?
Un hombre
sin ideología ni programa, capaz de elegir como modelo a un dictador que hundió
a Cuba y al comunismo isleño; un líder que de Bolívar sólo conoce la espada con
la que juguetea en sus desfiles y quien, siguiendo a su maestro, ha puesto a su
patria al borde del abismo. Si Chávez representa a la izquierda latina, ''las
vértebras enormes de los Andes'' deben de estar a punto de exiliarse.
Sobre el Ecuador
es dificil pasar juicio. El nuevo presidente elegido, Lucio Gutiérrez, ex
coronel del ejército, no tomará posesión hasta el 15 de enero y sólo sabemos,
que simpatiza con Castro y Chávez y que está preparándose para gobernar con un
Congreso que no controla. El nuevo presidente contará sólo con 13 asientos en un
Congreso de 100. No parece que el ex coronel se esté inclinando hacia la
izquierda.
Brasil es
diferente. Como gustan decir ellos, Brasil no es un país, ni un continente, es
un ''universo''. El presidente recién elegido, Luiz Inácio Lula da Silva tiene
un firme pasado socialista y de izquierda (que no siempre coinciden) y su
Partido de Trabajadores lleva años en la lucha. Lula ha presentado su plan
económico, ha mantenido sus contactos políticos y ha repetido que ''ahora hay
que cumplir las promesas''. Ello no quiere decir mucho, pero sitúa a Lula en una
aplaudible posición cautelosa y moderada.
Es necesario
subrayar que mientras la izquierda se fragmenta y no tiene punto fijo, toda la
América Latina, con la excepción de Chile y Costa Rica, parece moverse hacia
graves explosiones de violencia. La izquierda, el centro y la derecha tienen que
comprender la hondura del riesgo. Frente a ese peligro lo que menos necesitamos
son políticas económicas basadas no en serios y realistas estudios, sino en
promesas sobre los ''derechos'' del pueblo y de cómo se va a eliminar la
corrupción colectiva que reina en la derecha y en la izquierda, o como se puede
vencer a guerrillas implacables y poderosas porque tienen el respaldo de las
drogas. Y cómo es preciso coordinar todos los esfuerzos para, sin milagros,
comenzar a reducir el terrible crimen del hambre y la pobreza.
En estos días, los
chilenos se han supe- rado. Divididos políticamente, declarando huelgas y
debatiendo ideas, los chilenos superaron en estos días sus divisiones para
celebrar una festividad que permite divertirse, recoger fondos y ayudar a
programas de beneficiencia. Es una festividad nacional. Y no es un sueño, sino
es un ejemplo.
Diciembre 1, 2002 |