DR. LUIS AGUILAR LEÓN

La fragmentación de la izquierda

Uno puede aprender lecciones aun del adversario. Pienso que la fragmentación de la llamada ''izquierda'' latinoamericana sirve para entender mejor a la izquierda y a la América Latina.

Comencemos por decir que desde hace ya largo tiempo la palabra ''izquierda'' perdió la básica orientación que debe cargar todo vocablo. Antes de examinar el proceso que tornó difuso el término ''izquierdista'', es justo señalar que con el transcurso del tiempo, y con el abuso y falsedad con que se emplean ciertos nombres, casi todo juicio político pierde un tanto de su significado. Los gobiernos comunistas siempre insertaban ''democracia'' o ''popular'' en los nombres sus gobiernos para cubrir la dictadura que imponían. La farsa continúa. Existe hoy la ''República Democrática del Congo'', nombre de un país que ni es república ni es democracia, ni creo que sea Congo. Lo cual rebaja y torna ridículas esas clásicas palabras.

En el siglo XX se aceleró la superficialidad que adquirieron muchos términos políticos. George Orwell afirmaba que, después de su derrota los términos ''facista'' o ''nazi'' sólo servían para acusar a alguien de ser desagradable. Tras el colapso de la Unión Soviética, el vocablo ''comunista'' perdió su prestigio. Recordemos que la palabra ''izquierda'', y el concepto de ''radicalismo'' que adquirió, nació durante la revolución francesa cuando, por puro accidente, los delegados más gritones y extremistas de la Asamblea Nacional se fueron agrupando en los asientos situados a la izquierda de la presidencia.

De ahí que sería útil que en cada reunión política se debería ubicar a la ''derecha'' y al ''centro'' para tener una visión más clara de dónde o quiénes están situados a la ''izquierda''. Por lo pronto se volvió aceptable un vago perfil definitorio: la izquierda significa movimimiento; la derecha, inmovilidad. Ocurre, sin embargo, que en la América Latina casi todo el mundo acepta que lo llamen izquierdista y casi nadie acepta que lo llamen ''derechista'' o conservador.

Las vaguedades de la terminología facilitaron la fragmentación de la izquierda. Los anarquistas desplegaron sus críticas al comunismo, muchos socialistas rechazaron a ambos, y chinos y rusos entraron en disputa. En 1968, la juventud francesa se lanzó a las calles de París proclamando, que ''lo único prohibido es prohibir'' y que iban a quemar la Biblia y a Marx. En los años 70, en Uruguay, los tupamaros se proclamaron como la auténtica izquierda revolucionaria, mientras los voceros maoístas los condenaban como pequeños burgueses que preferían poner bombas, pero no unirse a las acciones del proletariado, al que despreciaban. Pocos años despues, ambos grupos habían desaparecido del Uruguay.

Esa fragmentación perenne de la izquierda lleva a dudar el que se diga que algunos recientes eventos ocurridos en Venezuela, Ecuador y Brasil demuestran que en la América Latina la izquierda está ganando peligroso poder en la política. Tal vez. Pero ¿quiénes integran o representan a esa vanguardia izquierdista, Chávez en Venezuela? Un hombre sin ideología ni programa, capaz de elegir como modelo a un dictador que hundió a Cuba y al comunismo isleño; un líder que de Bolívar sólo conoce la espada con la que juguetea en sus desfiles y quien, siguiendo a su maestro, ha puesto a su patria al borde del abismo. Si Chávez representa a la izquierda latina, ''las vértebras enormes de los Andes'' deben de estar a punto de exiliarse.

Sobre el Ecuador es dificil pasar juicio. El nuevo presidente elegido, Lucio Gutiérrez, ex coronel del ejército, no tomará posesión hasta el 15 de enero y sólo sabemos, que simpatiza con Castro y Chávez y que está preparándose para gobernar con un Congreso que no controla. El nuevo presidente contará sólo con 13 asientos en un Congreso de 100. No parece que el ex coronel se esté inclinando hacia la izquierda.

Brasil es diferente. Como gustan decir ellos, Brasil no es un país, ni un continente, es un ''universo''. El presidente recién elegido, Luiz Inácio Lula da Silva tiene un firme pasado socialista y de izquierda (que no siempre coinciden) y su Partido de Trabajadores lleva años en la lucha. Lula ha presentado su plan económico, ha mantenido sus contactos políticos y ha repetido que ''ahora hay que cumplir las promesas''. Ello no quiere decir mucho, pero sitúa a Lula en una aplaudible posición cautelosa y moderada.

Es necesario subrayar que mientras la izquierda se fragmenta y no tiene punto fijo, toda la América Latina, con la excepción de Chile y Costa Rica, parece moverse hacia graves explosiones de violencia. La izquierda, el centro y la derecha tienen que comprender la hondura del riesgo. Frente a ese peligro lo que menos necesitamos son políticas económicas basadas no en serios y realistas estudios, sino en promesas sobre los ''derechos'' del pueblo y de cómo se va a eliminar la corrupción colectiva que reina en la derecha y en la izquierda, o como se puede vencer a guerrillas implacables y poderosas porque tienen el respaldo de las drogas. Y cómo es preciso coordinar todos los esfuerzos para, sin milagros, comenzar a reducir el terrible crimen del hambre y la pobreza.

En estos días, los chilenos se han supe- rado. Divididos políticamente, declarando huelgas y debatiendo ideas, los chilenos superaron en estos días sus divisiones para celebrar una festividad que permite divertirse, recoger fondos y ayudar a programas de beneficiencia. Es una festividad nacional. Y no es un sueño, sino es un ejemplo.

Diciembre 1, 2002

 

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