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La 'deprimencia'
y la esperanza
Ah! Qué
fácil es decir que la indignación es mala y que la ira es una fuerza negativa
que barre con la justicia y tiene que ser controlada. Eso es parcialmente cierto,
pero frente a la injusticia, y mucho más ante la injusticia del poder, es
difícil no sumarse a la indignación que provoca el criminal abuso. Digamos de
paso que hay dos tipos de criminalidad, la activa y la pasiva. El criminal que
mata es activo; el juez que lo absuelve es pasivo. Hace miles de años, el propio
Platón señalaba que una injusticia social mantenida por el poder termina por
provocar la violencia y la quiebra de una sociedad. De ahí que sea posible
afirmar que hay cuotas de ira que sirven para balancear o frenar los abusos.
En
estos momentos, por ejemplo, en la América Latina, la brutal injusticia que el
gobierno ''socialista'' de Fidel Castro les ha impuesto a los ciudadanos cubanos,
más la amplia reacción en la isla y en el continente, parecen haber
desenmascarado para siempre al tirano. Pero eso es una visión optimista. Más
allá de esos abusos se expande en todas partes una tela de araña de corrupciones
y malentendidos que perpetúan asombrosas corrupciones. Recordemos que hace unos
días, en Ginebra, entre gritos de apoyo se condenó a Fidel Castro con un suave
regaño. Tal conducta produce una reacción mental nueva que yo he llamado ''deprimencia''
y que es una mezcla de depresión y demencia. En este caso, por ejemplo, la
depresión llega cuando nos enteramos de que Fidel es un criminal a quien no se
le condena; y la demencia cuando nos enteramos de que el país juzgador de las
violaciones es nada menos que Libia, donde los derechos humanos yacen en las
arenas del desierto.
En una
palabra, vivimos en una era de contradicciones mentales que han borrado a Freud
y abierto nuevas interpretaciones tan hondas que conducen a la deprimencia.
Sin
embargo, la circunstancia cubana cubre una multiplicidad de sombras. Castro
desafió al mundo y nada pasó. Pero detrás de esa casi victoria, queda el
despliegue pacifista de los grupos que durante la guerra de Irak criticaban al
presidente Bush y no mostraban ni un aspecto negativo del ''magnífico'' Saddam
Hussein. La inclinación a torcer frases de una gran parte de la prensa
norteamericana para sembrar dudas sobre las victorias de las fuerzas americanas.
Las frases de elogios lacayunos a Castro que derraman los actores y actrices de
Hollywood. Y la turbia política francesa montada en un desprecio por el país que
los ha salvado dos veces. Tal es una leve visión aperitivo de las inmoralidades
y falta de principios que socavan a las sociedades contemporáneas. Hoy en día
las Naciones Unidas, como desde hace años la Organización de los Estados
Americanos, están dando señales de un agónico vacío.
Tales
historias, y claro, las deprimencias, no se agotan.
Quien
ama a los países de ''nuestra América'' sabe el dolor que provoca ver cómo
Uruguay, cuyo eco democrático aún resuena, se negó a apoyar una más justa
censura a Fidel Castro. Argentina se escurrió por peor sendero. Comenzando por
la barbaridad de que su presidente defina a Cuba ''como una pequeña isla
bloqueada'' a la cual no se le debe castigar. Se trata de una pequeña isla que
entrena guerrilleros y ayudó a los Montoneros cuando la Argentina apenas si
podía luchar contra ellos. Y luego está otro doloroso ejemplo de un presidente
democrático, que rigió a un país democrático, lacerado por una sangrienta guerra
civil, quien hizo concesiones a las guerrillas terroristas, y quien hace muy
poco tiempo se retiró y anunció que iba a Cuba a escribir sus memorias. Dice la
prensa que el gobierno cubano le consiguió residencia y Fidel Castro anunció que
iba a escribir el prólogo del libro...
Lo cual
sólo mueve a formular unas preguntas. ¿Por qué, señor Presidente? ¿Por qué
insultar a sus compatriotas y a los cubanos que han sufrido un horror por las
órdenes del señor Castro? ¡Qué deprimencia!
En un
ambiente oscuro, la caja de Pandora libera al final la luz de la esperanza. La
aparición de ideas e individuos que reivindican la ética es capaz de cambiar el
rumbo de la historia y alentar de nuevo a la esperanza. En el caso cubano les
ruego a todos los compatriotas que lean y repartan el documento, la homilía, que
ha publicado el padre José Conrado. Se trata de un documento que llega de las
filas cristianas y plantea la ética verdadera, la que debería siempre ser la
columna vertebral de toda agrupación humana. Aun los no cristianos sentirán el
empuje de esas palabras.
El
autor no pertenece a la alta jerarquía de la Iglesia Católica, siempre inclinada
al silencio, pero vive en la parroquia de Santa Teresita, de Santiago de Cuba, y
ha purificado sus sentimientos y su vocación. Basta leer parte de su análisis:
``Todo hombre tiene derecho a esa vida. Derecho a la libertad y seguridad de su
persona. Derecho a la libertad de pensamiento, conciencia y religión... No
podemos permanecer indiferentes ante esta nueva Pasión del Señor. Cada cual
ocupe su puesto. Al lado de Cristo, ayudándolo a cargar la cruz, o uniéndose al
bando de los vociferantes y acusadores siempre dispuestos a emplear sus
violentas espadas. No hay opción. No nos han dejado opción. O con Cristo o
contra El''.
Así
sea. |