DR. LUIS AGUILAR LEÓN

La 'deprimencia' y la esperanza

Ah! Qué fácil es decir que la indignación es mala y que la ira es una fuerza negativa que barre con la justicia y tiene que ser controlada. Eso es parcialmente cierto, pero frente a la injusticia, y mucho más ante la injusticia del poder, es difícil no sumarse a la indignación que provoca el criminal abuso. Digamos de paso que hay dos tipos de criminalidad, la activa y la pasiva. El criminal que mata es activo; el juez que lo absuelve es pasivo. Hace miles de años, el propio Platón señalaba que una injusticia social mantenida por el poder termina por provocar la violencia y la quiebra de una sociedad. De ahí que sea posible afirmar que hay cuotas de ira que sirven para balancear o frenar los abusos.

En estos momentos, por ejemplo, en la América Latina, la brutal injusticia que el gobierno ''socialista'' de Fidel Castro les ha impuesto a los ciudadanos cubanos, más la amplia reacción en la isla y en el continente, parecen haber desenmascarado para siempre al tirano. Pero eso es una visión optimista. Más allá de esos abusos se expande en todas partes una tela de araña de corrupciones y malentendidos que perpetúan asombrosas corrupciones. Recordemos que hace unos días, en Ginebra, entre gritos de apoyo se condenó a Fidel Castro con un suave regaño. Tal conducta produce una reacción mental nueva que yo he llamado ''deprimencia'' y que es una mezcla de depresión y demencia. En este caso, por ejemplo, la depresión llega cuando nos enteramos de que Fidel es un criminal a quien no se le condena; y la demencia cuando nos enteramos de que el país juzgador de las violaciones es nada menos que Libia, donde los derechos humanos yacen en las arenas del desierto.

En una palabra, vivimos en una era de contradicciones mentales que han borrado a Freud y abierto nuevas interpretaciones tan hondas que conducen a la deprimencia.

Sin embargo, la circunstancia cubana cubre una multiplicidad de sombras. Castro desafió al mundo y nada pasó. Pero detrás de esa casi victoria, queda el despliegue pacifista de los grupos que durante la guerra de Irak criticaban al presidente Bush y no mostraban ni un aspecto negativo del ''magnífico'' Saddam Hussein. La inclinación a torcer frases de una gran parte de la prensa norteamericana para sembrar dudas sobre las victorias de las fuerzas americanas. Las frases de elogios lacayunos a Castro que derraman los actores y actrices de Hollywood. Y la turbia política francesa montada en un desprecio por el país que los ha salvado dos veces. Tal es una leve visión aperitivo de las inmoralidades y falta de principios que socavan a las sociedades contemporáneas. Hoy en día las Naciones Unidas, como desde hace años la Organización de los Estados Americanos, están dando señales de un agónico vacío.

Tales historias, y claro, las deprimencias, no se agotan.

Quien ama a los países de ''nuestra América'' sabe el dolor que provoca ver cómo Uruguay, cuyo eco democrático aún resuena, se negó a apoyar una más justa censura a Fidel Castro. Argentina se escurrió por peor sendero. Comenzando por la barbaridad de que su presidente defina a Cuba ''como una pequeña isla bloqueada'' a la cual no se le debe castigar. Se trata de una pequeña isla que entrena guerrilleros y ayudó a los Montoneros cuando la Argentina apenas si podía luchar contra ellos. Y luego está otro doloroso ejemplo de un presidente democrático, que rigió a un país democrático, lacerado por una sangrienta guerra civil, quien hizo concesiones a las guerrillas terroristas, y quien hace muy poco tiempo se retiró y anunció que iba a Cuba a escribir sus memorias. Dice la prensa que el gobierno cubano le consiguió residencia y Fidel Castro anunció que iba a escribir el prólogo del libro...

Lo cual sólo mueve a formular unas preguntas. ¿Por qué, señor Presidente? ¿Por qué insultar a sus compatriotas y a los cubanos que han sufrido un horror por las órdenes del señor Castro? ¡Qué deprimencia!

En un ambiente oscuro, la caja de Pandora libera al final la luz de la esperanza. La aparición de ideas e individuos que reivindican la ética es capaz de cambiar el rumbo de la historia y alentar de nuevo a la esperanza. En el caso cubano les ruego a todos los compatriotas que lean y repartan el documento, la homilía, que ha publicado el padre José Conrado. Se trata de un documento que llega de las filas cristianas y plantea la ética verdadera, la que debería siempre ser la columna vertebral de toda agrupación humana. Aun los no cristianos sentirán el empuje de esas palabras.

El autor no pertenece a la alta jerarquía de la Iglesia Católica, siempre inclinada al silencio, pero vive en la parroquia de Santa Teresita, de Santiago de Cuba, y ha purificado sus sentimientos y su vocación. Basta leer parte de su análisis: ``Todo hombre tiene derecho a esa vida. Derecho a la libertad y seguridad de su persona. Derecho a la libertad de pensamiento, conciencia y religión... No podemos permanecer indiferentes ante esta nueva Pasión del Señor. Cada cual ocupe su puesto. Al lado de Cristo, ayudándolo a cargar la cruz, o uniéndose al bando de los vociferantes y acusadores siempre dispuestos a emplear sus violentas espadas. No hay opción. No nos han dejado opción. O con Cristo o contra El''.

Así sea.

 

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