DR. LUIS AGUILAR LEÓN

Los musulmanes y la democracia

Después de las impresionantes escenas de una ''guerra relámpago'' que atravesaba las pantallas y hacía resonar las explosiones de aviones invisibles que estremecían las sombras que cruzaban como sombras, y de esos tanques que cuando abrían fuego parecía que iban a iluminar al oscuro horizonte, comprendimos cómo había sido posible invadir Irak y derrotar a los ejércitos de Saddam Hussein en menos de tres semanas. Todavía más. Las directas imágenes de la televisión nos permitieron imaginar las escenas de situaciones parecidas que, con armas diferentes, pero con iguales objetivos, comenzaron a transformar a Europa después del siglo XVII.

Hasta esa centuria, el poderío islámico había casi controlado al Mediterráneo y actuaba con una convicción de invencibilidad. Sin embargo, igual que ahora, en aquellos años el islam no había sabido prestar debida atención a los avances técnicos de los pueblos occidentales. Así fue como, por ejemplo, en 1827, en la bahía de Navarino, en el Peloponeso, sucedió algo muy parecido a lo que sucedió ahora en Irak. En esa fecha, una flota turcoegipcia se había movilizado contra una flota ruso-británico-francesa desplegada para proteger la causa de la libertad de Grecia. El resultado de tal batalla sacudió el islam. La superioridad técnica occidental logró que mientras ni un navío de la flota ruso-británico-francesa fue hundido, la armada turcoegipcia había sido reducida a fragmentos de madera dispersados sobre las olas del Mediterráneo. Más tarde, Grecia proclamó su indepedencia.

Que Grecia logró en aquel momento la libertad no es discutible; si logró la democracia es, o fue por largos años, muy discutible. Pues bien, en el momento actual, cuando, después de quebrantar a los talibanes en Afganistán, el impresionante aparato militar americano acaba de barrer a la horrible dictadura de Saddam Hussein, las calles de Bagdad, y de otras ciudades, aparecen llenas de ciudadanos alegres que celebran la libertad mientras, al mismo tiempo, despliegan letreros que piden a los americanos que se vayan de Irak.

Frente a tales declaraciones, la primera reacción de muchos americanos, ha sido: ``De modo que cuando acabamos de sacrificar a cientos de nuestros soldados para liberarlos a ustedes, ¿la primera petición de ustedes es que nos vayamos? You are a bunch of ingrate!''

Pero tales posturas contradictorias son bastantes naturales. Muchísimos iraquíes admiran a los americanos, pero la libertad les llega apoyada por tanques extranjeros y el primer disfrute de su nuevo derecho es expresar temor al pasado despótico y la voluntad de crear una sociedad de ellos, si es posible islámica.

Claro que la respuesta de los americanos es que su deber básico es impedir que tradicionales violencias y divisiones dentro de la nueva sociedad permitan la emergencia de otro Saddam Hussein. Los americanos han prometido irse una vez que los grupos políticos iraquíes muestren capacidad de organización, respeto a los adversarios y madurez en los programas económicos. Pero no bajo la influencia de grupos proamericanos o proirán, sino grupos cuyas raíces estén en Irak y anhelen mejorar el país y a su pueblo.

Claro que en un caso como el de Irak hay siempre una multiplicidad de temas decisivos que merecen seria atención. El petróleo, por ejemplo. En casi todas partes, el petróleo lleva un cuño de corrupción. En Irak, Francia, Rusia y hasta cierto punto Alemania, casi la misma trilogía que en 1827, integraron poderosas unidades donde el dinero corría a millones. De ahí las razones por las que esos países querían evitar que los caudales de petróleo con los cuales se alimentaba o debía alimentarse al pueblo iraquí fueran examinados por los investigadores americanos. Como dijo uno de ellos, aquí el petróleo no huele muy bien. De ahí que sea esencial que el gobierno americano restablezca claramente las vías y las distribuciones del nuevo sistema.

En cuanto a problemas internos, para muchos analistas el peor problema, o quizás mejor, la más complicada problemática de Irak en relación con la democracia son los grupos étnicos y religiosos que, como los kurdos, o los chiítas (que representan el 65 por ciento de la población) empiezan por mover sus grupos hacia el poder. ''El pueblo ama el islam'', dicen los chiítas. Pero el gobierno americano ha dejado saber que un partido que siga el modelo de Irán, donde las elecciones son limitadas y sólo un puñado de líderes controlen los resortes del poder, no sería bienvenido en Irak.

Hay un tema que a mí siempre me ha llamado la atención, precisamente porque muy pocas veces llama la atención del mundo. Y es el permanente abuso que sufren las mujeres en la órbita islámica. Porque todos sabemos que en realidad la libertad, y más aún la democracia, se basan en la igualdad de derechos de todos los ciudadanos. Y también sabemos que en vastas zonas del mundo islámico las mujeres no pueden estudiar nada, no tienen derecho alguno y pueden ser castigadas o asesinadas a pedradas por oficiales del gobierno. Hace unos meses publiqué un artículo denunciando un caso que ocurría en Nigeria, donde una mujer, Amina Lawal Kuvami, iba a ser muerta a pedradas porque iba a tener una hija de un hombre soltero. Al hombre no se le acusaba de nada, la mujer iba a morir a pedradas. Esa es la ley. No sé cuál es la situación en Irak, ni cómo influenciar una más justa legislación hacia las mujeres, pero pienso que hay que aprovechar toda ocasión para denunciar la perenne injusticia que doblega a la mitad de la población musulmana.

Abril 27, 2003

 

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