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Los musulmanes y la democracia
Después de las
impresionantes escenas de una ''guerra relámpago'' que atravesaba las pantallas
y hacía resonar las explosiones de aviones invisibles que estremecían las
sombras que cruzaban como sombras, y de esos tanques que cuando abrían fuego
parecía que iban a iluminar al oscuro horizonte, comprendimos cómo había sido
posible invadir Irak y derrotar a los ejércitos de Saddam Hussein en menos de
tres semanas. Todavía
más. Las directas imágenes de la televisión nos permitieron imaginar las escenas
de situaciones parecidas que, con armas diferentes, pero con iguales objetivos,
comenzaron a transformar a Europa después
del
siglo XVII.
Hasta
esa centuria, el poderío islámico había casi controlado al Mediterráneo y
actuaba con una convicción de invencibilidad. Sin embargo, igual que ahora, en
aquellos años el islam no había sabido prestar debida atención a los avances
técnicos de los pueblos occidentales. Así fue como, por ejemplo, en 1827, en la
bahía de Navarino, en el Peloponeso, sucedió algo muy parecido a lo que sucedió
ahora en Irak. En esa fecha, una flota turcoegipcia se había movilizado contra
una flota ruso-británico-francesa desplegada para proteger la causa de la
libertad de Grecia. El resultado de tal batalla sacudió el islam. La
superioridad técnica occidental logró que mientras ni un navío de la flota
ruso-británico-francesa fue hundido, la armada turcoegipcia había sido reducida
a fragmentos de
madera dispersados
sobre las olas del Mediterráneo. Más tarde, Grecia proclamó su indepedencia.
Que
Grecia logró en aquel momento la libertad no es discutible; si logró la
democracia es, o fue por largos años, muy discutible. Pues bien, en el momento
actual, cuando, después de quebrantar a los talibanes en Afganistán, el
impresionante aparato militar americano acaba de barrer a la horrible dictadura
de Saddam Hussein, las calles de Bagdad, y de otras ciudades, aparecen llenas de
ciudadanos alegres que celebran la libertad mientras, al mismo tiempo,
despliegan letreros que piden a los americanos que se vayan de Irak.
Frente
a tales declaraciones, la primera reacción de muchos americanos, ha sido: ``De
modo que cuando acabamos de sacrificar a cientos de nuestros soldados para
liberarlos a ustedes, ¿la primera petición de ustedes es que nos vayamos? You
are a bunch of ingrate!''
Pero
tales posturas contradictorias son bastantes naturales. Muchísimos iraquíes
admiran a los americanos, pero la libertad les llega apoyada por tanques
extranjeros y el primer disfrute de su nuevo derecho es expresar temor al pasado
despótico y la voluntad de crear una sociedad de ellos, si es posible islámica.
Claro
que la respuesta de los americanos es que su deber básico es impedir que
tradicionales violencias y divisiones dentro de la nueva sociedad permitan la
emergencia de otro Saddam Hussein. Los americanos han prometido irse una vez que
los grupos políticos iraquíes muestren capacidad de organización, respeto a los
adversarios y madurez en los programas económicos. Pero no bajo la influencia de
grupos proamericanos o proirán, sino grupos cuyas raíces estén en Irak y anhelen
mejorar el país y a su pueblo.
Claro
que en un caso como
el de Irak hay siempre una multiplicidad de temas decisivos que merecen seria
atención. El petróleo, por ejemplo. En casi todas partes, el petróleo lleva un
cuño de corrupción. En Irak, Francia, Rusia y hasta cierto punto Alemania, casi
la misma trilogía que en 1827, integraron poderosas unidades donde el dinero
corría a millones. De ahí las razones por las que esos países querían evitar que
los caudales de petróleo con los cuales se alimentaba o debía alimentarse al
pueblo iraquí fueran examinados por los investigadores americanos.
Como
dijo uno de ellos, aquí el petróleo no huele muy bien. De ahí que sea esencial
que el gobierno americano restablezca claramente las vías y las distribuciones
del nuevo sistema.
En
cuanto a problemas internos, para muchos analistas el peor problema, o quizás
mejor, la más complicada problemática de Irak en relación con la democracia son
los grupos étnicos y religiosos que, como los kurdos, o los chiítas (que
representan el 65 por ciento de la población) empiezan por mover sus grupos
hacia el poder. ''El pueblo ama el islam'', dicen los chiítas. Pero el gobierno
americano ha dejado saber que un partido que siga el modelo de Irán, donde las
elecciones son limitadas y sólo un puñado de líderes controlen los resortes del
poder, no sería bienvenido en Irak.
Hay un
tema que a mí siempre me ha llamado la atención, precisamente porque muy pocas
veces llama la atención
del
mundo. Y es el permanente abuso que sufren las mujeres en la órbita islámica.
Porque todos sabemos que en realidad la libertad, y más aún la democracia, se
basan en la igualdad de derechos de todos los ciudadanos. Y también sabemos que
en vastas zonas del
mundo islámico las mujeres no pueden estudiar nada, no tienen derecho alguno y
pueden ser castigadas o asesinadas a pedradas por oficiales del gobierno. Hace
unos meses publiqué un artículo denunciando un caso que ocurría en Nigeria,
donde una mujer, Amina Lawal Kuvami, iba a ser muerta a pedradas porque iba a
tener una hija de un hombre soltero. Al hombre no se le acusaba de nada, la
mujer iba a morir a pedradas. Esa es la ley. No sé cuál es la situación en Irak,
ni cómo influenciar una más justa legislación hacia las mujeres, pero pienso que
hay que aprovechar toda ocasión para denunciar la perenne injusticia que doblega
a la mitad de la población musulmana.
Abril 27, 2003
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