DR. LUIS AGUILAR LEÓN

Apuntes sobre el nivel de las mujeres

Oceánico el tema. Pero sólo se trata de rozar un análisis sobre la relación de algunas turbulencias de la historia contemporánea. Porque cuando tratamos de conocer algunas de las crisis actuales; cuando se dice, por ejemplo, que una democracia va a brotar en Irak, es inevitable inquirir si el mundo musulmán ha mostrado alguna tendencia hacia la democracia, al menos a la democracia como la percibimos en nuestra cultura. Si la respuesta es afirmativa, vale le pena indagar cuál va a ser el nivel social de la mujer en esa ''república'' donde la mujer ha sido siempre condenada a la inferioridad.

Claro que ese juicio de ''inferioridad'' depende de la perspectiva occidental. Una perspectiva que fue modificada y modificó el mundo despues de la Segunda Guerra mundial. En los países industriales, la paz les abrió a las mujeres nuevos trabajos, más cortos vestidos y el aliento para seguir luchando por sus derechos. En la nueva Europa, que se recuperaba lentamente, Rusia demostraba que el totalitarismo no miraba cordialmente a las mujeres. En los años sesenta, la seria Inglaterra imperial descubrió las minifaldas y se sumó al cambio.

Los cambios que seguían transformando el mundo continuaban alterando casi todas las naciones. Era bien visible, por ejemplo, cómo la técnica de las comunicaciones, iba a cambiar las modas mundiales. La nueva técnica puso en movimiento a las masas de muchos pueblos que habían aprendido dónde había ''mejores vidas'' y cómo llegar a ellas. Al lado de tales corrientes humanas, nuevas y destructivas armas creaban sombras sobre la historia. El Occidente no era ya el único creador de modelos sociales.

Nuevos países y bloques de naciones parecían abrir nuevas dimensiones. Aparentemente liberado del colonialismo, por ejemplo, el Africa intentaba encontrar su camino hacia el nacionalismo y la libertad, pero sólo parecía dar con la dictadura y la corrupción. La imagen de las mujeres en Asia progresaba lentamente en la China comunista y rápidamente en el Japón. Lugares como Singapur o Taiwan se ajustaban exitosamente al capitalismo y alentaban una reputación internacional de atractivas mujeres. Por su lado la India, serena y mística, alcanzaba la independencia, aplicaba la democracia, adquiría cohetes atómicos y los apuntaba hacia Pakistán, y mantenía duras relaciones entre las mujeres y los hombres. Las primeras no eran casi nunca bienvenidas en el hogar.

Un tanto más allá está la zona bélica más peligrosa y más vasta de hoy, situada en tierras que son o deberían ser ''benditas'' para tres religiones mundiales. Esa trilogía nos permite reconocer otros factores envueltos en las crisis actuales. Y quiero simplemente mencionarlos porque son una expresión de las contradicciones actuales que enhiestan preguntas cada vez más urgentes. Recuérdese que si aceptamos el usar los niveles de vida de las mujeres como juicios definitorios de una sociedad, podemos anotar que por muchas centurias el parecido entre los niveles sociales de la mujer occidental y los de la mujer en las sociedades musulmanas era bastante semejante. Ambas vivían en el subsuelo.

En el Occidente, los cambios sociales y económicos comenzaron en el siglo XV. En el Oriente el poderío musulmán como que se petrificó a partir de esa fecha. Mientras los misioneros cristianos se movilizaban para convertir a las ''tribus bárbaras'' en el Oriente y en las Américas, la imagen de la Virgen María los acompañó, añadiéndoles una nota de ternura y mejorando algo la perspectiva de la mujer. En el mundo musulmán, a pesar de algunos suaves consejos del Profeta sobre las mujeres, el ámbito de vida femenino siguió una norma bien estricta. Mientras más decaía políticamente el islam, más reacios al cambio parecían sus habitantes.

Finalmente, la decadencia de Europa y el surgimiento y resurgimiento de países en casi todos los continentes les concedió a los musulmanes la posibilidad de alcanzar la indepencia o la seudoindependencia después de 1960. Países que controlaban la enorme riqueza del petróleo confirmaron sus nuevas políticas. Pero lo fundamental, y lo más curioso, es que el retorno del poderío islámico trabajó en contra de la situación femenina. Corrientes de la religión y teorías de la cultura musulmana asentaron el argumento de que los valores tradicionales del islam habían logrado el triunfo y que, por tanto, era vital mantener la vigencia del pasado.

Las razones musulmanas que diferencian el apoyarse en el futuro o preferir el pasado tienen que ver con un sorprendente miedo al supuesto potencial de rebelión femenina. De ahí que haya que vigilarlas y controlarlas. En occidente la religión y el estado estan separados. Las discusiones sobre problemas sexuales se suelen reducir a argumentos sobre la religión y la moral. En cambio, como explica Fátima Fernissi en su libro Beyond the Veil (Más allá del velo), la visión islámica de la mujer como ser peligrosamente sexual obliga a imponer más restricciones sobre su conducta, su vestimenta y su educación. La religión y la ley están estrechamente vinculadas, ambas se apoyan en la misma lucha. De ahí castigos terribles a las mujeres, como el matarlas a pedradas por delitos que no tocan a los hombres. Y, sin embargo, dentro de lo que pueda juzgarse, aún el mundo musulman cierra el puño sobre las mujeres.

¿Se puede lograr una democracia donde las mujeres sólo pueden mirar al mundo a través de un velo? Ojalá, Alá lo quiera.

Junio 22, 2003

 

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