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La
trágica suerte de los cubanos
Si pudiéramos imaginar que vivimos bajo un cielo sombrío,
donde las noticias son pálidas, los pronósticos amenazas que no se cumplen y
promesas que se quedan en el vacío, estaríamos imaginando la realidad de lo que
está ocurriendo en el mundo cubano, donde casi nada cambia y el dictador
Castrocatástrofe va a cumplir 45 años en el poder. En realidad esa cifra
significa una tragedia, significa un tiempo consumido por el dolor de muchas
vidas. Un año positivo, es decir, un año de progreso y libertad, alienta a todo
un pueblo. Un año de dura prisión, castigos y fusilamientos es en realidad un
desfile de botas implacables marchando sobre un pueblo exhausto. Exactamente lo
que ha ocurrido en Cuba.
Ahora bien, describir ese melancólico panorama obliga a
mencionar la visión del terrorismo y de la guerra que arde en todo el Medio
Oriente, en zonas de la América Latina, donde todavía se aplaude a Fidel Castro,
y en los estremecimientos atómicos que recorren el subsuelo de Corea del Norte y
China. Por su parte, la guerra en Irak es el evento que más pesa hoy en la
política exterior de los Estados Unidos. Lo que parecía inicialmente como ''una
guerra relámpago democrática'' se ha vuelto un largo conflicto. Se trata, además,
de una nueva técnica militar: atacar al enemigo terrorista antes de que ese
enemigo esté listo para atacar.
Tratando de conocer a otros factores del cubanismo, nos
inclinamos hacia uno considerado esencial en el carácter cubano: la tendencia a
fraccionar al grupo al cual se pertenece; usar al divisionismo para debilitar a
cualquier grupo o partido. Cierto o no, la búsqueda ayuda a reconocer episodios
cismáticos de nuestra historia. Recordemos que cuando se convocó a los grupos
políticos que iban a forjar la constitución de 1940, aparecieron algunos que
querían legalizar su presencia mencionando pasados documentos, de previas
divisiones. Más tarde, la lucha contra Batista, que comenzó en 1952, no logró
forjar una ''unidad revolucionaria''. Y más tarde, Castro torció toda unidad ''revolucionaria''
que no estuviera controlada por él. Y condenó a los ''terroristas''
universitarios que intentaron tomar al Palacio y matar a Batista. Otra
explicación era decir: ''Así somos los cubanos''. Ortega y Gasset criticó tal
divisionismo y aclaró que desconfiaba de los liberales porque en una asamblea
liberal vio y oyó a los que llegaban tarde gritarle al secretario: ``Dígame
cuáles acuerdos han sido aprobados para votar contra ellos''.
Naturalmente que después que Castro llegó al poder, barrió
a los disidentes y sepultó a quienes en serio o en broma disentían de algún
punto. En 1960-61 la estampida hacia Miami crecía y con ella la esperanza de
volver a la patria. Mas luego, en un momento heroico, una generación joven se
enfrentó a la ausencia de aviones americanos, combatió, y cayó en prisión. Poco
tiempo después, la crisis de los cohetes esparció dosis de pavor en el mundo.
Pero el reloj del exilio comenzó a marchar lentamente. Y el de la isla más
despaciosamente. La economía de la isla se hundía sin remedio.
En 1970 la ''zafra heroica'' fracasó y más tarde el Mariel
se desbordó hacia los Estados Unidos. Los grupos ''revolucionarios'' se
multiplicaron. Posiblemente sólo el de la fundación de Jorge Mas Canosa se
mantuvo unido y creó la presencia de una organización que logró ganar respeto en
el mundo político americano. La década del 70 se cerró con el presidente Carter
y se abrió con las puertas de Reagan, quien logró desmantelar el imperio
soviético y devolverle el respeto al pueblo americano. Una nueva esperanza hizo
vibrar a los exiliados, pero los tonos esenciales del cuadro no cambiaron mucho.
El presidente Bush, el padre, ganó una guerra y perdió las elecciones. Luego el
presidente Clinton aprobó el retorno de un niño cuya madre había muerto tratando
de salvarlo. Más tarde George W. Bush se irguió como presidente. Y otra vez los
exiliados cubanos vislumbraron un verdadero apoyo.
En el exilio la división es clara, pero complicada. Hay
cubanos ''fidelistas'' y antifidelistas, grupos que quieren mejores relaciones
con la dictadura cubana y quienes quieren torcer más el lazo económico que
aprieta al régimen. Hay quienes quieren ir a Cuba para llevar dinero a los
familiares, cubanos disidentes, ''periodistas libres'', balseros organizados...
Pero el fusilamiento de tres jóvenes y la condena de 75 escritores y
trabajadores habían provocado severas críticas a Castro de Europa y de la
izquierda en la América Latina. El líder ha respondido con vulgar y venenosa
insolencia. Pero nada ha cambiado. Y nada parece que va a cambiar pronto.
El deber fundamental es ayudar a los prisioneros y evadir
críticas a otros cubanos o a quienes apoyan la causa. La situación nacional e
internacional está harto peligrosa. Y los cubanos parecen estar lejos. En la
isla y fuera de la isla. Hoy ni siquiera podemos buscar refugio en un bíblico
consejo: ''Generación va y generación viene, mas la tierra permanece siempre''.
Ojalá que nadie pueda detener la tierra.
Octubre 19, 2003
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