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El profeta habla del
regreso a Cuba
Esta columna, de evidente actualidad, fue saludada en el
momento de su aparición, hace tres años, por los lectores cubanos a quienes iba
dirigida. Pero su éxito fue mayor que el esperado y continúa siendo reproducida
en diversos medios del continente aunque, en ocasiones, sin dar el debido
crédito al autor.
En cuclillas, a orillas del mar, el profeta trazaba en la arena rasgos
enigmáticos y observaba cómo las olas los borraban lentamente. Entonces un grupo
de cubanos se le acercó y uno de ellos le dijo: ''Maestro, háblenos de cuándo
regresaremos a Cuba''. Irguiendo la frente hacia el horizonte, el profeta habló
casi en susurro.
'Ustedes no están en Cuba, pero Cuba está en ustedes. Cuba es una isla cargada
de dolor y de alegría. Aférrense a ese dolor, porque en él están las raíces de
su pueblo; cultiven esa alegría porque ella es el carácter que salva a ese
pueblo. Dondequiera que ustedes estén, el sufrimiento los hermana; donde quiera
que ustedes canten, canta el indomable espíritu y la dolorosa esperanza de ese
pueblo. Ustedes son una ola en el mar infinito de la patria. ¿Por qué
preocuparse tanto por el `cuándo van a volver', si ustedes no saben cuándo van a
morir?
``Ustedes se afanan todos los días en sus menesteres, y hacen planes de futuro y
no se preocupan por cuándo llegará el viento negro que borra los semblantes.
Pues bien, trabajen con igual fervor por el retorno a la patria y no se
preocupen por cuándo ha de llegar la hora del retorno. ¿O es que el amor tiene
una cuota de tiempo y la esperanza un término fijo, y el deber un plazo limitado?
Cumplid la cuota de deber de cada día y cada día mejoraréis la faz del futuro.
Pero no le pidais al futuro que os señale una fecha.
'Vivan con la ilusión del regreso, pero no crean que van a regresar a la ilusión.
Las arenas del tiempo caen inexorablemente, y nadie retorna a su pasado o a su
juventud. `Generación va y generación viene, mas la tierra permanece siempre',
dice la Biblia. Hubo una Cuba antes de vosotros y habrá una Cuba después de
vosotros, pero la que ustedes conocieron y amaron no la han de encontrar jamás.
Ella es parte de vuestra música y parte viva de vuestro dolor, pero el recuerdo
amado es como la luz de un farol rodeado de sueños que se va extinguiendo en la
mente.
'Aprendan la parábola de una madre prudente a quien su hijo le dijo: `Madre,
enseña a mi esposa a hornear el pan, porque el que ella me hace nunca sabe como
el que tú me hacías'. Y la madre prudente le respondió: `Ni yo ni nadie puede
hornearte ese pan, hijo mío. Yo lo cocinaba para un muchacho de doce años que
corría como el viento y tenía un voraz apetito. Mas tú eres ahora un hombre de
cuarenta años volcado en el trabajo y los problemas. Yo puedo ofrecerte el mismo
pan que siempre hago, pero no puedo devolverte la energía ni la voracidad de los
doce años. Vuelve a tu esposa y aprende a disfrutar el pan de los cuarenta. El
de los doce años nadie te lo puede devolver'.
``Cuidad de vuestros hijos y no permitais que la ilusión del regreso se
convierta en tema que os separe de ellos. Ellos marchan detrás de ustedes, pero
su visión cabalga a la vanguardia de ustedes. Y el futuro de la caravana está en
las manos de aquéllos que sepan mirar con ojos firmes el mañana. Muchos cubanos
han ayudado y van a ayudar al regreso, aun cuando ellos mismos no lograron o no
lograrán regresar. Y en ellos alentó y alienta el verdadero amor a la patria.
Pues, ¿quién tiene más mérito, aquél que trabaja esperando una recompensa o
aquél que se sacrifica sin esperar recompensa? ¿Quién tiene más valor, quien
siembra para recoger su cosecha, o quien siembra esforzándose porque la cosecha
sea fecunda y a todos aproveche?
``Trabajad cada día para que haya una amplia y generosa cosecha que abrigue a
los cubanos de hoy y a los de mañana. Y si alguien os critica venenosamente, no
permitais que el odio tienda sus negras alas en vuestras almas y cubra de
resentimientos el futuro. No olvidéis que, aun cuando parezcan triunfantes, los
malvados saben cuán ásperas se tornan las horas del odio; y odiar al tirano no
justifica derramar odio en todos los rincones. Vuestro pueblo marcha hoy
malherido y necesita vasto apoyo y larga generosidad; ofrézcanle toda la cuota
que puedan ofrecer. Y no olvidéis que no ha bastado aprender las palabras de
vuestro apóstol para crear libertad; es necesario conocer su conducta, que debió
haber sido modelo de ética en vuestra historia. De ahí que sea más sabio
preocuparse más del cómo que del cuándo será el regreso''.
Yel profeta reclinó su mirada y volvió a trazar rasgos en la arena y a observar
cómo las olas barrían lentamente las huellas de sus trazos.
Febrero 29, 2004
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