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Las
sombras de Cuba y del exilio
En la sombría
ecuación del presente cubano hay una tiniebla de soberana importancia y vago
perfil, que no ha podido ser estudiada. Se trata de juzgar seriamente nada menos
que lo que piensa y siente el pueblo cubano. Claro que se trata de un pueblo
amordazado eficientemente por un dictador que lleva 45 años imponiendo su
voluntad. Hay tal silencio en su mirada, que es preciso aceptar la posibilidad
de que en Cuba queden muchos fidelistas, ignorantes de lo que está pasando en el
mundo.
De ahí que en una
medio broma que recorre Miami, muchos cubanos cuentan los ataques físicos y
mentales que sufre Fidel Castro y, a puro cálculo volitivo, saben cuándo va a
quedar quieto para siempre. El supuesto período de reformas y alianzas que ya se
están forjando en Cuba y fuera de Cuba, no logran predecir cuál será la conducta
que va a seguir el enigmático gobierno americano; gobierno que en cuarenta y
cinco años no ha impuesto medidas políticas positivas.
No estamos tampoco
claros en qué imagen del exilio tienen los cubanos de la isla y viceversa. Lo
cual nos lleva a reconocer que es casi imposible analizar qué opinión tiene el
pueblo cubano de Fidel de los ''imperialistas'' y de los exiliados. Bastan unas
pocas preguntas para enfrentar, objetivamente, hasta qué punto es hondo el vacío
que rodea a los cubanos de la isla. Los heroicos disidentes que han sido
fusilados o lanzados a las prisiones han logrado apoyo internacional y denuncias
del exilio, pero no han provocado ninguna manifestación pacífica. Y digo
''pacífica'' para evitar tumultos callejeros que le añada al gobierno otro
problema de derechos humanos. Claro que sabemos cuán dura es la represión del
régimen, pero también sabemos que en Cuba, en 1933, un programa de radio,
mintiendo sobre la fuga del presidente Machado, incitó a que el pueblo se
paralizara y que el ejército dejara de apoyar a Machado.
Cuando se habla en
tales términos es bueno señalar que estos temas siguen puntillas de historia. Se
trata de conclusiones de historia, no deseos personales. Muy pocos de
''nosotros'' aprendimos lo que duelen los golpes. Fidel movilizó al pueblo y lo
arrojó masivamente contra los que él mismo llamaba ''traidores a la
revolución''. Las masas respondieron y los fusilamientos comenzaron. En 1961, la
Brigada desembarcó en Playa Girón y los decisivos aviones americanos no fueron
enviados a derrotar a los tanques castristas. Después no ha habido más tanteos
bélicos, ni es fácil comprender por qué hay que ir a la guerra contra un
terrorista en Irak mientras se deja en paz a un terrorista que comenzó a atacar
ferozmente a los Estados Unidos desde hace cuarenta y cinco años.
En el país cubano,
como en casi todo país envuelto en honda crisis, quedan siempre flotando amargos
comentarios que dividen a la población. ''Ustedes fracasaron y se fueron a
Miami... y ahora quieren que nosotros seamos decisivos''. Pero la verdad es que
nadie piensa en derrotar a Castro hoy. La realidad es que sólo se piensa en lo
que ocurrirá después que él muera. Cuando plataformas o programas que conduzcan
a transacciones y alianzas traten de evitar violencia y sangre y abran el camino
hacia la democracia. ¿Y a quiénes apoyarían los cubanos que habitan en el
silencio de la isla? ¿Y qué piensan los cubanos que vuelven a Cuba para ayudar a
sus familiares y ayudan también y sin querer al régimen?
Frente a tales
términos, y sin conocer la verdad de la situación, hay que escudriñar los
factores populares y los programas que tengan como objetivo visible y tenaz la
libertad y la democracia. Primero debemos superar el romanticismo de las escenas
emocionales que ofrecen las películas, vehículos informativos de nuestro tiempo,
donde se ve al pueblo tomando la residencia del dictador.
En muchos casos,
la historia no registra el triunfo de los pueblos frente a la dictadura. Ni
siquiera cuando la causa ha herido al alma de un pueblo. En 1940, el ejército de
Hitler derrotó a Francia. Se suponía que el odio a Alemania iba a dominar a los
franceses. Mas no fue así. Por cuatro años hubo empleados y políticos que
sirvieron bien a los alemanes, incluyendo la persecución de los judíos. En 1944,
los ejércitos aliados derrotaron a los alemanes y liberaron a Francia. Se temió
una ola de venganzas. Mas el general Charles De Gaulle suavizó los castigos y
redujo el número de sancionados. El sentido común del pueblo contribuyó a
eliminar al odio y a mantener a Francia unida.
En 1989, el pueblo
ruso no asaltó el Kremlin. El comunismo se desinfló con el glasnost. Y los
nuevos gobiernos volvieron a las tradiciones rusas y a explorar la democracia.
El pueblo agradeció que se evitara la violencia y que no surgiera otro
''salvador'' comunista. En la América Latina, a los ''salvadores'' siempre hay
que vigilarlos.
Dejémonos de
soñar, que a pesar de nuestra ignorancia cuando muera Castro será difícil
establecer el camino hacia la libertad y la democracia. Más aún cuando el eje
Castro-Chávez se ha puesto en movimiento.
Nosotros, todos nosotros,
deberíamos también ponernos en movimiento.
Marzo 7, 2004
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