|
La hidra
y el terrorismo
El que quiera
examinar algunos de los fenómenos violentos que últimamente ruedan sobre las
sociedades contemporáneas, debe prestar atención a todas las variaciones
sangrientas que bañan a los pueblos en lucha.
En el siglo XXI, nuestro
siglo, las noticias vuelan en relámpagos y son reproducidas por los televisores
casi simultáneamente. Lo cual permite entender mejor no sólo lo que está
acaeciendo, sino también los aspectos que relacionan tales acciones con otros
procesos de odio.
Tomemos,
por ejemplo, el reciente e insólito paralelo que hizo el secretario de Estado
Colin Powell cuando comparó a un monstruo mitológico de la Grecia clásica con la
violencia que restallan hoy los terroristas del Medio Oriente y del mundo. Tales
fueron sus ''traducidas'' palabras. Y de paso sea dicho que es alentador que un
alto militar o político americano acuda a la mitología helénica para explicar
una situación.
''En el
momento en que había que responder al bárbaro ataque de las torres de Nueva
York, todos nosotros'', aseguró el secretario de Estado, ``estábamos alertas al
hecho de que este adversario no es necesariamente un estado, ni tiene a menudo
una clara dirección de retorno. Sabíamos todos que este monstruo mitológico y
feroz era una hidra que tenía en la cabeza muchos mortíferos tentáculos''.
Claro
que comprendemos cuál es el verdadero sentido de la comparación que esgrime
Powell para explicar el hecho de que cuando el enemigo de hoy ataca con táctica
guerrillera, el ataque es breve, sangriento, duro, y no evade a niños, mujeres o
enfermos. Pero antes de proseguir, borremos la imagen de Hydra, la enorme
serpiente que vivía en el pantanoso río Lerna, donde la ejecutó el gran Hércules,
y tratemos de explicar el mensaje.
De
acuerdo con Bernard Lewis en su libro The Crisis of Islam, para comprender la
ola de terrorismo que sacude hoy al mundo islámico conviene apuntar primero las
medidas que tomó el mundo occidental cuando el islam estaba a punto de
desaparecer. En 1918, el sultanato otomano (Turquía), el último de los grandes
imperios musulmanes, fue derrotado, y Francia e Inglaterra impusieron las
divisiones políticas de toda la zona. Irak y Palestina les tocaron a los
británicos y Siria a los franceses, quienes más tarde le insertaron en ella el
Líbano.
Desde
entonces, las acciones de esos ''imperialistas'' provocaron un creciente sentido
de abuso histórico y, sobre todo, el desdén que se tiene por la importancia de
la religión musulmana. No creo que muchas personas tengan idea de lo que Alá
quiere y consigue. Eso, desde luego, no implica una justificación del
terrorismo, pero ayuda a entender algunas de las reacciones de muchos musulmanes
que añoran la paz, pero toleran el envío de castigos terroristas a sus enemigos.
Sobre todo si mencionamos dos factores que comienzan a influir en la historia
del islam contemporáneo: el petróleo y el arribo de nuevas generaciones.
Las
poderosas familias que dominan desde hace años a sus reinados y a sus
descendientes, tienen cada vez más que enfrentarse a las generaciones jóvenes
que quieren alcanzar más libertad. Un antiguo embajador europeo en Arabia Saudí,
por ejemplo, declaró hace poco que de haber en Arabia Saudí elecciones libres,
Bin Laden sería electo por una desbordante mayoría. A su vez, la riqueza del
petróleo sigue impresionando a todo el mundo, pero el rápido crecimiento de la
población comienza a presentar problemas de futuro.
De ahí
que sea preciso examinar ahora el tema que requiere más atención por parte de
los americanos y de los terroristas, y es aquí donde volvemos a encontrarnos con
el mensaje mitológico de Powell. Porque los que estudian los métodos bélicos o
las estrategias militares han llegado a la conclusión de que quien está hoy
sometido a una campaña terrorista sólo tiene dos métodos: uno, montar una
ofensiva aplastante contra los centros enemigos, y otro, proteger todos los
centros vitales del país y aguardar el ataque.
La
Rusia comunista, por ejemplo, lanzó su infantería, tanques y aviones contra
Afganistán para barrer a los talibanes y dominar el territorio. La ofensiva
fracasó y los rusos abandonaron Afganistán. Años más tarde, después del bárbaro
crimen de las torres, el presidente Bush y sus consejeros decidieron invadir
Afganistán, liquidar a los talibanes y tratar de imponer un balance de paz. Pero
el riesgo era alto. Cualquier error sembraría más odios y apetitos. Las armas y
la historia de Saddam Hussein decidieron tomar la ofensiva y un ejército
americano ejemplar ocupó Irak en unos días.
Pero la
dura ocupación militar no resolvió todos los problemas. Democratizar no es fácil.
Y los terroristas cambiaron su táctica ofensiva y cambiaron de salvajes ataques
a pequeños asaltos que mantienen la intranquilidad. De ahí un nuevo mensaje: ''Nosotros
no somos tus enemigos, somos tus amigos y vamos a ayudar a restablecer la paz y
la democracia en Irak y a evitar que el terrorismo golpee brutalmente a los
Estados Unidos''. Pero aún están ahí los palestinos e Israel en permanente
conflicto, y Pakistán convertida en aliada de Occidente, y Libia eliminando sus
armas de largo metraje... España retornó a su socialismo y una bomba se
descubrió hace poco en un tren francés...
Quién
sabe si los dioses ayuden a la paz.
Abril 1, 2004
|