DR. LUIS AGUILAR LEÓN

La hidra y el terrorismo

El que quiera examinar algunos de los fenómenos violentos que últimamente ruedan sobre las sociedades contemporáneas, debe prestar atención a todas las variaciones sangrientas que bañan a los pueblos en lucha. En el siglo XXI, nuestro siglo, las noticias vuelan en relámpagos y son reproducidas por los televisores casi simultáneamente. Lo cual permite entender mejor no sólo lo que está acaeciendo, sino también los aspectos que relacionan tales acciones con otros procesos de odio.

Tomemos, por ejemplo, el reciente e insólito paralelo que hizo el secretario de Estado Colin Powell cuando comparó a un monstruo mitológico de la Grecia clásica con la violencia que restallan hoy los terroristas del Medio Oriente y del mundo. Tales fueron sus ''traducidas'' palabras. Y de paso sea dicho que es alentador que un alto militar o político americano acuda a la mitología helénica para explicar una situación.

''En el momento en que había que responder al bárbaro ataque de las torres de Nueva York, todos nosotros'', aseguró el secretario de Estado, ``estábamos alertas al hecho de que este adversario no es necesariamente un estado, ni tiene a menudo una clara dirección de retorno. Sabíamos todos que este monstruo mitológico y feroz era una hidra que tenía en la cabeza muchos mortíferos tentáculos''.

Claro que comprendemos cuál es el verdadero sentido de la comparación que esgrime Powell para explicar el hecho de que cuando el enemigo de hoy ataca con táctica guerrillera, el ataque es breve, sangriento, duro, y no evade a niños, mujeres o enfermos. Pero antes de proseguir, borremos la imagen de Hydra, la enorme serpiente que vivía en el pantanoso río Lerna, donde la ejecutó el gran Hércules, y tratemos de explicar el mensaje.

De acuerdo con Bernard Lewis en su libro The Crisis of Islam, para comprender la ola de terrorismo que sacude hoy al mundo islámico conviene apuntar primero las medidas que tomó el mundo occidental cuando el islam estaba a punto de desaparecer. En 1918, el sultanato otomano (Turquía), el último de los grandes imperios musulmanes, fue derrotado, y Francia e Inglaterra impusieron las divisiones políticas de toda la zona. Irak y Palestina les tocaron a los británicos y Siria a los franceses, quienes más tarde le insertaron en ella el Líbano.

Desde entonces, las acciones de esos ''imperialistas'' provocaron un creciente sentido de abuso histórico y, sobre todo, el desdén que se tiene por la importancia de la religión musulmana. No creo que muchas personas tengan idea de lo que Alá quiere y consigue. Eso, desde luego, no implica una justificación del terrorismo, pero ayuda a entender algunas de las reacciones de muchos musulmanes que añoran la paz, pero toleran el envío de castigos terroristas a sus enemigos. Sobre todo si mencionamos dos factores que comienzan a influir en la historia del islam contemporáneo: el petróleo y el arribo de nuevas generaciones.

Las poderosas familias que dominan desde hace años a sus reinados y a sus descendientes, tienen cada vez más que enfrentarse a las generaciones jóvenes que quieren alcanzar más libertad. Un antiguo embajador europeo en Arabia Saudí, por ejemplo, declaró hace poco que de haber en Arabia Saudí elecciones libres, Bin Laden sería electo por una desbordante mayoría. A su vez, la riqueza del petróleo sigue impresionando a todo el mundo, pero el rápido crecimiento de la población comienza a presentar problemas de futuro.

De ahí que sea preciso examinar ahora el tema que requiere más atención por parte de los americanos y de los terroristas, y es aquí donde volvemos a encontrarnos con el mensaje mitológico de Powell. Porque los que estudian los métodos bélicos o las estrategias militares han llegado a la conclusión de que quien está hoy sometido a una campaña terrorista sólo tiene dos métodos: uno, montar una ofensiva aplastante contra los centros enemigos, y otro, proteger todos los centros vitales del país y aguardar el ataque.

La Rusia comunista, por ejemplo, lanzó su infantería, tanques y aviones contra Afganistán para barrer a los talibanes y dominar el territorio. La ofensiva fracasó y los rusos abandonaron Afganistán. Años más tarde, después del bárbaro crimen de las torres, el presidente Bush y sus consejeros decidieron invadir Afganistán, liquidar a los talibanes y tratar de imponer un balance de paz. Pero el riesgo era alto. Cualquier error sembraría más odios y apetitos. Las armas y la historia de Saddam Hussein decidieron tomar la ofensiva y un ejército americano ejemplar ocupó Irak en unos días.

Pero la dura ocupación militar no resolvió todos los problemas. Democratizar no es fácil. Y los terroristas cambiaron su táctica ofensiva y cambiaron de salvajes ataques a pequeños asaltos que mantienen la intranquilidad. De ahí un nuevo mensaje: ''Nosotros no somos tus enemigos, somos tus amigos y vamos a ayudar a restablecer la paz y la democracia en Irak y a evitar que el terrorismo golpee brutalmente a los Estados Unidos''. Pero aún están ahí los palestinos e Israel en permanente conflicto, y Pakistán convertida en aliada de Occidente, y Libia eliminando sus armas de largo metraje... España retornó a su socialismo y una bomba se descubrió hace poco en un tren francés...

Quién sabe si los dioses ayuden a la paz.

Abril 1, 2004

 

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