DR. LUIS AGUILAR LEÓN

El ajedrez de la guerra

Bien seguro estoy que todo mortal alojado en regiones adonde llegan la técnica y las noticias debe de estar asustado ante el creciente trepidar de las bombas y los cohetes del terrorismo. Basta anotar que la frontera entre Pakistán y la India está saturada de cohetes; que hay terroristas musulmanes en las Filipinas, en Camboya y en múltiples regiones; que Irak está en lucha contra los americanos, quienes lo invadieron para intentar democratizarlo, mientras Israel y los palestinos intercambian masacres de suicidios con castigos inesperados; y que en Africa y la América Latina hay súbitas palpitaciones de violencia que viniendo del pasado muestran los peligrosos rasgos del futuro.

Como los humanos han sido siempre capaces de imponer injusticias, in crescendo, vale la pena ofrecer una breve ojeada al proceso que condujo a la tragedia actual. Recordemos que hubo una época de guerras en el mundo occidental en la cual los soldados vestían elegantes uniformes, sin escudos ni flechas y que, como sus enemigos, portaban largos fusiles. Era entonces que los oficiales, con un gesto caballeroso, los invitaban a que hicieran la primera descarga. Naturalmente, la estrategia era engañadora: quien disparaba primero se quedaba por un momento sin balas frente a un enemigo listo y preparado.

Más tarde, la capacidad de acelerar las balas borró la elegancia, impuso uniformes sin colores, cascos metálicos permanentes, bayonetas y despliegues de armas cada vez más mortíferas. A finales de la Primera Guerra Mundial, recién inventados tanques británicos treparon las trincheras alemanas y esparcieron el terror sobre los soldados del imperio germano. Mucho más irónico resultó el ver volar inicialmente a los aviones y escuchar el noble elogio de uno de los hermanos Wright, quien en 1905 afirmó que por primera vez en la historia ''el avión, un nuevo avance técnico, un instrumento sin armas, ha surgido como un amigo de la civilización y de la paz, para ayudar a la humanidad''. El conmovedor despliegue de optimismo provocó un magnífico aplauso. Diez años más tarde, los pilotos aplaudían la creciente capacidad de los aviones para bombardear pueblos y derribar otros aviones.

De ahí que José Raúl Capablanca, nuestro campeón mundial de ajedrez, y otros notables jugadores de genio, solían comparar batallas históricas con enfrentamientos de mesas. El propio Capablanca le confesó una vez a mi padre que ``en la vida, como en el ajedrez, se comete un solo error: no prestarles atención a los planes del enemigo''.

Por eso a la maniobra militar que hace inescapable la derrota de un bando se le llama jaque mate. Y ciertamente, de los movimientos de ataque que aprendemos en los juegos, o en la realidad de una victoria que deja honda huella en la historia, se puede aprender una cierta lógica militar, desde Cannae del genial Hannibal, hasta Waterloo, la cita histórica que todo el mundo conoce, hasta la actual campaña que se libra en Irak.

Señalemos entonces la variación que ha ocurrido en el mundo actual en relación con el jaque mate del ajedrez. Por primera vez en la historia el inventor de un arma apocalíptica, y más tarde los poseedores de ella, se han visto obligados a pelear con armas de técnico adelanto, pero jamás desenvainando la espada mortífera que puede barrer a millones de seres humanos de un solo golpe. Eso fue comprobado una sola vez en el Japón.

En 1945 el mundo tuvo la oportunidad de sentir un hálito del final. Aun líderes sangrientos como Stalin expresaron comentarios sombríos. Pero sólo Jrushov en 1962, influenciado por los gritos histéricos de Fidel Castro, trató de plantar una amenaza atómica hacia los Estados Unidos, si bien retirándose apenas Washington montó su ataque. El resultado fue que todo el mundo aceptó que sólo se podía combatir sin armas nucleares. Curiosamente, ni en Corea del Sur (1950) ni en Vietnam (1965) las armas apocalípticas cruzaron los cielos.

De donde una nueva estrategia comenzó a surgir. Si tú no puedes lanzar proyectiles verdaderamente destructores, nosotros podemos desafiarte a la manera clásica, con rifles, granadas, artillería ligera. El ''jaque mate'' no existe, y el ejército rebelde se vuelve disciplinada guerrilla capaz de matar civiles y desaparecer dentro del panorama social de otras guerrillas. El ejército americano entró en Irak como un modelo de técnica moderna. Y creyó que derrumbar a Saddam Hussein bastaba para iniciar el cambio hacia la democracia. Las guerrillas sabían que no había ``jaque mate''.

El ajedrez de la guerra continúa.

Mayo 2, 2004

 

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