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El
ajedrez de la guerra
Bien seguro estoy
que todo mortal alojado en regiones adonde llegan la técnica y las noticias debe
de estar asustado ante el creciente trepidar de las bombas y los cohetes del
terrorismo. Basta
anotar que la frontera entre Pakistán y la India está saturada de cohetes; que
hay terroristas musulmanes en las Filipinas, en Camboya y en múltiples regiones;
que Irak está en lucha contra los americanos, quienes lo invadieron para
intentar democratizarlo, mientras Israel y los palestinos intercambian masacres
de suicidios con castigos inesperados; y que en Africa y la América Latina hay
súbitas palpitaciones de violencia que viniendo del pasado muestran los
peligrosos rasgos del futuro.
Como
los humanos han sido siempre capaces de imponer injusticias, in crescendo, vale
la pena ofrecer una breve ojeada al proceso que condujo a la tragedia actual.
Recordemos que hubo una época de guerras en el mundo occidental en la cual los
soldados vestían elegantes uniformes, sin escudos ni flechas y que, como sus
enemigos, portaban largos fusiles. Era entonces que los oficiales, con un gesto
caballeroso, los invitaban a que hicieran la primera descarga. Naturalmente, la
estrategia era engañadora: quien disparaba primero se quedaba por un momento sin
balas frente a un enemigo listo y preparado.
Más
tarde, la capacidad de acelerar las balas borró la elegancia, impuso uniformes
sin colores, cascos metálicos permanentes, bayonetas y despliegues de armas cada
vez más mortíferas. A finales de la Primera Guerra Mundial, recién inventados
tanques británicos treparon las trincheras alemanas y esparcieron el terror
sobre los soldados del imperio germano. Mucho más irónico resultó el ver volar
inicialmente a los aviones y escuchar el noble elogio de uno de los hermanos
Wright, quien en 1905 afirmó que por primera vez en la historia ''el avión, un
nuevo avance técnico, un instrumento sin armas, ha surgido como un amigo de la
civilización y de la paz, para ayudar a la humanidad''. El conmovedor despliegue
de optimismo provocó un magnífico aplauso. Diez años más tarde, los pilotos
aplaudían la creciente capacidad de los aviones para bombardear pueblos y
derribar otros aviones.
De ahí
que José Raúl Capablanca, nuestro campeón mundial de ajedrez, y otros notables
jugadores de genio, solían comparar batallas históricas con enfrentamientos de
mesas. El propio Capablanca le confesó una vez a mi padre que ``en la vida, como
en el ajedrez, se comete un solo error: no prestarles atención a los planes del
enemigo''.
Por eso
a la maniobra militar que hace inescapable la derrota de un bando se le llama
jaque mate. Y ciertamente, de los movimientos de ataque que aprendemos en los
juegos, o en la realidad de una victoria que deja honda huella en la historia,
se puede aprender una cierta lógica militar, desde Cannae del genial Hannibal,
hasta Waterloo, la cita histórica que todo el mundo conoce, hasta la actual
campaña que se libra en Irak.
Señalemos entonces la variación que ha ocurrido en el mundo actual en relación
con el jaque mate del ajedrez. Por primera vez en la historia el inventor de un
arma apocalíptica, y más tarde los poseedores de ella, se han visto obligados a
pelear con armas de técnico adelanto, pero jamás desenvainando la espada
mortífera que puede barrer a millones de seres humanos de un solo golpe. Eso fue
comprobado una sola vez en el Japón.
En 1945
el mundo tuvo la oportunidad de sentir un hálito del final. Aun líderes
sangrientos como Stalin expresaron comentarios sombríos. Pero sólo Jrushov en
1962, influenciado por los gritos histéricos de Fidel Castro, trató de plantar
una amenaza atómica hacia los Estados Unidos, si bien retirándose apenas
Washington montó su ataque. El resultado fue que todo el mundo aceptó que sólo
se podía combatir sin armas nucleares. Curiosamente, ni en Corea del Sur (1950)
ni en Vietnam (1965) las armas apocalípticas cruzaron los cielos.
De
donde una nueva estrategia comenzó a surgir. Si tú no puedes lanzar proyectiles
verdaderamente destructores, nosotros podemos desafiarte a la manera clásica,
con rifles, granadas, artillería ligera. El ''jaque mate'' no existe, y el
ejército rebelde se vuelve disciplinada guerrilla capaz de matar civiles y
desaparecer dentro del panorama social de otras guerrillas. El ejército
americano entró en Irak como un modelo de técnica moderna. Y creyó que derrumbar
a Saddam Hussein bastaba para iniciar el cambio hacia la democracia. Las
guerrillas sabían que no había ``jaque mate''.
El ajedrez de la
guerra continúa.
Mayo 2, 2004
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