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Castro no pierde... pero no gana
Tal es el
silogismo que crucifica a Cuba desde hace cuarenta y cinco años. Y no ha habido
reforma política menuda, o engañoso plan económico, que dure más tiempo que los
anteriores. Al cacique isleño no le agradan las modificaciones; todas ellas
provocan susurros de esperanza en el pueblo. Lo cual lleva otra vez al
comandante a barrer la reforma y a eliminar la esperanza. Siempre, algún
funcionario que obedecía órdenes será súbitamente denunciado como ''lacayo del
imperialismo yanqui'' y obligado a proclamar su error o su traición. Entonces el
califa tropical mantiene el silogismo igual y nada cambia en el pequeño mundo de
un comunismo oxidado. No sé por qué, siempre me pregunto qué le pasó a Robertico
Robaina. Se trataba de un ministro brillante que está vivo, pero a quien le
apagaron las luces.
El
proceso no siempre ha sido así. Aun los jóvenes cubanos conocen las fracasadas
glorias militares de los entonces nuevos guerrilleros y los desastres que
produjeron las reales ambiciones de un monarca guerrillero que quería superar a
Marx y el comunismo. Así fue como, alrededor de 1964, Castró convocó a un enorme
congreso de revolucionarios de la América Latina para crear una causa común. La
nueva táctica militar la explicaba en ¿Revolución en la revolución? el francés
Regis Debray, un joven político que cayó preso en Bolivia y quien luego confesó
públicamente en España y en la Universidad de Georgetown que a él le interesaba
muy poco la América Latina.
La
hipótesis bélica, proclamaba la propaganda castrista, había triunfado solamente
en Cuba porque Castro conocía los factores decisivos de cada revolución e iba a
aplicar la nueva táctica en todo el continente. Básicamente, se explicaba que
Marx no habría podido triunfar en países como los nuestros, donde la mayoría de
la población la formaban campesinos, no obreros. Las guerrillas tenían, por
tanto, que inicialmente ir al campo para debilitar a los ejércitos, luego aislar
con violencias a las ciudades y, finalmente, lograr que campesinos, obreros y
guerrilleros invadieran los centros urbanos y, con el apoyo del pueblo,
derribaran la estructura del estado e impusieran el nuevo gobierno.
La
mayor parte de las guerrillas urbanas y campesinas fueron derrotadas en los
sesenta. Los tupamaros en Uruguay, los montoneros en la Argentina y muchos otros
sufrieron derrotas. Desde la conquista india, los campesinos solían desconfiar
de los que llegaban de las ciudades para darles instrucciones. Todavía
desconfían. Al mismo tiempo torpes disputas entre los comunistas y ''la nueva
izquierda'' dividían a los ''revolucionarios''; y, además, los ejércitos
resultaron mejor organizados de lo que Castro suponía. En 1967, el Che Guevara
fue abatido en Bolivia. Y la causa se transformó en una campaña guerrillera
mezclada con el tráfico de drogas.
La
transformación en La Habana consistió entonces en olvidarse de las guerrillas y
concentrarse en las tropas profesionales. Regimientos entrenados fueron enviados
a VietNam, a Yemen y Angola a luchar contra Suráfrica y proteger a un gobierno
socialista lleno de petróleo. Sintiéndose como Escipión el Africano, Fidel
Castro sacrificó a miles de soldados cubanos para imponer un dictador en Etiopía
e intentar decidir la situación en Eritrea. Otros países africanos no
simpatizaban con el ''colonialismo'' cubano, la Unión Soviética vacilaba y
resultó que el dictador de Etiopía escapó volando sobre sus piernas. Las tropas
cubanas abandonaron al Africa con la melancolía de la derrota. En La Habana, el
mejor soldado, ''el héroe de la revolución'' fue acusado de drogas y fusilado.
Todos los generales tuvieron que firmar la sentencia.
Cada
fracaso incrementaba el desastre económico de Cuba y disminuía el prestigio del
comandante. Muy pronto una tormenta increíble se encimaba sobre Cuba. Para 1990
el comunismo se desvanecía en Rusia y la relación con Cuba se rompía. Castro
insultaba a los ''traidores'' rusos, pero tenía que enfrentarse a un nuevo
colapso económico que lo llevó a insultar a todos los países que no se doblegan
ante las presiones del viejo guerrillero.
Naturalmente, el trágico cuadro de Cuba no termina con Castro. Es preciso
alentar a un pueblo silencioso en la isla y fuera de ella. Pero el aliento es
difícil. Y casi todas las miradas de futuro se concentran en la cronología de
Fidel Castro. Héroes hay; poetas, periodistas, jóvenes y mayores, presos,
castigados, merecedores de medallas, pero no muy capaces de movilizar a la
población. En Cuba, se repite una frase: ''Aquí la situación se pone cada vez
peor'', pero muy poco se menciona el futuro. Y quién sabe si muy poco se piensa
en el futuro.
Es
posible que un solo aspecto de Cuba ruede sigilosamente sobre la isla: la unidad
militar de las FAR, las fuerzas armadas revolucionarias, y la influencia de Raúl
Castro sobre esa unidad. Hace años que las FAR han estudiado los vínculos y
tareas de los militares que están en control de muchos aspectos de la economía.
Pero no mucho se sabe de ese vínculo. Ni de cómo sobrevivir cuando Castro
desaparezca detrás del horizonte. Y aún es preciso prestar atención a cómo los
exiliados puedan forjar canales de comunicación con los intereses económicos
americanos y los que se interesan en la política de luchar contra el terrorismo.
Pero
casi todo está en silencio.
Junio 13, 2004
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