DR. LUIS AGUILAR LEÓN

El pavoroso triunfo de Fidel Castro

Ahora que una nueva centuria ha mostrado sus torvos colores de violencia, resulta útil examinar lo que se pueda de los individuos y grupos que han sido modelos de conductas negativas, y maestros de una dialéctica que traiciona a las nobles palabras con las que ellos mismos se quieren imponer. Ya casi todos sabemos como los dictadores revolucionarios conducen a las masas hacia una terrible realidad.

De ahí lo necesario que es el espectáculo histórico y la imagen de un líder que en menos de un año cerró su puño sobre la revolución recién impuesta y quien luego, cuarenta y cinco años más tarde, continua estrujando todos los senderos de la isla, de donde expulsó a millones de cubanos, sacrificó a miles de sus soldados en diversos frentes como Etiopia, fusiló a algunos “héroes de la revolución cubana” y siguió enterrando a todos los opositores en las cárceles o en las desoladas tierras cubanas.  Curiosamente, muchos gobiernos y personajes siguen aplaudiendo al gran líder de la revolución.

Pero quisiera analizar livianamente cual factor es más decisivo en el proceso revolucionario, si los gritos de apoyo que lanzan las multitudes en furibundas demostraciones populares, o la voz del líder revolucionario que sabe inyectar frenéticas dosis en sus seguidores para conducirlos a nuevas convicciones como “paredón”, fusilamientos y odios. Hitler, con muchos más caudales de muertos que Castro, lo logró en Alemania y Fidel Castro lo logro en Cuba. Obviamente, el apasionamiento del Líder es más decisivo que los entusiasmos del pueblo.  Esa voz hace odiar al imperialismo norteamericano, y a todo lo que él crea necesario odiar. El enemigo está donde Fidel lo señale.

Recordemos que en nuestro mundo, y sobretodo en el mundo latinoamericano, ha habido muchos líderes dictatoriales incapaces de mantenerse en el poder, por carecer de juicios y opiniones que aclaran las ideas.  Son dictadores que en el siglo XIX agotaban en  una hora su conocimiento de historia y geografía.  Una vez, un general dictador boliviano, Mariano Melgarejo, fusiló a su uniforme por osar rasgarle el cuello, y una vez movilizó al ejército boliviano para ir a ayudar a Francia.  Ejemplos como ese, se encuentran desde México hasta la Argentina.  Hace poco, en una demostración frente al nuevo presidente argentino, grupos “revolucionarios” gritaron pidiéndole a Fidel que les enviara su “paredón de fusilamiento”. Aparentemente eso no lo saben hacer.

Preciso es recordar que el líder y sus palabras tienen más peso que las aullantes masas revolucionarias.  El impacto de la revolución francesa creó una imagen de pueblos con banderas, enarboladas por mujeres y masas frente a la guillotina.  Pero pronto se descubrió que la sangrienta imagen de la Revolución Francesa fue detenida por el emperador Napoleón.  Y por casi una centuria en Europa hubo sacudimientos revolucionarios, sin embargo, ni Marx, ni Engels lograron participar en una revolución comunista.  Los actores revolucionarios también han enfrentado graves problemas.  El colapso de la Unión Soviética debilitó a casi todos los partidos comunistas; el socialismo se hizo más presente y la multiplicidad de las guerrillas alentadas y organizadas por Fidel Castro fueron derrotadas en casi todas sus campañas.  La reciente rebelión de un sector militar en Perú vuelve a señalar el problema de las raíces raciales que debilitan al pasado y dividen al presente revolucionario.

Así nos encontramos de nuevo con Fidel Castro, quien ha penetrado a Venezuela, ha recibido su petróleo y seguido todas las normas revolucionarias en un país rico que puede ser arruinado.  Pero Chávez está muy lejos de ser como su maestro cubano.  Fidel se creyó, y creo que todavía cree, que su mente es una combinación superior a las de Marx y Bolívar.  Y muchos han proclamado los triunfos del orador cubano, pero en su vida son muy pocos los logros de  justicia y progreso. Hace un tiempo el Partido Comunista Venezolano condenó a Fidel Castro como un líder que quería ser un falso Papa Comunista. Tales juicios negativos se parecen a los que provocaban la indignación de Don Miguel de Unamuno: “El ángel dice “no serviré”, pero el hombre que tiene más  de bestia que de ángel se dispone a servir y hasta pedir a un amo. No fueron los tiranos los que anduvieron buscando siervos, sino que fueron los siervos los que buscaban amos”. Esa parece ser tu gente Fidel.

Enero 16, 2005

 

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