Una novela para leer de un tirón... y volver a empezar.


Su relectura nos regala el placer prohibido de una vida que se vuelve a vivir.

César Reynel Aguilera (La Habana, 1963). Médico y especialista en Bioquímica Clínica. En el año 2001 abandonó un doctorado en biología molecular para dedicarse a la literatura. Es hijo de Thais, padre de Thalía y David. Está enamorado de Jennifer y reside en Canadá.

 


Lea un fragmento
 

Entrevista de la escritora cubana Zoé Valdés, en las márgenes del Río Sena, a César Reynel Aguilera, autor de la novela R.U.Y.

Entre


Reseñas

“R.U.Y. narra la historia de un joven médico habanero que empieza a morir en Montreal y decide, por razones que al lector le toca descubrir, contarle la historia de su vida a un medio hermano que llega desde Miami. Su memoria, nos dice, está hecha de fiestas, calles, barrios, libros, y escuelas; sus recuerdos están llenos de relojes de lujo y mujeres hermosas, pero también de muchas peleas en las que se vio envuelto por no saber escapar del miedo. Los peligros mayores que enfrenta este joven, sin embargo, provienen de la hostilidad de un medio controlado por un Estado que aspira a la creación del “hombre nuevo”.

César Reynel Aguilera ha logrado una combinación certera entre el lenguaje popular de los jóvenes habaneros y el lenguaje culto, una mezcla que se traduce en una escritura fresca y atrayente”.

Félix de la Uz, www.alexlib.com

“Es una novela que atrapa desde el principio, que nos arrastra con una naturalidad que se desprende, sobre todo, del tono empleado, un tono vigoroso y poético que consigue aportar una gran sensación de verosimilitud y de intimidad al relato. A menudo hay una ironía que brota del propio sentido común y que alcanza a saltar la barrera ideológica para centrarse en mostrar la realidad.

El autor nos regala un universo tan vívido que no dudamos de la impresión de objetividad en cuanto a la ambientación. Su obra consigue, además, integrar el modo de hablar propio de la isla sin caer en ninguna clase de afectación o de folclore, los diálogos se integran de manera natural en la estructura y ritmo tan particular de esta novela río”.

Mireia Pol, www.escritores.org

El tiempo, Ruyci, es una ola

Entrevista a César Reynel Aguilera, autor de RUY
Por Rosa Ileana Boudet
Narradora y crítica de teatro.
Entre sus libros están, "Alánimo, alánimo" (1977) y "En tercera persona: crónicas teatrales cubanas (1969-2002)"
Blog Lanzar la flecha bien lejos


César Reynel Aguilera es un habitual de Penúltimos días, uno de los blogs más leídos y comentados. Y como hace poco tuvieron la gentileza de «colgar» allí dos capítulos de su novela R.U.Y, Alexandria Library, Miami: 2007, le he hecho varias preguntas a punto de finalizar su lectura. Reynel Aguilera, médico especialista en bioquímica clínica, abandonó la biología molecular para dedicarse a la literatura. Y según la solapa del volumen, es hijo de Thais, padre de Thalía y David, está enamorado de Jeniffer y reside en Canadá.

La flecha: ¿Cómo se siente alguien que abandona una profesión segura y un medio de vida por algo tan incierto como la literatura?

Fatal.
A veces -para justificarme- me invento esa pregunta al revés. ¿Cómo puede alguien dedicarse a escribir sin haber estudiado una profesión no literaria?
Es una justificación que va más allá. Tengo un montón de amigos científicos que escriben muy bien, gente que leen mis textos y los juzgan con un gran nivel de conocimientos sobre lo que la literatura fue, es, y será. Si logro con mis libros que alguno de ellos se dedique a escribir, me sentiré satisfecho.

¿Cómo lo vives?

Mal en lo económico, bien en lo espiritual… cuando tengo tiempo para escribir.

¿Crees que R.U.Y. es una novela de iniciación? El personaje se inicia en las experiencias de su vida adulta-- compañerismo, amor, sexo-- al mismo tiempo que al estudiar una carrera "prestigiosa" (selectiva se diría en términos cubanos) en lugar de dedicarle cuerpo y alma, frecuenta sobre todo, la periferia y la marginalidad en el centro mismo de Miramar (y Buenavista). El resultado es, para decirlo con pocas palabras, delirante, porque rompe con los esquemas preconcebidos del lector y juega con ellos. ¿Estoy desencaminada?

Estudiar medicina, en mis años, y en los de RUY, no fue, para nada, un proceso selectivo. Castro I abrió la talanquera y “malanga” entró a estudiar medicina.
Sí, RUY está plagado de ritos de iniciación. Creo que es algo que se espera de un libro que empieza en la niñez y termina en la vida adulta. La primera que me lo señaló fue Mireia Pol, en un comentario que tuvo la gentileza de escribirme hace un par de años. Otros lectores, sin embargo, tienen interpretaciones distintas, como son la búsqueda de quimeras inalcanzables, la maldad como una forma de ser libre, el sexo “como escape de la grisura que implica la construcción del “hombre nuevo”, etc.
RUY es un libro delirante, es verdad, y ese delirio parte de una historia que ocurre en el interregno de muchas fronteras. El personaje principal vive entre la tierra y el mar, entre la bravura y la cobardía, entre la marginalidad y la educación, entre Buenavista y Miramar, entre La Habana y Montreal, y entre la muerte y la vida. Es por eso que la carátula del libro es la mitad de un diagrama de Venn de seis intersecciones.

¿Qué puedes decir al lector que se anima a atravesar las 437 páginas de la edición de Alexandria Library?

Muchas gracias, y se disfruta más la segunda vez (sonriendo).
No, en serio, que me perdone ese lector, le perdí el sentido de la crítica a la novela y, con eso, la capacidad de acortarla. El editor de Alexandria (Félix de la Uz) me propuso un grupo de modificaciones y, para cada una de ellas yo le di una lista de “pros” y “contras”, al final le dije que tenía luz verde para hacer las que estimara conveniente; pero él decidió hacer sólo las imprescindibles. A lo mejor fue un error haberle dado esa sensación de apego a lo que escribí.
Algo que tengo que señalar es que, en mi estadística personal, son más los que celebran la extensión del libro que los que la critican pero, a fin de cuentas, deben ser los que se arriesgan a distribuirlo, y a comprarlo, quienes deben tener la última palabra, al menos en las primeras ediciones.

Lo que más me gusta de la novela hasta ahora es la historia de Hurtado y los Rolex. Como siempre los vi como símbolo de status, en la pulsera de dirigentes y militares, ¿hay alguna clave en el reloj que justifique que tengas que aclarar que es una "marca registrada"?

Los Rolex son uno de los objetos emblemáticos del siglo XX. Es el reloj que mejor representa la esclavitud del tiempo que sufre el hombre moderno. La compañía lo sabe y es bien celosa con la marca, con su historia, y con las informaciones que pueden impedir o permitir las falsificaciones. Hasta ahora no han publicado, que yo sepa, una historia autorizada. La única que existe es "No autorizada", y está recogida en el excelente libro de James M. Dowling y Jeffrey P. Hess, carísimo, pero muy bueno.

El juego, a todo lo largo de la novela, con la cronología, es un intento de escapar de esa esclavitud del tiempo que todos sufrimos, y que los Rolex representan tan bien. RUY vivió atrapado por un artilugio hecho para contar las horas, sin embargo, cuando llega el momento de recordar su vida intenta saltarse el antes, el ahora, y el después.

Que conste que soy de las que celebra la extensión de la novela y no ha tratado de saltarse ninguna página.
R.U.Y.

Isis Wirth
Escritora y crítica de ballet, autora de "Después de Giselle"

Blog
La Reina de la noche


Muy pocas veces, raras, al menos en mi caso, suelo leer una novela de 437 páginas, como R.U.Y de César Reynel Aguilera, escritor cubano nacido en La Habana en 1963, residente en Montreal, Canadá (y de quien tenemos la gran suerte de leer sus artículos en Penúltimos días), no voy a decir de un tirón, no sólo porque es un lugar común sino porque no suele ser cierto: la leí en tres o cuatro días, en lo que el tiempo permite, desde luego, pero con la sensación de que continuar su lectura me era indispensable, y más aún, que volver a ella en una trascendencia otra de sus personajes, es ineludible, como si un mundo nuevo se hubiese creado a partir de R.U.Y. Aguilera lo promete.

No se trata de la consabida pericia narrativa y la facilidad para que la "intriga" nos aprisione y compulse a la lectura, aun si naturalmente está presente. Hay un gran hálito que la recorre, la define y la impulsa. Como si uno quisiera ser ese hálito mismo, es por ello que atrapa y me quedé "con ganas de más".

Además, para que una novela de esa cantidad de páginas presente tal coherencia en su recepción, tiene que estar edificada como una catedral gótica o una sinfonía de Brahms. La estructura es tan sólida y compleja, como sutil y untuosa. Se desliza, se eleva, se abre, vuelve sobre sí, y al mismo tiempo se impone en su unicidad.

De la otra parte, hay claves en afecto que contribuyen a favorecer el deseo de ese hálito inusitado: es una novela sobre nuestra generación, nacida en la isla en los años 60. Si se estima que uno de los valores de la narrativa es fijar un universo, R.U.Y es esencial para ese nuestro particular, aunque va mucho más allá, alcanzando cualquier otro avatar posible, como sólo los escritores verdaderos logran, incluso sin que se lo propongan.

Y, confieso que desde R.U.Y no soy la misma. El mundo de la relojería de lujo, y muy especialmente de Rolex, es un hilo en la novela. Antes, tan sólo me preocupaba de llevar ese objeto, con tal que diera más o menos bien la hora. Desde R.U.Y no ceso de mirar mi pobre muñeca, y la de los demás.

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Al César lo que es del César

Alexis Romay
Escritor, autor de "Salidas de Emergencia"
Blog Belascoaín y Neptuno


Hace poco menos de un mes, a propósito de un excelente artículo suyo, acordé con César Reynel Aguilera un intercambio de libros. El canje quedó a pedir de boca: imagino que ambas novelas se cruzaron en la frontera que delimita al Norte de su vecino del norte y, al cabo de una semana, ya había recibido mi ejemplar de R.U.Y., obra que recrea con estructura y prosa inolvidables cómo se vive y se muere en el país de las siglas.

No me extrañó en lo absoluto que la novela me enganchara desde la primera línea. Ya Aguilera había demostrado con creces su dominio del arte de narrar en infinidad de textos publicados en Penúltimos días, de los cuales “La ribera del tueste” acontece precisamente en el barrio que vio crecer a su protagonista, el nunca bien ponderado Ruy Urrutia Yánez. Lo que sí me llamó la atención fue el hecho de que una obra tan compleja se dejara leer con tanta facilidad. Compuesta de un mar de viñetas que relatan una multiplicidad de historias que van saltando de pasado a presente y viceversa con la precisión de un Rolex Air King (artefacto caro al protagonista), R.U.Y. es Rayuela, pero con sentido del humor.

Los personajes de Aguilera gozan de una profundidad abrumadora. Son más tridimensionales que gente con quien comparto café matutino e incontables reuniones. Hasta el gato tiene personalidad en este libro. (Esto es literal. Hay un gato que tiene personalidad).

A los incautos: abrir R.U.Y. es condenarse ―grata condena― a leer la novela de una sentada. Es rastrear La Habana en busca de un reloj maldito. Es ir a Angola a cazarle la pelea a Savimbi, o salir a repartir mil trompones y recibir otros tantos desde las alturas de Buenavista hasta las bajezas de Miramar. Es financiar una carrera de medicina con ciertos negocios turbios. Es sumergirse hasta el primer veril y no querer salir a por aire. Y es intimar con Ruy, Bettina, Humbertico, El Loco, El Puppy, Nieves la Negra y todo un catálogo tan diverso como verosímil de personas (que no personajes). Es intuir cómo piensan y qué les quita la picazón a estos seres que buscan aliviarse ese escozor que provoca el vivir rodeado de la maldita circunstancia y que sólo se puede curar, si acaso, con la única libertad que es posible alcanzar en la isla: esa que enarbola el sexo como bandera.

Pocos libros he recomendado en mi vida con tanta vehemencia.

Osvaldo Lugo sobre R.U.Y.

Blog: La reina de la noche

Termino de leer R.U.Y. y tengo que reconocer que las primeras cien páginas me dejaron consternado. ¿A dónde me iban a llevar todas esas vertientes y todos esos personajes que, como un coro del teatro griego, fueron emergiendo, igual que los meandros de un Mississippi? Lo dejé por unos días y cuando comencé a leer de nuevo, ya no pude dejarlo hasta el final.

¿Cómo se puede escribir, en esta época convulsa, un poema épico? ¿Cómo se pueden crear personajes tan humanamente definidos y contradictorios y que hasta los animales, como Agosto, tienen algo personal que los identifica y a la vez los diferencia de los demás? ¿Cómo se pueden reflejar situaciones que conocemos, sentimos o presentimos, que muchos las vivimos y al leerlo, tomamos conciencia de que la realidad reflejada, tomada del recuerdo, tiene una dimensión única y universal, que Cuba puede ser Utopía o Troya y Ruy puede ser el Cid Campeador, Odiseo o Aquiles?

He revivido mi juventud en La Habana leyendo este libro. Muchos lugares comunes, situaciones y personajes que conocí en los últimos años de la década del 60 y primeros de la del 70. Caminé muchas veces por el parque de 5a. Avenida y la Calle 26 (¿Emiliano Zapata?), merendar en Kasalta era casi una ceremoniosa obligación si ibas a Miramar, y 70 y 19 fue una esquina que se convirtió en habitual, visitada casi a diario. La piquera de viejos carros de alquiler, el Becerra, la casa de mi amiga Josefina Ruiz, periodista y crítica de cine y teatro de la revista Verde Olivo en esa época, y en 68 entre 19 y 17, la magia, la casa que parecía haber sido trasplantada desde Sevilla, de mi maestro y mentor, el pintor Servando Cabrera Moreno. El Azul Miramar surgió allí, en Ampliación de Almendares y la frontera con Buenavista.

César ha logrado con su talento, sensibilidad y oficio, resucitar todos esos fantasmas del recuerdo, como un experto arqueólogo de mi generación, todos los que quedamos, desperdigados por el mundo y Cuba incluida, somos ya piezas de museo, excavando entre los adoquines de la Habana Vieja, caminando Rampa arriba y Rampa abajo hasta el Malecón y en safaris salvajes y fabulosos por nuestro mar y adorado diente de perro. Este libro ha sido pasado, presente y futuro. Hay muchas situaciones que desconocía o vagamente tenía nociones de ellas, todo el submundo que creó el Sistema tratando de forjar el Hombre Nuevo y que fue, nada más y nada menos el monstruo creado por el Dr. Frankestein, y que como este, estaba lleno de frustraciones, de miedo y de una sensibilidad especial.

La búsqueda de Ruy-Jason por el Vellocino de Oro -los Rolex- que en esa época yo no sabía que existían, aunque tengo vagos recuerdos de la infancia por haberlos visto anunciados en las revistas Life y Selecciones del Reader's Digest, es la búsqueda de todas las ilusiones de la juventud.

César Reynel Aguilera ha creado seres vivos y tangibles y los has rodeado de una aureola de inmortalidad, como si fueran y de cierta forma lo son, personajes legendarios. Hay una poesía muy especial que serpentea en toda la obra y sin sensiblerías baratas, la humaniza y la aglutina, como sucede con el personaje de Bettina Jimena-Penélope, con todos esos "varones" que la rodean, siendo ella la única "hembra" de la pandilla.

Le doy a este autor las más infinitas gracias por haber escrito este libro maravilloso, que desde ahora será uno de mis libros de cabecera y que aquí lo tengo puesto al lado de Paradiso, El Justo Tiempo Humano y las Poesías Completas de César Vallejo y de García Lorca.

Viva RUY Díaz de Vivar, Cid Campeador!

Ave CESAR!

Osvaldo Lugo

 




 


ISBN: 978-1-934804-04-9

Library of Congress Control Number: 2007935070

Formato: Rústica; Páginas: 440; Tamaño: 6" x 9"

Publisher: Alexandria Library, Miami, 2007