Índice
Introducción
José Martí en la obra de Carlos Ripoll
Eduardo Lolo
Carlos Ripoll y su fecunda devoción martiana
Octavio R. Costa
Actualidades. Escritos desconocidos de José Martí
Carlos Márquez Sterling
Reseña de José Martí, the United States,
and the Marxist Interpretation of Cuban History
Gastón J. Fernández
Carlos Ripoll y su labor martiana
Guillermo Cabrera Leiva
Reseña de Cubanos en los Estados Unidos
Alberto Yannuzzi
Cubanos en los Estados Unidos
Agustín Tamargo
Carlos Ripoll y sus bromas literarias
Julio Hernández Miyares
Historia y crítica literaria
Rosario Rexach
Reseña de Teatro hispanoamericano. Antología crítica
Ángel Capellán Gonzalo
Reseña de La generación del 23 en Cuba
y otros apuntes sobre el vanguardismo
José Olivio Jiménez
El ensayo en hispanoamérica
Humberto Piñera Llera
Un enigma cubano y Carlos Ripoll. Perfil de una broma
Estelle Irizarry
Cuba en la obra de Carlos Ripoll
Eduardo Lolo
Reseña
Su mano franca
Luis de la Paz
La Revista del Diario Las Américas
13 de agosto de 2010
El profesor Eduardo Lolo le rinde homenaje en vida
(como han de ser los homenajes) a uno de los grandes
ensayistas e historiadores cubanos, el Dr. Carlos
Ripoll. Su mano franca: acerca de Carlos Ripoll
(Alexandria Library, Miami, 2010) es una recopilación
antológica de ensayos y artículos periodísticos
aparecidos entre 1967 y el 2009, en diferentes medios
y escritos por figuras destacadas de las letras
cubanas, como lo son Manuel Márquez Sterling, Octavio
R. Costa, Agustín Tamargo, Rosario Rexach y el propio
Eduardo Lolo, entre otros.
A Ripoll se le valora sobre
todo por sus estudios profundos y no exentos de
polémica, en torno a la vida y obra de José Martí. Muy
pocos han profundizado en el legado martiano, como lo
ha hecho Ripoll, y para ser justos, en este selecto
grupo se encuentra también el compilador de este
libro, Eduardo Lolo, con notables volúmenes sobre el
Apóstol.
Los catorce textos que integran
el libro, coinciden en destacar la admirable maestría
de Ripoll. En el primer ensayo, José Martí en la obra
de Carlos Ripoll, Lolo hace un recorrido por los
libros publicados por el historiador, señalando: “Sus
numerosos estudios e investigaciones sobre la vida y
la obra del Apóstol (la mayoría de ellos publicados
por la Editorial Dos Ríos, que el mismo Ripoll fundara
en Nueva York) alcanzan más de una veintena de libros
y folletos”.
Algunos trabajos de tipo
periodístico, son los aportes de Octavio R. Costa,
destacando la labor de Ripoll ante los estudios
martianos. Lo mismo hacen Gastón J. Fernández y
Guillermo Cabrera Leiva.
El importante libro Cubanos en
los Estados Unidos, es comentado desde dos vertientes
diferentes por Alberto Yannuzzi, profesor cubano
residente en Nueva York y el ya fallecido periodista
Agustín Tamargo, quien lo aborda desde la perspectiva
del desterrado: “Si el desterrado suple con
espíritu lo que le falta de suelo, si el desterrado se
resiste a la asimilación deformadora, si el desterrado
acumula avaramente lo que sabe y lo que produce con el
sueño de depositarlo un día a las puertas de la patria
reconquistada, el desterrado puede decir que ha
cumplido con su deber. Eso fue lo que hicieron estas
generaciones que recoge en su libro el Dr. Ripoll”.
Otra ponencia, Carlos Ripoll y sus bromas literarias,
es uno de los más interesantes trabajos compilados por
Lolo. Ángel Capellán Gonzalo comenta el libro Teatro
hispanoamericano, antología crítica de la que Ripoll
es coautor.
Dos autores que ya no están entre nosotros, José
Olivio Jiménez y Humberto Piñera Llera, enriquecen el
volumen. Uno escribe sobre la Generación del 23 y el
segundo acerca del ensayo en Hispanoamérica.
El más extenso trabajo del libro, y también el más
académico, lo firma Estelle Irizarry. Para el cierre
regresa Eduardo Lolo con Cuba en la obra de Carlos
Ripoll, un hermoso texto.
Sin duda alguna Su mano franca, es la que extiende
Eduardo Lolo a un gran cubano. Un libro que no es para
esclarecer la visión de Ripoll sobre Martí o Cuba,
sino para ponderar la labor de este gran cubano.
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Introducción
Levar
anclas en el tiempo no es nada fácil. Si un intelectual
une al talento innato la dedicación y el esfuerzo, es
posible que le resulte fácil alcanzar el reconocimiento
de sus contemporáneos: la comunión de entornos y
objetivos epocales inmediatos coadyuvan a la transmisión
y recepción de su mensaje. Hacerlo llegar a las
generaciones siguientes se torna más difícil: hay que
alterar confines temporales divisorios, igualando al
menos dos presentes que, comparados entre sí, hacíanse
llamar pasado y futuro. Lograr el reconocimiento de la
generación anterior resulta lo más difícil: la partida
de unos antecede a veces al desarrollo de los otros, sin
desestimar los prejuicios con que muchos juzgan a la
generación que les sigue. En este caso, por lógicas y
apremiantes razones cronológicas, hay que levar las
anclas del tiempo precipitadamente y desarrollar el
mensaje a paso de gigante sin menoscabo de su calidad,
cuidando de despojarlo de todo viso de inmediatez. La
obra resultante es capaz entonces de viajar normalmente
por tres océanos temporáneos que fragua convergentes,
las velas henchidas de sueños (y pesadillas) de
generaciones múltiples.
Son muy
pocos los intelectuales que logran esa ampliación de su
presente para que abarque el reconocimiento del pasado y
del futuro, convertidos todos en entes contemporáneos
como resultado de la recepción artística y la
consiguiente respuesta del lector de varias generaciones
engarzadas. El profesor y escritor Carlos Ripoll es uno
de ellos. Esta selección de trabajos sobre su obra
incluye autores de su generación, de la anterior, y de
la posterior a la suya. Y en todos ellos podrá
apreciarse el reconocimiento al talento innato aliado a
la dedicación y el esfuerzo desplegados por Ripoll en
más de tres décadas de intenso trabajo intelectual.
Y
conste que esta colección es sólo una muestra mínima de
la atención que le han dado críticos y analistas
literarios a las publicaciones de Ripoll en los últimos
decenios. No se trata, pues, de una compilación hecha a
manera de homenaje al hombre de letras en su ocaso o
póstumamente, sino de una antología mínima de trabajos
ya publicados con anterioridad en periódicos y revistas
literarias y/o académicas entre 1967 y 2009. Su novedad
reside en ubicarlos en un mismo lugar y en la visión que
ofrecen de conjunto.
Se
encuentran representados en la selección tres
sub-géneros de la prosa tradicionales: la reseña, el
artículo y el ensayo. La división, sin embargo, no es
del todo ortodoxa en algunos de los escritos elegidos.
Conviviendo con ejemplos del todo fijos genéricamente,
aparecen otros que comienzan como una reseña para
devenir en artículo o, incluso, en ensayo. En esos casos
las obras de Ripoll habrían servido de catalizador al
desarrollo de ideas que ya sus autores llevaban en la
mente (o penas que arrastraban en el alma), saltando
ahora de la página que inicialmente quiso ser revista
para convertirse en sentimiento y/o opinión personal
sangrantes de tiempo. La inclusión de dichos trabajos
obedece al hecho de que la calidad literaria de la
muestra, y no su grado de fidelidad genérica, ha sido la
razón fundamental de su elección final.
Por
último quiero aclarar que esta antología no se publica
con el beneplácito de Carlos Ripoll. Hace algún tiempo
que él vive en Miami, donde suelo pasar largas
temporadas. En todas mis estancias en esa ciudad siempre
nos reunimos en más de una ocasión, en lógica extensión
de una relación, tanto profesional como personal,
surgida hace años en New York. Enterado en el 2008 de
que yo estaba preparando un segundo ensayo sobre su
obra, me escribió, luego de mi regreso al norte, la
siguiente nota:
Hubiera
querido vernos de nuevo, para en persona pedirte un
favor (otro de los que ya te debo), y es que no te dejes
llevar por la amistad y dediques tu tiempo a un empeño
como el de “Platero” [se refiere a mi libro Platero y
nosotros. Estudio Crítico], en vez de dedicarlo, como me
dijiste, a otros trabajos míos. Tú eres joven. Guarda el
proyecto, si aún te pareciera bien, para cuando el
derroche de atención lo disimule su calidad de póstumo.
Que nos
une una relación de amistad más allá de convergencias
intelectuales es algo que la misma nota pone de
manifiesto jocosamente: solamente un amigo llama “joven”
a un hombre de unos 60 años, que es la edad que yo tenía
cuando él la escribió. Huelga decir que no le concedí el
“favor” pedido.
Más
recientemente, al conocer que yo estaba confeccionando
esta antología, y esgrimiendo de nuevo nuestra
camaradería, Ripoll volvió una vez más a la carga
acuciado por su (para mí) excesiva modestia y me
solicitó que pospusiera el intento. Pero yo reincido en
mi incumplimiento. Pues es el caso que nuestra
confraternidad ni ha propiciado ni puede detener mi
empeño. El yo haber dedicado mi tiempo a este propósito
no tiene nada que ver con relaciones de afecto o
simpatía, por muy sólidas que éstas sea. Aun sin haber
conocido a Ripoll personalmente, me habría bastado la
lectura de su obra y un atisbo de la atención que le han
dado tantos y tan prestigiosos intelectuales de diversas
generaciones, para que de todas formas yo hubiera hecho
de esta tarea un deber histórico y un placer
intelectual. Además, una forzada espera para darle a
esta colección el carácter post mortem que él deseaba,
habría puesto en peligro la culminación de la empresa
misma. Cierto que nos separan más de 20 años de edad;
pero es de todos conocido que el orden de llegada a la
vida no se cumple estrictamente en la salida. Así que,
lo siento, amigo: otros se encargarán de homenajes
póstumos de tintes grises y olores pretéritos; éste
transpira tonos vívidos y emana presente. Ya habrá
tiempo sin fin para todos los silencios.
En los
momentos en que escribo estas líneas, Carlos Ripoll
sigue más que activo como intelectual. Consecuentemente,
es de esperarse nuevos ensayos producto de sus
investigaciones en progreso, así como futuros trabajos
sobre los mismos debidos a la pluma de acreditados
críticos como los aquí seleccionados. Estoy seguro de
que unos y otros seguirán enfrascados en un diálogo
fecundo y respetuoso a la par como el que se presenta en
las páginas que siguen, extendiéndose de un lado a otro
esa mano franca que esta breve antología trata de
ilustrar. Espero con esta entrega haber cumplido mi
objetivo de llamar la atención y dejar constancia de esa
plática tan fructífera como necesaria para las letras
cubanas.
Eduardo Lolo
New York, primavera de 2010.
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