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La
Iglesia cuestiona el ALCA
Los
obispos católicos instan a los gobernantes de América a no
excluir a los pobres
Dora Amador Morales
La Voz Católica
MIAMI — Por todo el continente, de
Alaska a la Patagonia, los noticieros transmitieron lo mismo:
34 gobernantes sonriendo y firmando acuerdos y miles de
personas protestando. Pero los noticieros no dijeron nada de
la enérgica advertencia que lanzó la Iglesia Católica
a los presidentes de América.
La Declaración Final del Plan de Acción
de la III Cumbre de las Américas, celebrada del 20 al 22 de
abril en Quebec tiene como objetivos:
• Lograr la integración regional
• Fortalecer la democracia
• Crear la prosperidad del continente
• Desarrollar el potencial humano de
sus pueblos
Pero es el lanzamiento del Area de
Libre Comercio de las Américas, ALCA, para el 2005 lo que
suscita graves preocupaciones en la Iglesia Católica de toda
América.
Con motivo de la cumbre, los obispos
católicos de América Latina les pidieron a sus colegas del
norte que los ayudaran a detener los efectos negativos de la
globalización. "En nombre de los 12 millones de católicos
de Quebec, en solidaridad con los obispos de América, creí
que era mi deber acoger esta responsabilidad muy
seriamente", dijo en conferencia de prensa el arzobispo
de Quebec, Maurice Couture. Y, citando al Papa, añadió:
"Globalicemos la solidaridad".
Monseñor Couture dio a conocer un
documento preparado para la ocasión por la Conferencia
Canadiense de Obispos Católicos titulado Que Nadie Quede
Excluido, en el que dice que "es evidente que la producción
de mayor riqueza no conduce a una distribución equitativa de
ésta y que la ‘nueva economía’ está promoviendo mayor
desigualdad más rápido que nunca".
El documento está inspirado en
Ecclesia in America, la Exhortación Apostólica que Juan
Pablo II hizo pública en México en 1999. En ella el Papa
alertó sobre los peligros del neoliberalismo, el cual define
como "una concepción puramente económica de la persona
humana, un sistema que tiene como únicos parámetros la
ganancia y la ley del mercado, en detrimento de la dignidad y
el respeto debido a los individuos y los pueblos".
Según el Papa, el neoliberalismo es un
sistema ideológico que justifica actitudes que conducen al
desprecio de los miembros más débiles de la sociedad.
"En realidad", dice el Santo Padre "los pobres
se hacen más numerosos y son víctimas de políticas y
estructuras injustas".
"¿Cómo puede haber un mercado
libre entre los países de América, si tantas naciones pobres
permanecen esclavizadas bajo la deuda externa?", pregunta
el Papa en su exhortación.
Frances Horner, de la Comisión
Internacional de Justicia y Paz de la Conferencia Católica de
Estados Unidos, en Washington, dice que la cuestión es de
responsabilidad moral. El mismo interés y énfasis que se
pone en el comercio y el mercado debería ponerse, dice
Horner, en los derechos de los trabajadores, el cuidado del
medio ambiente y el desarrollo sostenible de los pueblos del
continente.
"Creo que a corto plazo el ALCA
puede producir dislocaciones de tipo laboral", comenta Humberto Estévez, consultor internacional en materia de
desarrollo económico. "Es prioritario que se cree un
fondo de desarrollo social que sea compensatorio al trabajador
desplazado".
Estévez ve en el ALCA una magnífica
oportunidad "para el desarrollo económico, social y
cultural de América", pero advierte de un probable
aumento en el desempleo en muchos países de la región si no
se toman medidas preventivas. "Si los gobiernos sólo se
centran en el enfoque economicista, habrá riesgos de orden
social y marginación de grandes sectores de la población",
dice.
Los obispos canadienses insisten en su
documento en que la integración económica no avanza en sí
misma el bienestar común de las naciones. Dicen que
la economía globalizada debe ser analizada a la luz de
los principios de justicia social, respetando la opción
preferencial por los pobres, a quienes se les debe permitir
ocupar un lugar en tal economía. Asimismo, recuerdan que entre los objetivos principales del plan
original de la Cumbre de las Américas lanzado en Miami en
1994, estaban la protección del medio ambiente y la
erradicación de la pobreza y la discriminación.
Ya entonces, la Iglesia Católica lanzó
la voz de alarma. La Universidad de Santo Tomás en Miami
convocó a un foro sobre principios católicos y la Cumbre de
las Américas. En esa ocasión, el sacerdote jesuita José
Luis Alemán, profesor de economía de la Universidad Católica
de Santo Domingo, hizo un llamado urgente a la solidaridad
ante los retos de una economía globalizada.
Cuatro años después, en la II Cumbre
celebrada en Chile, la experiencia en el rápido proceso de globalización y su
repercusión en las poblaciones del Tercer Mundo, hizo más
patente la oposición al ALCA. Fue en Santiago que se creó
la Alianza Social Hermisférica que convocó a la
Cumbre de los Pueblos en Quebec.
Cientos de ONGS y organizaciones de la
sociedad civil internacional acudieron a Quebec para llevar a
cabo reuniones, conferencias y manifestaciones pacíficas en
contra del ALCA. Sin embargo entre los manifestantes hubo
grupos violentos con agendas políticas ajenas a la Iglesia y
a la mayoría de las organizaciones civiles que hicieron pública
su posición contra el ALCA.
A diferencia de
lo que plantearon los obispos en Canadá y el foro de
la Iglesia católica y la Cumbre celebrado en la Universidad
de Santo Tomás en Miami en 1994, María Dolores Espino,
profesora asociada de Administración de Empresas de esa
universidad considera el ALCA muy positivo, como "la única
salvación posible para los países de América Latina".
Espino cree que sí pudiera haber
algunos desventajados, como los agricultores de Estados
Unidos, que tendrían que competir con los productos agrícolas
de América Latina. También cree que
habrá desventajas para los trabajadores
latinoamericanos que no tengan la capacitación necesaria.
"Pero esto no se resuelve limitando ni protegiendo el
comercio, sino con programas de capacitación obrera",
explica.
Espino sostiene que muchos de los críticos
del ALCA no entienden en realidad sus beneficios y que son
precisamente los trabajadores latinoamericanos y el medio
ambiente los que saldrán ganando. "El mercado no va a
resolver los problemas de la sociedad", dice. "Pero
sin duda es la producción la que trae crecimiento y bienestar
social".
Según ella, el ALCA controlará los grandes monopolios en Latinoamérica que son
ineficientes y que han vivido a costa del proteccionismo.
Priscilla Solomon, religiosa de la
congregación de San José, y miembro de la Conferencia de
Religiosos Canadienses dijo que "el comercio tiene que
ser justo, no libre… porque el comercio libre lo es sólo
para los pocos que se benefician de él".
La hermana Solomon es miembro de la
delegación canadiense que visitó México recientemente para
estudiar el impacto de las políticas de mercado libre. El
grupo de cinco, que incluyó el obispo de Quebec, Jean Gagnon,
informó haber sido testigo de "un sufrimiento humano que
estruja el alma", en los barrios de las maquiladoras y
las fábricas extranjeras cerca de la frontera estadounidense.
"Nuestro mensaje", expresó
la religiosa "es que esas son las mismas condiciones que
el ALCA extendería a través del continente. No podemos
permitir que eso suceda".
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