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‘Luchamos contra una cultura pagana’ El Hermano Richard J. DeMaria, CFC, superintendente de las escuelas católicas, habla en esta entrevista sobre la educación católica, la crisis social de valores, la cultura y su vida espiritual
Dora Amador Morales MIAMI — Un principio básico de la geometría es que las líneas paralelas nunca se encuentran. Curioso que no una sino varias vidas paralelas converjan en un eminente profesor de geometría. Hombre de profunda espiritualidad e intelectual agudo, religioso dado a la oración contemplativa y a la vez, incesante actividad académica, así es el Hermano Richard J. DeMaria, CFC, superitendente de las escuelas católicas de la Arquidiócesis de Miami. Al Hermano DeMaria se le puede encontrar cualquier día de la semana a partir de las siete de la mañana en una de las escuelas más pobres de Miami, la escuela superior Arzobispo Curley Notre Dame, en el Pequeño Haití. Allí imparte clases diarias de geometría. Y si no está en otra reunión con directores escolares, en comités de educación en Washington u otro lugar, o visitando cualquiera de los más de 50 colegios de la Arquidiócesis que surpervisa, se halla en su oficina en el Centro Pastoral. Con su acogedora sonrisa, allí nos recibió temprano una mañana para conversar sobre la educación católica, la cultura, la crisis de valores actual y su propia vida espiritual. Pregunta: Algo que impresiona de la escuela donde usted imparte clases es la pluralidad de culturas y etnias de los estudiantes. Respuesta: Es maravilloso constatar cómo la amistad no tiene que ver con razas y culturas, que los muchachos aprenden a vivir unos con otros y sus relaciones trascienden barreras. Y lo milagroso es que aquí no es sólo cuestión de razas, hay alumnos de muy buena posición económica y otros muy, muy pobres. P: ¿Y cómo es que padres de buena posición económica envían a sus hijos a un colegio integrado en su mayoría por estudiantes de clases humildes? R: Porque ven algo bueno en eso. Conozco padres que han sacado a sus hijos de colegios exclusivos para que vengan a estudiar aquí. Quieren que tengan esta formación, que consideran superior, además ésta es la realidad social que van a afrontar en el futuro. P: Lo pude ver en los muchachos que le ayudaron a preparar el jardín y el lago diseñado por usted y que, por cierto, ha quedado muy bonito en los terrenos de la escuela. Se ve que son amigos con buenas relaciones, viniendo de culturas tan diferentes. R: Ahí tienes un buen ejemplo: dos son haitianos, uno hispano y el otro es de Africa. Todos son pobres, trabajaron en sus vacaciones de Navidad 26 horas para poder costear sus estudios. Yo diría que los niños ricos tienen mucho que aprender de los niños pobres, entre algunas cosas, ciertos valores. P: Las cifras de estudiantes en colegios católicos ha ido en aumento, ¿podría hablarme un poco de esta tendencia y sus razones? R: Nuestras escuelas tienen muy buena reputación. Hace 30 ó 40 años muchas personas hubieran dicho que la educación católica no estaba a la altura de la educación pública. Hoy la percepción popular ha cambiado por completo. Hay estudios de Harvard que demuestran que los métodos de enseñanza católicos, su sistema académico y de formación es superior. Pero hay un aspecto preocupante y es que muchos padres buscan la enseñanza privada de sus hijos porque están convencidos de que es mejor que la pública. Pero creemos que algunos los traen a nuestras escuelas porque la matrícula les sale dos o tres veces más barata que en otros colegios privados no católicos. Esa es la situación que enfrentan los párrocos muy a menudo cuando entrevistan a los padres. Quisiéramos cambiar eso, que los padres se den cuenta de cuán importante es la educación en la fe en Dios. P: Esa actitud se ha de reflejar en otros aspectos de su educación religiosa familiar, como ir a Misa, rezar juntos y continuar su formación en el hogar. R: Sin duda se necesita un compromiso mayor de parte de los padres para con la educación de sus hijos. Es lo más preocupante, y sin embargo es asombroso, porque buscan un lugar donde puedan aprender valores. P: Los colegios católicos cuentan hoy con muchos menos maestros y directores que pertenecen a congregaciones religiosas.¿Ha afectado esto la enseñanza católica en las escuelas? R: La experiencia me dice que no, en lo absoluto. Estoy impresionado con los párrocos que están al frente de las escuelas; son muy dedicados. En cuanto a directores y maestros, estoy absolutamente convencido de que una persona está en este trabajo por su creencia, no por la posición. No se les exige ser católicos, pero sí que puedan llevar a cabo la misión de la educación católica aunque no enseñen religión, sino matemática, inglés o la asignatura que sea. Insisto en que no importa la clase, los valores tienen que permear la enseñanza. Puedo asegurarte que los maestros, en su inmensa mayoría, hacen un sacrificio económico al enseñar en nuestras escuelas. Exigimos que estén certificados por el estado y podrían ganar más dinero en otro lugar, pero aquí hay un compromiso. También es cierto que las condiciones de trabajo son mejores en nuestros colegios, me refiero a la disciplina de los alumnos. Mi experiencia me dice que es la fidelidad a la misión lo que les interesa a los maestros en nuestras escuelas. P: Hablando de la disciplina, ¿cómo se ajustan los estudiantes que provienen de la educacion pública cuando llegan al colegio católico? R: Sobre todo ahora con el programa de vales (vouchers) hoy llegan muchos que les toma tiempo ajustarse. Pongamos por ejemplo un estudiante de escuela superior, después de ocho años en escuela pública, no tiene sentido alguno de por qué se queda detenido después de clase porque sus botones están desabrochados, porque hay tareas que hacer todos los días en su casa y no las hizo. Pero hay que tener paciencia con ellos, saber que no son malos muchachos, es que no forma parte de su educación anterior. Hay que aprender a ayudarlos en la transición. P: ¿Qué es lo más difícil que encuentra en el proceso educativo católico, dada la sociedad secularizada actual? R: Estamos luchando contra una cultura pagana, que exalta la violencia y el sexo, entre otras cosas. Cuando pensamos en la cantidad de horas que pasan los muchachos frente a la televisión y cuánto tiempo estamos con ellos enseñándoles otros valores, nos damos cuenta de que la batalla es dura. Nuestra misión es enseñar valores sobre la honestidad, la sexualidad, la vida cristiana. Luchar contra las tendencias actuales requiere ser muy persistente. Tenemos la esperanza de ganar, de que cada vez salgan hombres y mujeres formados en el espíritu y la ética católica para servir en la sociedad. P: ¿Por qué siendo un hombre con tantas responsabilidades continúa dando clases? R: Amo el magisterio, me encanta dar clases. Espero nunca tener que dejar de ser maestro; es muy importante para mí. Pero además esa escuela la administra nuestra congregación religiosa. Vivo allí mismo con mis hermanos de comunidad. Nuestro carisma es la educación, principalmente a los pobres. P: ¿Cómo se alimenta y sostiene espiritualmente con un trabajo acádemico e intelectual tan exigente? R: Mi desarrollo espiritual es lo más importante de mi vida, no hay duda al respecto y todo el tiempo libre que tengo lo utilizo en eso. Leo mucho sobre espiritualidad. En nuestra comunidad tenemos oraciones dos veces al día, me confieso una vez al mes, voy a Misa diaria. Y últimamente, me interesa mucho el tema de la Iglesia en sí. Recuerdo hace años, cuando era estudiante graduado, escuché una vez decir al antiguo sacerdote Ivan Illitch que amaba la Iglesia, que Roma deletreado al revés era Amor. En aquel momento no entendí. Hoy sí. Yo amo la Iglesia. Y como historiador puedo decir dos cosas: una, que se sigue reformando a través del tiempo con sabiduría, y eso es lo que la hace maravillosa. La otra es que no conozco otra organización que tenga la habilidad, la posibilidad de salvar al mundo. El Hermano Richard DeMaria tiene un doctorado en sicología de la religión. Nació en Ohio y se crió en Nueva Jersey. Fue profesor por 19 años y posteriormente presidente de la Universidad de Iona en Nueva Rochelle, en Nueva York.
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