
Un cuadro de
Juan Diego es cargado durante la procesión de la misa de
canonización. (Foto Reuters)
‘El confidente de
la dulce señora del Tepeyac’
San Juan Diego, a quien el Papa llamó "el confidente de la dulce
Señora del Tepeyac" (L’Osservatore Romano, 78 mayo 1990, p. 5),
según una tradición bien documentada perteneció a la etnia de los
chichimecas, nació en 1474 en Cuauhtitlán. Cuauhtlatoatzin, su
nombre, significaba "águila que habla", o "el que habla con un
águila", en su lengua materna.
Ya adulto y padre de familia, atraído por la doctrina de los
padres franciscanos llegados a México en 1524, recibió el bautismo
junto con su esposa María Lucía. Fue coherente con sus
obligaciones bautismales, nutriendo regularmente su unión con Dios
mediante la eucaristía y el estudio del catecismo.
El 9 de diciembre de 1531, mientras se dirigía a pie a Tlatelolco,
en un lugar denominado Tepeyac, tuvo una aparición de María
Santísima, que se le presentó como "la perfecta siempre Virgen
Santa María, Madre del verdadero Dios". La Virgen le encargó que
en su nombre pidiese al obispo capitalino, el franciscano Juan de
Zumárraga, la construcción de una iglesia en el lugar de la
aparición. Y como el obispo no aceptase la idea, la Virgen le
pidió que insistiese. Al día siguiente, domingo, Juan Diego volvió
a encontrar al Prelado, quien le pidió pruebas objetivas en
confirmación del prodigio.
El 12 de diciembre, mientras se dirigía de nuevo a la ciudad, la
Virgen se le volvió a presentar y le consoló, invitándole a subir
hasta la cima de la colina de Tepeyac para recoger flores y
traérselas a ella. No obstante la fría estación invernal y la
aridez del lugar, Juan Diego encontró unas flores muy hermosas.
Una vez recogidas las colocó en su tilma y se las llevó a la
Virgen, que le mandó presentarlas al obispo como prueba de
veracidad. Una vez ante el obispo, el beato abrió su tilma y dejó
caer las flores, mientras en el tejido apareció, inexplicablemente
impresa, la imagen de la Virgen de Guadalupe.
El beato, movido por una profunda devoción a la Madre de Dios,
pasó a vivir en una pobre casa junto al templo de la "Señora del
Cielo". En espíritu de pobreza y de vida humilde Juan Diego
recorrió el camino de la santidad, dedicado a la oración, a la
contemplación y a la penitencia.
Circundado de una sólida fama de santidad, murió en 1548. Su
memoria, siempre unida al hecho de la aparición de la Virgen de
Guadalupe, ha atravesado los siglos, alcanzando la entera América,
Europa y Asia. El 6 de mayo de 1990 Su Santidad presidió la
solemne celebración en honor de Juan Diego, decorado con el título
de beato. Su canonización, el 31 de julio, es un don
extraordinario no sólo para la Iglesia en México, sino para todo
el Pueblo de Dios.
(Servicios de prensa del Vaticano)

Una peregrina mexicana observa a
través de binoculares el recorrido del Papa Juan Pablo II a
través de Ciudad México en el papamóvil el 31 de julio. (Foto
Reuters)
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