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San Ignacio de Loyola escribiendo las Constituciones de la Compañía de Jesús.
(Cuadro que está en la Iglesia Gesu, en Roma.)

La espiritualidad Ignaciana: una experiencia de cambio radical 

Los testimonios que aparecen aquí son de tres miembros de la CVX Regina Mundi de Miami. Consuelo Bofill, Alicia Bugallo y Terry Hernández son integrantes de las Comunidades de Vida Cristiana, conocidas como las CVX, el brazo laical de la Compañía de Jesús. Son de carisma ignaciano y los Ejercicios Espirituales de San Ignacio de Loyola son la fuente de su espiritualidad. Pertenecen también a los Movimientos Apostólicos de la Arquidiócesis de Miami.

Para alcanzar el amor

Consuelo Bofill 

¿Has oído hablar de los Ejercicios Espirituales de San Ignacio de Loyola? Seguramente que sí y tienes una idea de que se trata de algo así como un retiro. Estás en lo cierto. Es un retiro con una estructura muy peculiar.

Los Ejercicios –obra maestra inspirada por Dios a San Ignacio– son una serie de actividades espirituales, que sirven para disponerse a buscar en todo la voluntad divina, “habiendo quitado primero de sí todas las afecciones desordenadas”, como dice el mismo San Ignacio en la primera anotación de su famoso libro sobre los Ejercicios Espirituales.

Se dividen en “cuatro semanas”, más o menos el tiempo de un mes, siendo las “semanas” de diferente duración; pero pueden ajustarse a menos días, según el tiempo de que se disponga.

La Primera Semana es para establecer, de una manera clara y precisa, el Principio y Fundamento de la vida: quién es Dios, quiénes somos nosotros delante de él y el fin para el que fuimos creados. Esto trae un rechazo absoluto del pecado y de todas sus consecuencias. Una buena confesión generalmente pone fin a esta serie de meditaciones.

Entrando en el bloque de meditaciones de la Segunda Semana, tenemos la meditación del Rey Temporal, donde San Ignacio presenta a Jesucristo llamándonos a seguirle, convidándonos a ser parte de la empresa de establecer su reinado en este mundo. Se meditan y contemplan distintos pasajes evangélicos de la vida oculta y pública de Jesús, pidiendo en todas las ocasiones conocimiento interno del Señor, para mejor amarle y servirle. Es dentro de la segunda semana que se aconseja hacer la elección de estado –si fuera necesario– o plan de vida, según lo que se entienda ser voluntad divina para cada uno. Para ello están tres meditaciones clave:

-Las Dos Banderas (maneras de Cristo y del enemigo para clarificar la inteligencia).

-Los Tres Binarios de Hombres (para fortalecer la voluntad).

-Los Tres Grados de Humildad (para avivar los sentimientos).

En la Tercera Semana meditamos sobre la Pasión de Nuestro Señor, para que a la vista de sus muchos sufrimientos se despierte cada vez más en nuestras almas el deseo de corresponderle a través de una entrega, la más fiel.

 Finalmente, es en la Cuarta Semana donde se fortalece la fe, al meditar en la resurrección gloriosa de Nuestro Señor y se afirma la esperanza, pensando que también nosotros, algún día, seremos eternamente felices con El en el cielo.

La última meditación es como el precioso broche de oro de este plan espiritual: La contemplación para alcanzar amor, donde se nos recuerda que, para que exista el verdadero amor, debe haber comunicación entre amado y amante (necesidad de oración diaria) y que el amor debe ponerse más en las obras que en las palabras y los sentimientos.

 Con esto San Ignacio quiere asegurarse de que el ejercitante abandona la fuerte experiencia espiritual de estos días con la mente, el corazón y, sobre todo, la voluntad dispuestos para amar y servir, e inserta su famosa oración:

 “Toma, Señor, y recibe toda mi libertad, mi memoria, mi entendimiento y toda mi voluntad, todo mi haber y mi poseer; Tú me los diste, a Ti, Señor, te los devuelvo; dispón de ellos según tu voluntad. Dame tu amor y tu gracia, que con ella me basta”.

Maravillosa gracia la invitación de hacer Ejercicios Espirituales. Si se te presenta la oportunidad, no la dejes pasar.  

Encuentro con Dios

Terry Hernández 

La experiencia de los Ejercicios Espirituales en la vida diaria fue para mí un encuentro con Dios que me ayudó a encontrarme a mí misma como cristiana y peregrina. Empecé como el que toma un curso, reuniéndome una vez por semana con mi director espiritual, para cambiar experiencias y recibir los puntos para la semana siguiente. Cada martes en la noche, durante 26 semanas, me dirigía hacia el aula donde las reflexiones y el compartir de todos se fundían en un ambiente ignaciano. Se me hacían muy largos los días hasta que llegara el próximo encuentro.

Reconozco que callaba durante las charlas y el compartir de los demás. Era mi primera experiencia de Ejercicios Espirituales.

 ¿Qué pasó en esas semanas? Todo un cambio en mi vida. Los Ejercicios en la vida diaria me enseñaron a dedicarle tiempo de oración a Dios seriamente.

Fue un entrenamiento de disciplina espiritual que me ayudó a encontrarme con un Dios que perdona, enseña y envía. Fue aprender a entrar en el Evangelio acompañada de Cristo, de la mano de Nuestra Señora, María Santísima. Ella, que estuvo siempre junto a su amado Hijo, tenía que estar también en los Ejercicios Espirituales para apoyarme y ayudarme a seguir adelante.

Cada semana aprendía más. Cada reunión me hacía profundizar más en el amor de Jesús y en el que el Padre nos tiene. Cada encuentro era la espera de los próximos puntos a reflexionar, que me llevarían a donde nunca me había atrevido a llegar.

 Pero Ignacio era así: arriesgado y valiente, y guiada por el Espíritu Santo pude vencer la batalla de conocerme más a mí misma para lanzarme a conocer más a Nuestro Señor.

 Finalmente llegó el último encuentro: la celebración de la Eucaristía, de la cual cada uno de nosotros guarda un recuerdo muy especial y durante la cual pedimos al Señor que nos ayude a seguir cumpliendo con nuestra misión, como nuestro guía y maestro, amigo y hermano, siempre acompañándonos.

 Los exhorto a que se animen a hacer los Ejercicios Espirituales. Una hora diaria, por el resto de nuestras vidas, en oración con Jesús.

En todo amar y servir

Alicia Bugallo 

Mi vida ha cambiado después de experimentar los Ejercicios Espirituales en la vida diaria. Consideraba que haciéndolos una vez al año, por tres días, era suficiente. ¡Qué equivocada estaba!

Dios, que siempre tiene caminos para llegar a las almas, me facilitó la oportunidad de hacerlos recientemente. Lo pensé un poco y, con cierta cautela, lo decidí. No sabía exactamente cómo se desarrollarían. Nunca imaginé la riqueza inmensa que iba a recibir.

Me costó mucho la hora de meditación diaria: miraba las manecillas del reloj, que parecían no caminar. Deseaba hacer las cosas bien y cumplir con el tiempo indicado. La lucha fue fuerte, perdía concentración y nunca quedaba satisfecha. Con la gracia de Dios y la ayuda de nuestro director espiritual lo conseguí, dejándome llevar. Ya el reloj no me preocupaba, logré un ritmo tranquilo, con paz, increíblemente sosegado. Dios se me hacía presente, poco a poco. Recuerdo la meditación de los sentidos: dos horas de encuentro inagotable. ¡Me sentía tan llena de Dios, tan enriquecida, que necesitaba compartirlo con los demás del grupo!

Hoy mi vida no tiene sentido si no hago oración. Me entrego tanto a ella que, al darme cuenta, ya es tarde para ir a trabajar. Dejo en casa el papel de María y asumo el de Marta, para ser “contemplativa en la acción”. Trato de vivir intensamente el Evangelio, “amando y sirviendo” y me esfuerzo porque sólo me basten el amor y la gracia de Dios.