
Indígenas proceden en danza hasta el altar mientras el Papa les
observa durante la misa de canonización del beato
Juan Diego Cuauhtlatoatzin
celebrada en la Basílica de Nuestra Señora de Guadalupe en
Ciudad México el 31 de julio. (Fotos Reuters)
La promoción
humana del indígena lleva a la promoción cristiana y a la santidad
TORONTO (ZENIT) — La canonización de Juan Diego refleja que el
Papa está cerca de los más de 90 millones de indígenas americanos.
Así lo expresó el cardenal Oscar Andrés Rodríguez Maradiaga,
arzobispo de Tegucigalpa (Honduras), después de presidir una
eucaristía en el marco de la recién concluida Jornada Mundial de
la Juventud en Toronto.
Igualmente afirmó que la proclamación de santidad del beato Juan
Diego es una forma de pedir perdón a los indígenas por los errores
cometidos por la Iglesia católica en el pasado, según recoge el
diario Reforma.
“El Santo Padre ha sido un ejemplo en esto, al hacernos ver que en
la primera evangelización, donde es lógico que no se tuvieran los
criterios de hoy en día, se cometieron muchos errores y es muy
importante que se puedan remediar”, subrayó el presidente de la
Conferencia Episcopal de Honduras.
“[La canonización] es un buen impulso para que exista una
promoción humana del indígena, la que conduce también a la
promoción cristiana y a la santidad, ya que es posible para todo
cristiano ser santo y Juan Diego es un ejemplo”, añadió el
purpurado.

El Papa bendice a unos niños indígenas mexicanos luego que estos
le presentaran dos árboles como regalo durante la ceremonia de
bienvenida en Ciudad de México el 30 de julio.
El cardenal Rodríguez Maradiaga también quiso dejar claro que la
canonización de Juan Diego no representa aliento alguno a las
teologías autóctonas: “Todo ese tipo de corrientes son buenas en
cuanto pueden favorecer la pluralidad del pensamiento, pero son
malas si introducen la división, porque el deseo del Señor
Jesucristo es que fuéramos uno y todo lo que rompe la unidad y la
comunión no puede ser conforme a la teología ni a la voluntad de
Dios”, añadió.
El cardenal Rodríguez Maradiaga quiso igualmente destacar la
devoción del Santo Padre a la Virgen de Guadalupe relatando un
testimonio personal: “En 1999, el Papa visitó México para
entregarnos la Exhortación Postsinodal Iglesia en América en la
Basílica de Guadalupe. Al terminar la celebración eucarística, el
cardenal Norberto Rivera —arzobispo primado de México— me indicó
que me quedara.
“El Santo Padre estuvo arrodillado unos 20 minutos orando ante la
Virgen y el cardenal, cuando salió, me ofreció la posibilidad y
también subí. Es una gracia que nunca dejo de agradecerle al Señor
y al cardenal haber podido constatar cómo el Santo Padre es
profundamente devoto de la Virgen de Guadalupe”, concluye el
arzobispo de Tegucigalpa.

Unos dos millones de personas se congregaron en las calles de la
Ciudad de México mientras el Papa las recorría en el papamóvil
hasta llegar a la Basílica de Nuestra Señora de Guadalupe para
celebrar la misa de canonización del indio mexicano nahuatl Juan
Diego, vidente de Nuestra Señora.
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