|
Origen y vida del Carmelo

P.
Eusebio Gómez, OCD
Al hablar de la Virgen del Carmen, la Virgen del Monte Carmelo,
viene a nuestra mente la Virgen del Escapulario, la Madre de los
carmelitas y de tantos hijos que la honran.
Dicen que los lugares son los ojos de la historia. El Monte
Carmelo, en Palestina, donde nació la Orden del Carmen y la
devoción a la Virgen, es uno de tantos ojos que la historia, la
leyenda, la vida misma nos ha dejado para que podamos acercarnos a
descubrir al Dios que habla más allá del tiempo y del espacio.
El Monte Carmelo es un lugar encantador. Enclavado entre el azul
del mar y el verde de la montaña y la llanura, la riqueza de su
flora y el buen clima hacen de este lugar uno de los más hermosos
de Tierra Santa. El lugar está formado por una cadena de montañas
de naturaleza calcárea arcillosa. Tiene de seis a ocho kilómetros
de ancho, y se despliega en colinas onduladas surcadas por
numerosas quebradas. En el Monte Carmelo hay dos lugares de
especial devoción y presencia carmelitana: A-Muhraqa, el
Sacrificio de Elías, y Stella Maris, donde se encuentra el
monasterio y la iglesia de la Virgen.
Es el lugar santo donde Elías derrotó la idolatría, es cantera de
santos, montaña sagrada, la más sagrada de todas. El Carmelo es de
María, en él ella es patrona y “señora del lugar”, “ella tiene la
belleza del Carmelo” (Is 35, 2).
Ya en el siglo XIII los Carmelitas moraban en el Monte Carmelo. El
30 de enero de 1627, los Carmelitas Descalzos recibieron la
autorización pontificia para fundar de nuevo y desde entonces se
preocuparon por impulsar el culto a María. En 1633 Próspero del
Espíritu Santo erigió un altar y colocó un cuadro de María y junto
a él una lamparita, que ardía noche y día y quería simbolizar el
amor del Carmelo a la Virgen.
El Carmelo encierra para los carmelitas varios símbolos o
significados: cultivo de la virginidad, una vid “recortada”, un
prado “segado”, un árbol “podado”. Para San Juan de la Cruz
sintetizará toda la trayectoria espiritual: dura subida al monte.
El escapulario del Carmen
Los ermitaños carmelitas eligieron a la Virgen y se entregaron a
ella como a su Señora y Patrona.
La Virgen del escapulario, la Virgen del Carmen, ha sido durante
muchos siglos una de las devociones populares más usadas entre los
cristianos. El escapulario, según Pío XII, trajo “sobre todo el
mundo un río inmenso de gracias espirituales y temporales”. Pablo
VI proclamaba en la Marialis cultus, que la devoción al
escapulario, junto con el santo rosario, era una devoción
verdaderamente “católica”. El Papa Juan Pablo II ha confesado: “Yo
también llevo sobre el corazón, desde hace mucho tiempo, el
escapulario del Carmen”.
El santoral brusulense nos dice cómo surgió la entrega del
escapulario. Dice así: “San Simón, inglés, hombre de gran santidad
y devoción, en sus oraciones suplicaba continuamente a la Virgen
que favoreciese a su Orden con algún privilegio especial. Se le
apareció la gloriosa Virgen, sosteniendo en su mano el escapulario,
y le dijo: “Este es el privilegio para ti y para los tuyos: el que
muera con él se salvará”.
¿Qué hay de cierto en esta visión? No es obligatorio creer en
ninguna visión. Lo importante es acoger el mensaje que se
desprende de ahí y todas las gracias que han recibido los devotos
de María.
El escapulario, como sacramental de la Iglesia, tiene la misión de
insertar a los fieles en una especial relación con María. El
escapulario del Carmen es uno de los tantos signos que tienen los
católicos. Llevarlo supone vivir como María, abiertos a Dios,
escuchando su Palabra, en actitud orante y abiertos a los hermanos.
Ella, sin duda, sigue estando junto a los hijos más necesitados,
alentando, guiando, siempre amando: como una verdadera madre.
Llevar el escapulario nos recuerda que hemos sido revestidos de
Cristo y que, como María, debemos permanecer fieles a Dios. Es ser
carmelita y como tal se adquiere un compromiso de asimilar y vivir
la espiritualidad del Carmelo.
El Centro de Espiritualidad Nuestra Señora del Carmen
Hace 10 años la Arquidiócesis de Miami encomendó a los Carmelitas
Descalzos la atención del Centro de Espiritualidad Nuestra Señora
del Carmen. Este centro está dedicado a la Virgen del Carmen y
ella, como madre, nos ayuda a todos en este lugar a crecer en los
caminos del Espíritu.
Para el crecimiento espiritual ofrece retiros, seminarios, clases,
jornadas de oración y reflexión y acompañamiento espiritual.
Este centro quiere ser una casa de oración, de experiencia de
Dios, de encuentro con el Dios amor, el Dios Padre que predicó
Jesucristo. Quiere ser otro pequeño Monte Carmelo donde se respire
el aire puro, y no contaminado por las preocupaciones del mundo.
Remanso de paz, donde las personas se encuentren a sí mismas y
puedan descubrir en su corazón un espacio para Dios y para los
demás.
Aquí todo habla de Dios: las plantas, los animales, la creación
entera. Hay un gran árbol, “el árbol gigante” que con su grandeza
y hermosura proclama la bondad y grandeza de Dios. El nos da una
gran lección, la de enraizarnos fuertemente en la tierra, pero
apuntando al cielo. El habla de años, de perseverancia en el
caminar; sabe de vientos, de tempestades, es testigo de la luz y
de la noche.
Muchos católicos han tenido la suerte de viajar a Tierra Santa y
visitar el Monte Carmelo, pedazo de mar, tierra y cielo; allí se
han encontrado, a través de María, con Jesús, su hijo. Esto es una
gran gracia.
Aquí en Miami hay un lugar llano, no muy lejos del mar, desde
donde se puede vivir una experiencia de cielo. Se llama el Centro
de Espiritualidad. Aquí se respira y se saborea a Dios, aquí es
fuerte la presencia de María, aquí se bebe paz para regalar.
|