ARCHIVO

BUSQUEDA

PORTADA

 ARQUIDIOCESIS MIAMI
 ARZ. J.C. FAVALORA
 CALENDARIO
 MUNDO Y NACION
 VATICANO
 LIBROS / CINE / ARTE
 IGLESIA EN CUBA
 IGLESIA EN A. LATINA
 OPINIONES
 ESPIRITUALIDAD
 ENLACES

 

Para el desarrollo sostenible, el desarrrollo de una conciencia ecológica


Patricia Samaniego

Los seres humanos vivimos en este complejo mundo que nos muestra su belleza y armonía. Contemplar la belleza de la naturaleza abre nuestro espíritu para comprender el misterio de Dios. El en su infinita sabiduría dispuso la creación para nosotros y nos la ofreció para cuidarla con responsabilidad.

El centro de la creación es la persona humana marcada por su imagen y semejanza dotada de un alma inmortal, lugar donde reposa nuestra autoconciencia y libertad. Destinados a vivir en su proyecto de amor. Dios nos puso en el mundo para que cooperáramos con El.

Pero cada día observamos el incremento de la violencia, del hambre, la pobreza y las enfermedades, males que causan el sufrimiento del ser humano. También preocupan las consecuencias negativas que proceden de la degradación de algunos recursos naturales fundamentales, como el agua, el aire y la tierra causada por un progreso económico y técnico que no tiene límites.

La cultura de hoy nos muestra la manera más rápida de destruirnos. Los gobiernos prefieren gastar más en armamento que en la educación ecológica de sus ciudadanos, y resta la capacidad de construir una cultura de armonía con la naturaleza. La destrucción actual del ambiente es un aspecto más de una profunda crisis moral.

Ante estos problemas mundiales las Naciones Unidas, ente promotor de la Cumbre Mundial de Desarrollo Sostenible, realizado en Johannesburgo, propuso emprender acciones relacionadas con el agua, la energía, la agricultura, la biodiversidad y la salud.

La cumbre quiso ser una oportunidad para que los gobiernos, las corporaciones y la sociedad civil adquieran compromisos para mejorar la vida de las personas de una manera sostenible, estableciendo programas para lograr revertir los patrones destructivos, pero resultó débil en metas y plazos, sólo se asignó por primera vez alta prioridad política a las cuestiones del agua y el saneamiento.

Es sabido que los estilos de vida que suponen un elevado consumo siguen agravando los sistemas de apoyo biológico naturales de la tierra y los cambios climáticos causados por políticas energéticas irresponsables. De ahí que hace falta cambiar nuestros patrones de desarrollo, porque pondremos en riesgo la seguridad de la tierra y sus habitantes.

Como siempre, quedó rezagado el problema de la pobreza que se ha agravado por las consecuencias indirectas de la acelerada producción y consumo, ejerciendo una enorme presión sobre los recursos humanos y naturales.

Se ha discutido bastante sobre la manera de resolver la batalla contra el subdesarrollo y en realidad es evidente que la extrema pobreza es el principal problema que hay que solucionar a corto plazo.

La Santa Sede ha levantado su voz para promocionar la centralidad del ser humano en el desarrollo sostenible, porque todo hombre tiene derecho a una vida saludable y productiva.

El respeto por la creación, implica asegurar que los bienes que ella nos proporciona sean distribuidos equitativamente entre todos.

Las personas que viven en la pobreza deben ser consideradas como sujetos participantes, no pueden ser instrumentos, sino protagonistas de su futuro. Definitivamente, el crecimiento humano es un beneficio para el mundo entero.

Todos los países tienen una diversidad de situaciones y cada persona tiene un papel que desempeñar en este mundo. Desde nuestra posición de cristianos pedimos que las sociedades más ricas sean más justas y tengan mayor caridad con los países pobres.

Una auténtica educación en la responsabilidad, exige una genuina conversión en la manera de pensar y actuar, promoviendo una cultura de la vida, que debería ser la base de una nueva cultura del desarrollo sostenible.

Definir la tarea de mejorar el ambiente mundial, construir un futuro más seguro, poner en práctica una forma más sostenible de desarrollo que mejore la calidad de vida actual, y podamos juntos construir un mundo mejor para las generaciones venideras es lo que deseamos los seres humanos.

Hace falta despertar nuestra conciencia ecológica responsable: respeto por nosotros mismos, por los demás y por la creación. Hace falta cambios de estilos de vida, de modelos de consumo y producción. El camino actual sólo traerá resentimiento, desesperación y, sin duda alguna, más violencia.

El desarrollo de una conciencia ecológica se ha de definir con nuevas iniciativas, programas concretos y compromisos claros entre los gobiernos. Con un desarrollo sostenido podremos vivir en armonía con nuestro ambiente natural.

Nuestra vocación ecológica heredada de nuestros primeros padres nos debe hacer conscientes que sólo somos administradores de las riquezas de la creación, que son un bien común que todos hemos de compartir.

 


Un grupo de etíopes protesta frente a la Cumbre Mundial de Naciones Unidas sobre el Desarrollo Sostenible, celebrado en Johannesburgo, Sudáfrica. Los etíopes se quejan de violaciones de derechos humanos en su país. La Oficina de Justicia y Paz de la Conferencia Católica Sudafricana de Obispos fue crítica con la falta de acceso que tuvieron los pobres a la cumbre.
(Foto: Reuters)

psspl@hotmail.com