Estrella del Mar

Ondina García Menocal
Qué lejos estaban
los turistas que caminaban por las calles de Cayo Hueso el domingo
1ro de septiembre, de saber que los ómnibus que se pararon frente
a la iglesia St. Mary, Star of the Sea, estaban añadiendo un
eslabón más a la cadena histórica que une a esa ciudad con la
Independencia de Cuba.
Sorprendidos se hubieran quedado si su curiosidad les hubiera
permitido observar el descenso de sus fervorosos pasajeros. Más
aún al descubrir que la pasajera más importante que esperaban
todos ver bajar era una imagen vestida de blanco a la que el
radiante sol de aquella hermosa mañana, le hacía resplandecer con
luz propia.
Una preciosísima réplica de la imagen original de Nuestra Señora
de la Caridad –la que se halla en el Santuario Nacional del Cobre,
en Cuba– había llegado para quedarse en la parroquia de María, la
Estrella del Mar, de Cayo Hueso.
Es la Virgen Estrella del Mar de los cubanos, la que ha acompañado
a miles de balseros que han logrado arribar a tierras de libertad,
y también los ha recogido del fondo del mar para llevarlos junto a
su Hijo para la eternidad.
Ese domingo habíamos salido del Santuario Nacional de la Ermita de
la Caridad, en Miami, con la bendición que en nombre de Monseñor
Agustín Román nos dio el padre Francisco Santana. El había sido
designado por nuestro obispo para representarlo. Eramos por tanto
portadores de un sueño y de una gratitud.
El sueño era de nuestro obispo, Monseñor Román, y lo tuvo el 18
de mayo de este año, cuando celebrábamos la eucaristía en St. Mary
Star of the Sea como parte de la novena a la Caridad en
anticipación a la celebración del centenario de la Independencia
de Cuba, el 20 de mayo.
Monseñor Román expresó el deseo de que la imagen de la Virgen de
la Caridad que se venerara en St. Mary Star of the Sea
correspondiera con la importancia que tiene Cayo Hueso en la
historia de Cuba, y no la pequeñita imagen de yeso que había allí
ese día. Eramos portadores de nuestra propia gratitud, porque
aunque Monseñor Román estaba aún convaleciente, sabíamos que la
Virgen había intercedido por su recuperación de una riesgosa
intervención quirúrgica.
La preciosa imagen que llevamos data del siglo XVIII, y fue
adquirida por los padres del nuevo párroco, Francisco Hernandez.
Los miembros de la Archicofradía de la Virgen de la Caridad,
encargaron a Rogelio Zelada la reparación de la imagen hasta
convertirla en una réplica de la original. Yolanda Calzadilla,
haciendo uso una vez más de su creatividad, le diseñó y cosió el
vestido. Calzadilla ha sido por años la costurera de la Virgen de
la Ermita.
Durante el viaje descubríamos otro “milagro” que la Virgen ha
hecho en nuestra comunidad: los hijos que la acompañábamos a su
nueva morada no éramos sólo cubanos, éramos nicaragüenses,
peruanos, hondureños, colombianos, en fin, hermanos
latinoamericanos. La fe nos ha comprometido con ella para lograr
que nuestra comunidad se haga más fraterna. Descubríamos al llegar
que entre los que nos esperaban en el nuevo hogar de la Virgen se
daba la misma realidad: las nacionalidades se unían para darle la
bienvenida a la madre de Nuestro Señor Jesucristo, Madre de todos
los cristianos.
El pueblo cubano desterrado se ha aferrado a la Virgen como
símbolo nacional. Las celebraciones en el día de la Caridad en
todos los lugares del mundo donde hoy viven los cubanos así lo
atestigua.
Esta es la Virgen que, como nos recuerda el Documento de CRECED [Comunidades
de Reflexión Eclesial Cubana en la Diáspora]: “ha acompañado a su
pueblo desde los comienzos coloniales, como lo atestigua el relato
de su hallazgo alrededor de 1608. Ha estado junto a él en los
numerosos éxodos que ha sufrido, y se ha unido a él en este exilio
desde que comenzó a afirmar su identidad propia. María, la Virgen
Mambisa, ha estado presente en los dolores y vicisitudes de su
pueblo y lo sigue estando”.
En una calle de Cayo Hueso vimos la señal que indica que Cuba sólo
está a 90 millas. Para algunos serían 90 millas de separación,
pero para mí esa señal era la necesidad de seguir uniendo
eslabones para acortar distancias.
Nos despedimos de Cayo Hueso dejando allí la imagen en su nuevo
altar.
La Virgen de la Caridad sigue estando con nosotros, escuchando
nuestra perenne oración para que el amor a Dios y el amor a Cuba
nos mantenga siempre unidos. Y unidos en nuestro peregrinar vamos
cantando: “Todos tus hijos a ti clamamos, Virgen Mambisa, que
seamos hermanos”.
Ondina García Menocal es coordinadora de las Comunidades de
Reflexión Eclesial Cubana en la Diáspora (CRECED).

La Virgen de la Caridad de St. Mary Star of the Sea, en Cayo Hueso.
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