
Un Retiro con Juan Diego y María de Guadalupe
Virgilio Elizondo y Amigos
Editorial Lumen, Buenos Aires-México, 2002

Rogelio Zelada
Para el pueblo indígena mexicano la experiencia de Guadalupe
significó la resurrección de su identidad y su alma religiosa.
Destruido el imperio azteca, su poderío militar, sus estructuras,
su religión y sus templos, los primeros 10 años de la conquista,
estuvieron marcados por la desesperanza y la oscuridad. Los
misioneros de la nueva fe que llegaron del otro lado del mar para
evangelizar, y llenos de celo y entusiasmo aprendieron la lengua y
las costumbres de aquel pueblo noble, poco pudieron hacer, ya que
su modo de pensar basado en términos y abstracciones teológicas y
filosóficas eran inconcebibles para la cultura mexica, que usaba
símbolos e imágenes para referirse al mundo de las realidades
divinas. Si los indígenas andaban sin esperanza, también muy
descorazonados estaban los venerables frailes franciscanos, que
sólo habían logrado mínimos avances en su misión evangelizadora.
En esa hora de oscuridad y desconcierto María de Guadalupe, la
Madre del verdadero Dios por quien se vive, ilumina, desde el
cerro del Tepeyac, el comienzo de una historia que levantó y salvó
el alma de una nación en su momento más incierto y doloroso.
El relato mismo de las apariciones, el marco histórico, el
diálogo entre la Madre del Cielo y Juan Diego, la abundancia de
símbolos impresos prodigiosamente en el ayate y en el modo de
comunicar cada mensaje, nos deja ver cómo María adoptó el lenguaje
apropiado que los indígenas podían leer y entender. Juan Diego,
que no tuvo que dejar de ser indígena para ser cristiano, fue
tratado por María de Guadalupe con un lenguaje lleno de nobleza y
dignidad. Ella lo desafía a una misión que lo transformará en el
“primer misionero laico dentro del continente americano”.
Juan Diego al aceptar responsablemente todos los riesgos de pedir
al obispo Juan de Zumárraga edificar un templo en el Cerrito para
que la Madre pudiera dar a todos su amor, inició entre nosotros
la construcción de un templo vivo construido con el respeto y el
cuidado por la dignidad de los débiles, como dijera Juan Pablo II
al consagrar la actual basílica en la Villa de Guadalupe:
“Mientras no haya justicia y armonía entre los pueblos, no hemos
terminado de edificar el templo que María nos ha pedido”
El padre Virgilio Elizondo nos invita en Un Retiro con Juan Diego
y María de Guadalupe a recorrer “el camino de Juan Diego desde que
por primera vez escuchó la voz de la morenita”. Así como el
vidente del Tepeyac nunca volvió a ser el mismo, este retiro de
siete días desarrollado a través del silencio y la reflexión
individual, nos lleva por los senderos de la oración sencilla,
intima, suave y evidente, todo el tiempo guiados de la mano por
estos dos formidables interlocutores que transformaron el ser de
una nación.
Cada día del retiro cuenta con la visión peculiar de un autor
distinto: Gloria Inés Loya, Alex García-Rivera, Jeanette
Rodríguez, Anita de Luna, Rosendo Urrabazo y Virgilio Elizondo
aportan su valiosa visión personal a cada día de esta semana de
retiro, que cada cual puede adaptar a su horario o a sus
necesidades personales. Es un libro para meditar y actuar con
sinceridad; no en balde los autores del libro están convencidos de
que han trabajado para proveernos sólo la mitad del contenido del
retiro. A los lectores nos toca aportar la otra mitad.
(Este libro se puede encontrar en las librerías
católicas de la Arquidiócesis de Miami)
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