ARCHIVO

BUSQUEDA

PORTADA

 ARQUIDIOCESIS MIAMI
 ARZ. J.C. FAVALORA
 CALENDARIO
 MUNDO Y NACION
 VATICANO
 LIBROS / CINE / ARTE
 IGLESIA EN CUBA
 IGLESIA EN A. LATINA
 OPINIONES
 ESPIRITUALIDAD
 ENLACES

 

Cardenal François-Xavier Nguyen Van Thuan: del sufrimiento a la gloria

 

ROMA – El 16 de septiembre murió en Roma el cardenal François-Xavier Nguyen Van Thuan, presidente del Consejo Pontificio para la Justicia y Paz y autor de Testigos de la esperanza, el libro que recopila los Ejercicios Espirituales que Monseñor Van Thuan impartió a Juan Pablo II y a la Curia Romana durante la Cuaresma del Gran Jubileo del año 2000.

Monseñor Van Thuan pasó 13 años en las cárceles comunistas (nueve en régimen de aislamiento), después de que Pablo VI le nombrara arzobispo coadjutor de Ho Chi Minh, la antigua Saigón, en 1975.  Cuando fue deportado en 1991, Juan Pablo II le acogió en Roma, donde lo creó cardenal. El gran escritor vietnamita fallecido a los 74 años, nunca más pudo regresar a su patria después de ser expulsado y catalogado como persona non grata por el gobierno.

Entre sus obras se cuentan Cinco panes y dos peces, un testimonio de fe desde el sufrimiento de la cárcel; Mil y un pasos en el camino de la esperanza,  libro que escribió también desde la prisión en hojas de calendarios viejos; Peregrinos por el Camino de la Esperanza, inspirado en el gusto de Ignacio de Loyola por la lectura de la vida de los santos.

Publicamos aquí uno de los poemas escritos por el gran pensador vietnamita en prisión:

 

Preso por Cristo

Jesús,

ayer por la tarde, fiesta de la Asunción de María, fui arrestado.

Transportado durante toda la noche de Saigón hasta Nhatrang,  a cuatrocientos cincuenta kilómetros de distancia, en medio de dos policías, he comenzado la experiencia de una vida de prisionero.

Hay tantos sentimientos confusos en mi cabeza: tristeza, miedo, tensión;

Con el corazón desgarrado por haber sido alejado de mi pueblo.

Humillado, recuerdo las palabras de la Sagrada Escritura: “Ha sido contado entre los malhechores”.

He atravesado en coche mis tres diócesis: Saigón, Phanthiet, Nhatrang, con profundo amor a mis fieles,

Pero ninguno de ellos sabe que su pastor está pasando la primera etapa de su via crucis.

Pero en este mar de extrema amargura, me siento más libre que nunca.

No tengo nada, ni un céntimo, excepto mi rosario y la compañía de Jesús y María.

De camino a la cautividad he orado: “Tú eres mi Dios y mi todo”.

Jesús,

ahora puedo decir como san Pablo: “Yo, Francisco, prisionero de Cristo” (Ef 3,1)

En la oscuridad de la noche, en medio de este océano de ansiedad, de pesadilla, poco a poco me despierto: “Debo afrontar la realidad”.

“Estoy en la cárcel. Si espero el momento oportuno de hacer algo verdaderamente grande, ¿cuántas veces en mi vida se me presentarán ocasiones semejantes?

No, aprovecho las ocasiones que se presentan cada día para realizar acciones ordinarias de manera extraordinaria”.

Jesús,

no esperaré; vivo el momento presente colmándolo de amor.

La línea recta está formada por millones de puntitos unidos entre sí.

También mi vida está integrada por millones de segundos y de minutos unidos entre sí.

Dispongo perfectamente cada punto y mi línea será recta.

Vivo con perfección cada minuto y la vida será santa.

El camino de la esperanza está enlosado de pequeños pasos de esperanza.

La vida de esperanza está hecha de breves minutos de esperanza.

Como Tú, Jesús, que has hecho siempre lo que le agrada a tu Padre. Cada minuto quiero decirte: Jesús, te amo; mi vida es siempre una “nueva y eterna alianza” contigo.

Cada minuto quiero cantar con toda la Iglesia:

Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo…

—ZENIT