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Evangelio  y cultura en el tercer milenio

Discurso del Santo Padre Juan Pablo II ante el Congreso Nacional Italiano de Agentes de la Cultura y de la Comunicación el 9 de noviembre

Han reflexionado en el tema “Comunicación y cultura: nuevos itinerarios para la evangelización del tercer milenio”. Se trata de una perspectiva de fundamental importancia, que merece gran atención por parte de toda la comunidad cristiana.

Somos conscientes de que las rápidas transformaciones tecnológicas están determinando una nueva condición para la transmisión del saber, para la convivencia entre los pueblos y para la formación de los estilos de vida y las mentalidades. La comunicación genera cultura y la cultura se transmite mediante la comunicación.

Pero, ¿qué cultura puede generar una comunicación que no tenga en su centro la dignidad de la persona, la capacidad de ayudar a afrontar los grandes interrogantes de la vida humana, el compromiso de contribuir con honradez al bien común y la atención a los problemas de la convivencia en un clima de justicia y paz? En este campo hacen falta agentes que, a la luz de la fe, se hagan intérpretes de las actuales exigencias culturales, comprometiéndose a vivir esta época de la comunicación no como tiempo de alienación y extravío, sino como tiempo oportuno para la búsqueda de la verdad y el desarrollo de la comunión entre las personas y los pueblos.

Ante este “nuevo areópago”, forjado en gran medida por los medios de comunicación social, debemos ser cada vez más conscientes de que la evangelización misma de la cultura moderna depende en gran parte de su influjo. Podríamos creer que no estamos preparados, pero no debemos desanimarnos. Sabemos que no estamos solos: nos sostiene una fuerza incontenible, que brota del encuentro con el Señor. Si han asumido este compromiso, queridos agentes de la comunicación y de la cultura, es porque ustedes, como los discípulos de Emaús, han reconocido al Señor resucitado al partir el pan y han sentido que su corazón les ardía de alegría al escucharlo. Este es el manantial de la novedad cultural más auténtica, el estímulo más fuerte para un compromiso coherente de comunicación.

No dejemos de contemplar a Jesús de Nazaret, el Verbo hecho carne, que realizó la comunicación más importante de la historia de la humanidad, permitiéndonos ver, a través de El, el rostro del Padre celestial y dándonos el Espíritu de verdad, que nos lo enseña todo. Pongámonos una vez más a la escucha de la enseñanza de Cristo, para que la multiplicación de las antenas sobre los tejados, como instrumentos emblemáticos de la comunicación moderna, no se convierta, paradójicamente, en signo de la incapacidad de ver y oír, sino que sea signo de una comunicación que crece al servicio del hombre y del progreso integral de la humanidad.

Los que trabajan en los medios de comunicación y crean cultura, creyentes y no creyentes, deben tener una elevada conciencia de sus responsabilidades, sobre todo ante las personas más indefensas, que a menudo están expuestas a programas llenos de violencia y de visiones distorsionadas del hombre, de la familia y de la vida. La ausencia de vigilancia no es garantía de libertad, más bien, termina por favorecer un uso indiscriminado de instrumentos poderosísimos que, si se usan mal, producen efectos devastadores en la conciencia de las personas y en la vida social. En un sistema de comunicaciones cada vez más complejo hacen falta reglas justas para garantizar el pluralismo, la libertad, la participación y el respeto de los usuarios.

A todos les doy mi bendición.