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La Iglesia consuela a los enfermos de sida

Brenda Tirado Torres
La Voz Católica

A la persona que recibe el diagnóstico de una enfermedad crónica o mortal suele asaltarle sentimientos de miedo, ira o confusión. A los que han dado positivo en un examen de sangre al virus de inmunodeficiencia humana (VIH) también les acompaña el temor al rechazo por el estigma que conlleva, y el terror de morir en la soledad.

Los familiares y amigos de quienes tienen el virus –que en la inmensa mayoría de los casos provoca el síndrome de inmunodeficiencia adquirida, o sida– también se ven afectados por la crisis. No sólo sienten el dolor de saber que el ser amado padecerá una enfermedad cruel y mortal, sino también confusión al no saber qué hacer, cómo ayudarlo.

Para personas en situaciones como esa, la Arquidiócesis de Miami estableció el ministerio de VIH y sida, adscrito a Caridades Católicas. Además del programa de educación para los estudiantes de las escuelas católicas, el ministerio brinda servicios de apoyo y compañía a los enfermos, sus familiares y amigos.

Elemento fundamental del ministerio es el cuerpo de voluntarios, que se compromete a realizar visitas semanales y llamar a los “amigos”, los afectados por el virus y el sida que reciben beneficios del programa.

“Aquí ayudamos a ‘amigos’ de cualquier denominación o de ninguna. De la misma manera, los candidatos a voluntarios tampoco tienen que ser católicos”, dijo Barbara Powers, coordinadora de voluntarios para el condado Broward. “Simplemente les llevamos un mensaje de amor incondicional”.

Caridades Católicas también cuenta con el hogar Génesis, que ofrece albergue, recreación y atención sicológica a personas que tienen el virus o el sida. “Lo bueno de este lugar es que la gente, por lo general, se recupera”, dijo Laura Luder, coordinadora de programas de Génesis. “Son personas que no tienen casa y están muy mal. Pero el tratamiento ha cambiado de manera que cuando recibimos a un paciente en etapa terminal, mejora porque nos aseguramos de que vaya a sus citas médicas, que coma, que tome sus medicamentos”.

A pesar de los medicamentos, no existe cura para el virus ni para el sida. El virus afecta el sistema inmunológico hasta el punto de tener dificultades para combatir ciertas infecciones. Estas son conocidas como “infecciones oportunistas” porque aprovechan un sistema inmunológico debilitado para causar enfermedades. Muchas de las infecciones que pueden ser mortales para las personas que padecen de sida generalmente son toleradas y controladas por un sistema inmunológico sano.

No son pocos los enfermos que se vuelven rebeldes contra lo que tiene que ver con la religión. Para muchos, la atención que reciben de estos programas es el consuelo que necesitan para vivir con resignación y, en la mayoría de los casos, para morir en paz.

Ambos programas dependen de la generosidad de la comunidad para ofrecer sus servicios. Para información sobre el ministerio de VIH y sida, llamar al (954) 630-9404. Para información sobre el hogar Génesis, llamar al (305) 856-1043 o escribir al 3675 S. Miami Ave., Miami, FL 33133.


Dania Abreu, una de las residentes del hogar Génesis, el albergue de Caridades Católicas para personas con el VIH o el sida. (Foto: Brenda Tirado Torres)

Arquidiócesis desarrolla programa de educación para la prevención del virus

 

Irene Miranda

Especial / La Voz Católica

 

El 1ro. de diciembre se conmemoró el Día Mundial del Sida. La Arquidiócesis de Miami recordó a las víctimas de esta enfermedad con misas en los condados Broward y Monroe. La misa en MiamiDade será el domingo 8 de diciembre en la Catedral de Saint Mary a las 10 am. Allí asistirán alumnos de las escuelas católicas que conocen sobre la prevención del virus de inmunodeficiencia humana (VIH), que causa el síndrome de inmunodeficiencia humana (sida).

Muchos no saben cúanto se preocupa la Iglesia Católica sobre esta plaga. Piensan que discrimina contra algunos grupos y cuestionan qué se está haciendo por los enfermos.

En primer lugar, hay que notar que el sida cambió su rostro y continúa siendo una amenaza para toda la sociedad. Es un error pensar que es un problema exclusivo de los adictos a las drogas intravenosas o de los homosexuales.

El Programa Conjunto de las Naciones Unidas sobre el VIH/sida informó a finales de noviembre que 42 millones de personas en el mundo, incluyendo 3.2 millones de niños menores de 15 años, tienen el virus o la enfermedad. Más terrible aún es que dicha cifra podría llegar hasta 90 millones en el año 2010. Aunque los afroamericanos y los hispanos comprendemos menos del 25 por ciento de la población de Estados Unidos, acumulamos el 80 por ciento de los nuevos casos de infección, que han aumentado entre las mujeres heterosexuales, los jóvenes de ambos sexos entre las edades de 16 a 24 años, y los ancianos, tanto hombres como mujeres. Hasta junio de 2002, Miami era la primera ciudad en nuevos diagnósticos del virus en EU y la cuarta en muertes por la enfermedad. Fort Lauderdale es la tercera ciudad en nuevos casos del virus y la quinta en muertes por sida.

Como hay nuevas medicinas para el tratamiento, se le ha perdido el miedo a la enfermedad. Pero las estadísticas no mienten: cerca del 50 por ciento de los nuevos casos anuales de infección con el virus ocurre en personas menores de 25 años. El 25 por ciento de las personas con el virus se contagió durante su adolescencia.

A través de los medios, los jóvenes reciben  mensajes constantes de que pueden protegerse con condones, a pesar de que hay estudios que prueban que no son 100 por ciento efectivos para evitar el embarazo o las enfermedades. Las compañías farmacéuticas invierten millones de dólares en anuncios que muestran a personas con el virus llevando una vida “común y corriente”.

Sí, es cierto que la vida continúa después del diagnóstico. Pero esos anuncios esconden el lado cruel de una enfermedad que, casi siempre, incluye una “dieta” de al menos 30 medicinas diarias. Los anuncios muestran personas con cuerpos musculosos y bronceados, cuando la realidad es que muchos de los enfermos pierden masa muscular debido a lo que podríamos traducir como el “síndrome del desgaste” (“wasting syndrome”), el cual aún no tiene explicación médica,  mucho menos tratamiento.

Los obispos de la Florida están comprometidos con la prevención. En su carta pastoral del 1ro. de diciembre de 1995, dicen que “se debe brindar educación continua sobre el VIH y el sida en nuestras parroquias y escuelas. Los Centros para el Control de las Enfermedades han identificado a los adolescentes como uno de los sectores con mayor riesgo de contraer el virus en nuestros días. Mucho antes de alcanzar la adolescencia debemos decirles, en un lenguaje apropiado para su edad, que el cuerpo es un regalo de Dios y es templo del Espíritu Santo. Siguiendo absolutamente los principios morales de la Iglesia, debemos educarles sobre la abstinencia, la castidad y la transmisión y prevención de esta enfermedad, y crearles conciencia de que nadie, no importa su edad, es inmune”.

Un estudio realizado por el Centro para Investigaciones Aplicadas de la Universidad Georgetown, dado a conocer el pasado julio en la conferencia de la Red Nacional Católica para el Sida, en Chicago, indica que “para ser más efectivos, los educadores deben crear un ambiente seguro y de apoyo para la educación sobre el VIH y el sida, y utilizar una variedad de herramientas educativas. La educación será más efectiva si se incluyen los valores morales católicos”.

La Arquidiócesis de Miami y la Diócesis de Galveston-Houston son las únicas que han desarrollado un programa de educación para la prevención del virus. Nuestro programa  atiende las necesidades pastorales de las personas con el virus o el sida, y brinda apoyo a las personas afectadas por la enfermedad: los familiares y los amigos.

Parte importante de este ministerio es el currículo desarrollado por la Asociación Educativa Católica Nacional, y que ha sido autorizado por el arzobispo John C. Favalora y el Departamento de Escuelas Católicas.

A través de clases en las que se enfatizan los valores morales católicos comenzamos desde el nivel elemental educando sobre principios como la compasión hacia el enfermo y el respeto del cuerpo como templo del Espíritu Santo. Desde los grados intermedios se comienza a presentar la prevención del virus. Siguiendo las enseñanzas de la Iglesia, se les insiste que la sexualidad debe reservarse para el sacramento del matrimonio, en una relación fiel, monógama, y que debemos responder como cristianos a quienes padecen y están afectados por la enfermedad.

La Iglesia está haciendo mucho por las víctimas de sida pero, si todos somos Iglesia, ¿qué estamos haciendo por ayudar? De nada vale querer tapar el cielo con la mano: el VIH causa sida y, mientras no se encuentra la cura, el sida provoca la muerte. Es nuestra responsabilidad procurar que nuestros jóvenes no se conviertan en otra estadística. En el caso del sida, la ignorancia tiene consecuencias fatales.

Educadora del programa de VIH y sida de Caridades Católicas para Miami-Dade. Correo electrónico: ifmirandal@yahoo.com.