“El pueblo cubano necesita la
reconciliación”
“Sin libertad no puede haber ética”,
afirma el Cardenal Jaime Ortega en la celebración de la Jornada
Mundial de Oración por la Paz
Orlando
Márquez
La Voz Católica
“Nuestro pueblo está
necesitado particularmente de amor reconciliador y
reparador de heridas”, dijo el cardenal Jaime
Ortega en la homilía que leyó durante la Misa por la Jornada
Mundial de Oración por la Paz celebrada en La Habana, y añadió que
actitudes como éstas permitirán a los cubanos “mirar sin miedo al
futuro”.
El Cardenal Arzobispo de La
Habana presidió la Santa Misa acompañado por los Obispos
Auxiliares y casi todo el clero de la Arquidiócesis. Numerosos
fieles colmaron la Catedral habanera, donde estuvieron presentes
también representantes del Cuerpo Diplomático acreditado en Cuba.
Citando fragmentos del mensaje
del Papa Juan Pablo II para esta celebración, Pacem in terris, una
tarea permanente, el Arzobispo de La Habana recordó que Cuba
estuvo en el centro de la llamada “crisis de los misiles”, que
puso al mundo ante la amenaza de una guerra nuclear en octubre de
1962, cuando la desaparecida Unión Soviética situó armas nucleares
en la Isla, ubicada 90 millas al sur de los Estados Unidos. Seis
meses después, el Papa Juan XXIII hizo pública su encíclica Pacem
in terris.
Hoy “la situación del mundo ha
cambiado”, expresó el Cardenal cubano, pero añadió que “nuevas
amenazas se ciernen sobre la humanidad”, por lo que, según sus
palabras, “siguen en pie las cuatro condiciones para la Paz
propuestas por el Papa Juan XXIII: la verdad, la justicia, la
libertad y el amor”.
Al hacer una reflexión sobre
estas cuatro condiciones, el también Presidente de la Conferencia
de Obispos Católicos de Cuba afirmó que la verdad “está oscurecida
en el mundo actual”, pues los líderes políticos se apoyan muchas
veces en lo que llamó “medias verdades”, que generan “más
vacilación que certeza”, y otras veces “buscan imponer la ‘verdad’
de su ideología, y se cierran a toda sugerencia que pueda ayudar a
esclarecer el pensamiento y a darles seguridad a las personas”.
Al hablar sobre la justicia,
el cardenal Ortega calificó de “monstruosa desigualdad” las
diferencias económicas entre países y regiones, y añadió que
también en el interior de las naciones, particularmente las pobres,
“la justicia se enfrenta además a las decisiones de los gobiernos
que, o bien la dejan al azar de los vaivenes económicos, o imponen
una justicia social con merma de la libertad”.
En su reflexión sobre la
libertad, el Cardenal expresó que “en el pensamiento cristiano
católico la libertad ocupa un plano axial de primer orden en la
consideración del hombre y su dignidad”, porque “el mismo Dios
respeta la libertad que Él puso en el hombre”, y “esta verdad no
puede ser negada por ninguna filosofía”.
Aunque reconoció que el hombre
puede hacer mal uso de la libertad, siempre podrá ser llamado al
orden, pero rechazó cualquier intento de limitarla, “pues hay más
riesgo de deshumanización y de violencia” en coartar la libertad
que en respetarla. “Ninguna contrahechura de la libertad en el
comportamiento humano”, afirmó, “justifica que su ejercicio, en
cualquier orden de la vida, pueda ser impedido”, y añadió que tal
criterio es válido tanto para las familias y la sociedad, como
para los gobiernos.
“Sin libertad no puede haber
ética”, afirmó más adelante, porque, según sus palabras, “el ser
humano libre es el único capaz de un comportamiento ético, y puede
ser alabado, ensalzado, agradecido, cuando obra el bien a partir
de decisiones personales libres, y puede ser llamado al orden
cuando no obra de ese modo.
”Pero el hombre y la mujer
incapaces de decisiones porque no han sido educados para la
libertad, serán siempre hombres-masa, sin que pueda llegarse a
valorar sus actos positiva o negativamente, porque su actuar no
proviene de decisiones personales, sino del medio, de ocultos
temores, de las decisiones de otros”.
Al hablar sobre el amor, el
Cardenal manifestó que para lograr la justicia en las familias y
los pueblos es necesario lograr la reconciliación, “y ésta no se
da sin amor”. Dijo entonces que en Cuba era necesario un “amor
reconciliador y reparador de heridas viejas y nuevas, que haga
posible en todos los cubanos un sentimiento de casa común, de
patria como bien compartido por todos, de mano tendida sin interés”
para poder “mirar sin miedo al futuro”.
El cardenal Ortega añadió que
los creyentes cubanos deben “acoger con confianza la Palabra del
Señor y desplegar... esfuerzos con perseverancia y sin temor al
futuro”, para que las condiciones de paz se cumplan en Cuba. Para
ello, invitó a los católicos a “buscar con seriedad la verdad que
nos hace libres, practicar y exigir la justicia” y “poner en
práctica ese amor de Cristo que supera toda filosofía, que todo lo
aguanta, que todo lo excusa, que rechaza el mal, que se goza con
el bien, que todo lo espera”.
Jaime Ortega, que es Arzobispo
de La Habana desde 1981 y Cardenal desde 1994, concluyó su homilía
con una invitación a rezar para que en este nuevo año “cada
discípulo de Cristo en Cuba no ceje en su empeño por proclamar la
verdad y procurar la justicia, la libertad y testimoniar el amor”,
únicas condiciones para alcanzar la paz.
|