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De izquierda a derecha, Hermana Olga Villar, novicia Lili Tututi, postulante Nancy Luksemburg, Hermana Claudia Ortega, novicia Tere Gallarreta, novicia Karina Conrad y Hermana Ondina Cortés.


Hna. Ondina Cortés, rmi

He visto el rostro de Cristo

Ése es el lema para este año de la Jornada Mundial de la Vida Consagrada, que se celebrará el día 2 de febrero. Desde hace mucho tiempo, se celebra la Vida Consagrada en Roma en el día de la Presentación de Nuestro Señor en el Templo. En esa ocasión, religiosos de muchas congregaciones entran en procesión con velas encendidas a la Basílica de San Pedro. El sentido de este día es que, como dijo el año pasado Juan Pablo II, “celebramos el misterio de la consagración: consagración de Cristo, de María y de todos los que siguen a Jesús por amor al Reino”. En 1997, el Papa propuso esta celebración a la Iglesia universal.

El tema de este año es un reto para los religiosos, a quienes la Iglesia invita a ser ese rostro visible de Cristo. “La vida consagrada”, dice el documento Vita Consacrata, enraizada profundamente en los ejemplos y enseñanzas de Cristo el Señor, es un don de Dios Padre a su Iglesia por medio del Espíritu. Con la profesión de los consejos evangélicos, “los rasgos característicos de Jesús –virgen, pobre y obediente– tienen una típica y permanente ‘visibilidad’ en medio del mundo, y la mirada de los fieles es atraída hacia el misterio del Reino de Dios.” (Juan Pablo II, 1996)

Recientemente, en la parroquia Corpus Christi, la hermana Claudia Ortega profesó públicamente sus votos perpetuos como Misionera Claretiana. Claudia es nicaragüense, hija de una familia que le supo transmitir la fe. Para ayudarles, trabajó por varios años en contabilidad, aquí en Miami. Participaba activamente en la parroquia de Corpus Christi, iba a misiones a México, pero escuchó la voz del Señor, que le decía: “sólo te falta una cosa…”

La vocación a la vida consagrada es un llamado a hacer una entrega en totalidad, y Claudia respondió con todo su ser, entregando a Dios su libertad, su capacidad de amar y de poseer. La vida religiosa quiere ser una denuncia profética de la búsqueda egoísta del poder, del tener y del placer.

El consagrado es testigo, rostro de Cristo, de una manera eminente, cuando invierte todas sus energías en el proyecto de Jesús, el Reino. En el caso de la Hermana Claudia, el Señor le ha confiado una parcela muy especial en la Arquidiócesis de Miami: los jóvenes. Ella trabaja en el Centro Juvenil, y atiende como asesora espiritual los movimientos “Encuentros Juveniles” y “Amor en el Principio”, al mismo tiempo que se prepara profesionalmente en Barry University para ser Consejera.

Finalmente, la vida religiosa no se puede entender sin una vida de oración y de fraternidad. Estos son elementos esenciales del estilo de vida de Jesús. Desde su relación con el Padre y su vida en comunidad, aprendió y ejerció el amor, que es la esencia del cristiano. En la oración encontró la fuerza y la luz para vencer los obstáculos y mantener la sintonía con la voluntad del Padre.

Según los estudios que se han realizado, lo que más buscan los jóvenes que quieren consagrarse a Dios es una fuerte espiritualidad y una fraternidad vivida en alegría. Creo que en su búsqueda, Dios nos habla y cuestiona. El Señor sigue llamando, y damos gracias a Dios por los jóvenes que continúan dando su sí en la vida consagrada y el sacerdocio. En nuestra casa de formación aquí en Miami, hay actualmente tres novicias y una postulante. Pero tenemos que seguir orando al Dueño de la mies, por vocaciones santas al servicio del Reino.

Quiero terminar con las palabras de alabanza de Claudia al consumar su profesión, que reflejan el gozo de quien da su sí a Dios: “¿Cómo pagaré al Señor todo el bien que me ha hecho? Diría que no me alcanza la vida para darte gracias por todo lo que me has regalado, por todo lo que cada día he recibido de Ti, y me consagro, como Religiosa de María Inmaculada, Misionera Claretiana; te entrego todo lo que soy y tengo, para tu gloria y bien de tu Iglesia”.

Gracias te damos, Claudia, porque en ti “hemos visto Su rostro.”

Directora de la Pastoral Juvenil de la Arquidiócesis de Miami y representante de los grupos culturales de la Federación Nacional de Pastoral Juvenil Católica.