ARCHIVO

BUSQUEDA

PORTADA

 ARQUIDIOCESIS MIAMI
 ARZ. J.C. FAVALORA
 CALENDARIO
 MUNDO Y NACION
 VATICANO
 LIBROS / CINE / ARTE
 IGLESIA EN CUBA
 IGLESIA EN A. LATINA
 OPINIONES
 ESPIRITUALIDAD
 ENLACES

 

Se retiró Mons. Gilberto Fernández


“Haber respondido al llamado sacerdotal ha sido la mejor decisión de mi vida”, dijo Mons. Fernández en el momento de su retiro.

Brenda Tirado Torres
La Voz Católica

A principios del pasado mes de diciembre, Monseñor Gilberto Fernández anunció su retiro por razones de salud. Así culminó media década como obispo auxiliar de la Arquidiócesis de Miami, donde su humildad y su entrega al servicio del pueblo de Dios le han ganado el respeto, el cariño y la devoción de todo el pueblo católico del Sur de la Florida.

Monseñor Gilberto Fernández nació el 13 de febrero de 1935 en La Habana, Cuba. Allí, en su ciudad natal, recibió su formación sacerdotal en el Seminario del Buen Pastor, y fue ordenado en la Catedral de La Habana el 17 de mayo de 1959.

Su caminar en la fe se inició prácticamente el día de su nacimiento, en el seno de una familia de profundo catolicismo. Fue el quinto hijo de los esposos José Fernández y Consuelo Villar, quienes inculcaron en su familia una tradición lo suficientemente fuerte como para moldear no sólo el destino de uno de sus ocho hijos, sino de cinco, en la vida consagrada.

 “La fe de mamá era tremenda: misa diaria sin fallar, y siempre llevaba a alguno de nosotros al rosario que rezaba todas las tardes en la iglesia”, recordó.

Esas costumbres encaminaron a Orlando, el mayor de los hijos del matrimonio, a ingresar en el seminario, seguido por Nelson. Ellos “venían llenos de alegría por estar en el seminario, seguros de que el Señor los llamó”, contó Monseñor Fernández. Eso motivó a sus hermanos Gilberto y Fausto, y a su hermana Lilia, a optar también por la vida religiosa.

El hecho de que cinco de ocho hijos decidieran entregar sus vidas al Señor sirvió de inspiración a muchas personas, recordó el Obispo Auxiliar emérito.

“Allá en Cuba no había muchas vocaciones, y que hubiera tantas en una sola familia fue algo que motivó a otros jóvenes a explorar su vocación también”, dijo.

Llegó a la Florida con tantos otros sacerdotes cubanos que fueron expulsados de su patria amada en 1967. En la Arquidiócesis de Miami comenzó su labor pastoral como asistente parroquial de la Misión Santa Ana, en Naranja, de 1967 a 1969. De ahí siguieron nuevos nombramientos: administrador de Our Lady Queen of Peace, en Delray Beach, de 1969 a 1971; asistente parroquial de St. Patrick, en Miami Beach, de 1971 a 1974; párroco de Sacred Heart, en Homestead, de 1974 a 1979; párroco de San Pablo, en Marathon, de 1988 a 1989; párroco de St. Kevin, de 1989 a 1996; y director espiritual del Seminario St. John Vianney, en Miami, de 1996 a 1997.

Además, Monseñor Fernández fue miembro de la Comisión Arquidiocesana de Liturgia; la Junta de Personal; el Consejo Presbiteral; el Comité de Incardinación y las Juntas Asesoras del Diaconado Permanente y los Cementerios Católicos.

Ha sido un hombre entregado a servir al prójimo. De todos los apostolados en los que participó, el que más lleva en su corazón es el de visitar y acompañar a los enfermos.

“Cuando una persona está muy enferma o está a punto de morir, la presencia del sacerdote es algo que no sólo impacta a esa persona, sino al mismo sacerdote”, dijo. “En ese momento nos damos cuenta de que podemos ayudarle a dejar atrás sus pecados y a enfrentarse a la muerte como algo positivo. Podemos recordarle que el Señor siempre nos está esperando”, explicó.

Monseñor Fernández recuerda que en 1997, cuando se le notificó sobre su nombramiento como obispo auxiliar de la Arquidiócesis de Miami, fue tanta la sorpresa que le pidió tiempo al arzobispo John C. Favalora para reflexionar sobre ello y pensar por qué había sido él el escogido, entre otros tantos hermanos sacerdotes “mejor capacitados que yo”.

El 3 de septiembre de 1997 fue ordenado obispo titular de Irina y obispo auxiliar de la Arquidiócesis de Miami. Desde entonces sirvió como director ejecutivo del Ministerio de Servicios Pastorales, que abarca los Movimientos Apostólicos y las Asociaciones; la Pastoral de Vida Familiar; la Pastoral de Jóvenes y Jóvenes Adultos; la Pastoral para los Enfermos; el Centro Schott para personas sordas e incapacitadas; Vida Rural; la Pastoral de Prisiones; la Oficina del Respeto a la Vida; la Pastoral Universitaria; la Pastoral de Católicos Negros; el Apostolado del Mar, y la Evangelización.

En la Conferencia de Obispos Católicos de Estados Unidos, integró el Comité de Asuntos Hispanos y el Comité sobre la Mujer en la Sociedad y en la Iglesia.

Ante el el momento del retiro, reflexionó sobre el rumbo que tomó su vida.

“Haber respondido al llamado sacerdotal ha sido la mejor decisión de mi vida”, aseguró. Sobre su futuro, no vaciló en afirmar: “quiero servir cuanto pueda. Tengo el deseo de seguir adelante y ayudar a la Iglesia y a los demás. Pido a Dios que me dé fuerzas para seguir sirviendo a la Iglesia”.