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Misión profética


Padre Francisco Santana

El 17 de diciembre recibí una llamada telefónica desde Estrasburgo a las 2 de la mañana (hora de Estrasburgo), de Oswaldo Payá Sardiñas. Oramos juntos y me pidió la bendición; horas después, Oswaldo recibía, en nombre de todos los cubanos, el premio Sájarov de la Unión Europea.

En febrero del año 1986 se celebraba en La Habana el Encuentro Nacional Eclesial Cubano , como culminación de la Reflexión Eclesial Cubana que, partiendo desde la parroquia y llegando al nivel diocesano, se planteaba la encarnación de los católicos en la realidad cubana.

No se puede comprender a Oswaldo sin tener como punto de referencia su experiencia de democracia en este evento de la Iglesia en Cuba, donde participó como delegado de la Vicaría Cerro-Vedado. En 1985 había iniciado mi prédica del Evangelio al pueblo cubano en el programa religioso de Radio Martí, “El Cubano y su Fe”. Pocos meses después de la celebración del ENEC, recibía la primera carta de un laico católico de la Parroquia de El Cerro, llamado Oswaldo Payá Sardiñas, para compartir conmigo sus preocupaciones sociales basadas en el Evangelio. Así se inicia un intercambio epistolar frecuente y llamadas telefónicas, que van creando un vínculo en el Espíritu sobre nuestras preocupaciones comunes en materia de Doctrina Social Católica, y la situación de los derechos humanos en Cuba.

Poco tiempo después, se funda la Peña Cristiana del Pensamiento Cubano en la Parroquia de El Salvador, en el Cerro; se comienza a publicar una hoja mimeografiada, titulada Pueblo de Dios, y en 1988 nace El Movimiento Cristiano Liberación. Desde entonces, el Viejo Paco, recordando las epístolas del Viejo Pablo, se convierte en mi seudónimo de paz, no de guerra.

En 1989, en una Conferencia de Prensa, doy a conocer en el exterior dos documentos del M. C. L.: La Proclamación y el llamado al Diálogo Nacional, un proyecto de Oswaldo para realizar un Encuentro Cívico Nacional Cubano, basado en su experiencia eclesial del año 1986. Confieso que me temblaban las piernas. Monseñor Román me había dicho que no podíamos exigir a nadie el martirio, pero que teníamos que respetar la decisión de aquéllos que estaban dispuestos a enfrentarlo. Rezamos mucho.

Oswaldo no fue a la cárcel, pero comenzó su largo vía crucis de actos de repudio, detenciones y la aplicación indirecta de presiones sicológicas para forzarlo a abandonar su misión profética. Con el pasar de los años, se va desarrollando una sintonía espiritual que crea una identificación entre los dos,  hasta el punto de llegar a saber lo que el uno y el otro estamos pensando.

En 1997, una grave enfermedad de su hijo Oswaldito hace que Oswaldo y su esposa, Ofelita, se trasladen a Miami y permanezcan en esta ciudad varias semanas. Los fui a recibir al aeropuerto. Nos abrazamos y lloramos. No se puede entender a Oswaldo sin conocer a Ofelia Acevedo, la mujer fuerte de la cual nos hablan las Escrituras. El niño mejora y regresan a Cuba.

Nunca olvidaré una mañana en la que, conversando con Oswaldo alrededor de la Ermita sobre nuestra pasión por Jesucristo y Cuba, el Señor nos transportó al Monte Tabor y sentí un estado de paz y de amor, propio de la experiencia mística, que no puedo describir con palabras. Era el sello de Dios sobre dos vidas paralelas: la de un sacerdote católico en el exilio, dedicado al ejercicio de la caridad sin fronteras con los más necesitados en la Isla, y la de un laico católico en la misión profética de llevar al campo social y político intramuros, los valores del Evangelio.

El tiempo ha pasado, seguimos cargando la cruz, y ya sentimos cercana la aurora de la Resurrección para nuestra amada y sufrida Cuba.

Sacerdote del Santuario Nacional Ermita de la Caridad.