Nuestra Señora de La Altagracia

Rosario Manso, coordinadora de las Comunidades de Base de la
Misión La Altagracia, y su esposo, José Manso, dialogan con uno
de los residentes del barrio para invitarle a que visite la
Misión. (Fotos: Brenda Tirado Torres)
1779 NW 28 St., Miami
Misas: domingos a las 9:30 AM
Desde su cuartel en el barrio de Allapatah, temprano en la tarde
del primer sábado de cada mes, sale un ejército de paz a la
conquista de almas. Está integrado por los miembros de las cinco
Comunidades de Base de la Misión Nuestra Señora de la Altagracia,
fieles católicos de diversas nacionalidades hispanas vestidos con
llamativas camisetas rojas, que entonan himnos y elevan plegarias
para que el Señor abra los corazones de aquellos a quienes
sorprenderán con su visita.
¿Por qué el color rojo?
“Porque es el color del fuego del Espíritu Santo”, se apresuró a
contestar José Manso, esposo de Rosario Manso, coordinadora de las
cinco Comunidades de la Altagracia.
A las notas de Santa María del Camino, salieron de la capilla
donde encomendaron las visitas de la tarde.
“¡Ven con nosotros al caminar, Santa María, ven!”, cantaba
Victoria García al dirigir a sus sonrientes compañeros que salían
al encuentro de otros hermanos en las calles, en las casas, y
hasta en las barras y supermercados de ser necesario, para
llevarles la Buena Noticia e invitarles a las misas y actividades
en la casa del Señor, su casa.
El local donde se encuentra la capilla de la Altagracia y donde se
reúne su comunidad es compartido con Radio Paz, mientras se
consiguen los fondos necesarios para la construcción de su Misión.
Desde un principio, la capilla fue construida no sólo para atender
las necesidades espirituales de los vecinos de Allapatah, sino
también para las de los ancianos que residen en el Malcolm Ross
Senior Center, también conocido como “Las Tres Torres”. Muchos no
podían llegar hasta la iglesia Corpus Christi por la distancia;
otros, por sus enfermedades. Ahora tienen la capilla a menos de
una cuadra.
Como sucedió en el vecino barrio de Wynwood, sede de la Misión San
Juan Bautista, y donde en un principio la mayoría de los
habitantes era puertorriqueña, en Allapatah la mayoría era
dominicana. Con el paso de los años, ambos sectores han recibido a
un gran número de centroamericanos, pero conservan sus respectivas
identidades: aquél como boricua y éste como dominicano.
Por eso, aunque la fachada del templo combinará elementos de la
Ermita de la Caridad y las iglesias St. Dominic e Immaculate
Conception, también incorporará elementos de la Basílica de
Nuestra Señora de la Altagracia en Higüey, República Dominicana,
como los colores y los arcos que se levantarán sobre la Misión. La
simbología no podía ser desatendida, ya que es uno de los
elementos por los que el Padre José Luis Menéndez, párroco de
Corpus Christi, siente fascinación.
“Cuando ves el cuadro de la Virgen de la Altagracia, sus manos
están colocadas en forma de arco, rezándole al Padre a través de
la intercesión de su Hijo, Jesús, por sus hijos que se encuentran
en la Tierra”, explicó el sacerdote. “Ese arco se convierte
también en puerta del cielo, porque María, como intercesora, abre
las puertas del cielo a sus hijos. Por tanto, es un símbolo muy
bonito que, más que el Arco de la Alianza, es la puerta y las
manos intercesoras”.
Pero la Ciudad de Miami se mostró reacia a aprobar el proyecto.
Esta circunstancia ofreció a la comunidad de Corpus Christi una
oportunidad de poner en práctica las enseñanzas de su párroco: hay
que superar la desidia y actuar.
La noche del 4 de noviembre del año pasado, los fieles de Corpus
Christi abarrotaron el Teatro Manuel Artime, donde se realizaban
las vistas públicas para aprobar o denegar la construcción de La
Altagracia. Tan pronto se dieron cuenta de que el proyecto estaba
en riesgo, los presentes alzaron sus voces de tal manera, que los
representantes de la ciudad no tuvieron otro remedio que aprobar
la construcción.
“Yo no pude ir porque tenía una reunión en la iglesia”, recordó
Susana Hermida, secretaria de la parroquia. Ajena a la conmoción
que tuvo lugar en el Teatro aquella noche, dijo que los miembros
de la comunidad regresaron muy tranquilos a la iglesia para
informar a sus hermanos, con mucha naturalidad, que “no hubo
problemas”.
A la comunidad de La Altagracia sólo le falta el templo para poder
decir: “Misión cumplida”.
Brenda Tirado Torres

Melania Grullón, Yolanda Barahona,
Leonora Liriano y Felícita López preparan el programa de visitas
para la evangelización del barrio de Allapatah.

Los miembros de las Comunidades de Base de la Misión La
Altagracia entonan himnos marianos al salir a visitar a los
vecinos de la zona.
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