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Un profeta en el Exilio ha muerto
Mons.
Agustín A. Román
17 de marzo
del
2003
La muerte de
Monseñor Eduardo Boza Masvidal nos llena de dolor y de admiración.
De dolor porque toda separación en la limitación de la vida
terrena es dolorosa, pero cuando el que parte ha vivido tan de
acuerdo con el Evangelio sabemos que recibirá del Señor la
recompensa de la bienaventuranza. El profeta es el que anuncia
la verdad y denuncia el error. Monseñor Boza ha sido el profeta
como Ezequiel en el Exilio de Babilonia que ha anunciado como
sacerdote la verdad sobre Jesucristo, la Iglesia, y el hombre y
como cubano la verdad sobre Cuba. Profetizó la noche que
comenzaba el comunismo cuando muchos no la veían. Denunció
valientemente perteneciendo al episcopado cubano, causa por la
que fué desterrado el 17 de septiembre de 1961. Venezuela lo
recibió como al buen hermano y él sirvió como el sacerdote
ejemplar pero como la caridad por ser el mismo amor infinito de
Dios que se derrama en nuestros pobres corazones no tiene
limitaciones supo llamar y vivir la integración necesaria en todo
desterrado que se distingue de la asimilación. Un hombre se
asimila cuando pierde totalmente sus raíces para adquirir las
raíces del pueblo que lo recibe y un pueblo se integra cuando sin
perder sus raíces adquiere las del pueblo generoso que lo recibe.
Recuerdo cuando presentó esta amplia distinción en II Encuentro
de Pastoral de Washington en 1976 y los asistentes la hicieron
parte del documento final.
Nacido en
Camagüey, el 22 de septiembre de 1915, educado en La Habana, en
el Colegio de La Salle, hizo su doctorado en Filosofía y Letras
en la Universidad dejándonos un tesoro en su tesis sobre San
Francisco de Asís que llamó: “El Juglar de Dios”. Conservó el
auténtico patriotismo hasta su muerte el pasado domingo, 16 de
marzo en que partió para la patria definitiva donde se encontrará
con Jesucristo y su Madre Santísima y todos los bienaventurados.
Desde el principio de su destierro como respuesta para que Cristo
y Cuba no se perdieran de nuestros corazones, fundó la
Fraternidad de Clero y Religiosos para los que hemos sido llamado
al servicio del Reino. Fundó la UCE, Unión de Cubanos en el
Exilio para el laicado cubano y fundó CRECED, las Comunidades de
Reflexión Eclesiales Cubanas en la Diáspora con una de las
reflexiones más extensas que ha tenido el destierro cubano en
diecinueve países distintos donde el exilio en diáspora se
encuentra llamando a vivir la Nueva Evangelización. Escribió
desde 1968 el reglamento de la Cofradía de la Virgen de la
Caridad para orientar correctamente la verdadera devoción a la
Virgen.
Sin dejar de
trabajar una sola hora en sus 59 años de sacerdocio y en sus 43
años de episcopado, visitó anualmente a sus hermanos del exilio,
les escribió mensualmente un mensaje y les respondió sus cartas a
mano. En algunas ocasiones, dijo “hay gente que se ahogan en el
agua y yo me ahogo en la abundancia de la correspondencia”.
Ha partido un
Profeta cubano y también un Padre ejemplar que intercederá en el
cielo por este pueblo en éxodo que como el pueblo hebreo no se
cansa hasta no llegar a su tierra prometida. Ha partido también
un maestro pues nos ha dejado un mensaje escrito en su exilio en
el libro “Voz en el Destierro” y una autobiografía que no
permitió hasta su muerte saliera a la calle.
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