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Misión San Juan Bautista

Todos los sábados, cientos de niños
asisten a la catequesis en las cuatro misiones de Corpus
Christi. La niña Flor Cotto pide al Señor que no haya guerra, en
la oración que da inicio a la catequesis en la misión San Juan
Bautista.
(Fotos: Brenda Tirado Torres)
Misión San Juan Bautista
3116 NW 2 Ave., Miami
Misas: domingos, 11:00 am
La Misión San Juan Bautista, en Wynwood, es un pedacito de Puerto
Rico en Miami. Desde la calle llama la atención su fachada
colonial, similar a la de una iglesia católica en el centro de
cualquier pueblo de Borinquen.
Esa Misión es “la hija mayor de Corpus Christi”, según la ha
descrito su párroco, el Padre José Luis Menéndez. Inicialmente
establecida para atender las necesidades espirituales de la
población puertorriqueña que predominaba en el barrio hasta la
década del 90, en la actualidad San Juan Bautista acoge a una
variedad de inmigrantes hispanos.
Visitar la Misión es pasear entre símbolos. Sobre la entrada, un
bajorrelieve de San Juan Bautista invita a entrar a la iglesia
para encontrarse con Cristo, el Cordero de Dios.
En el primer pasillo se reproduce el símbolo bautismal. Al entrar,
lo primero que se hace es renunciar al pecado al pisar la cabeza
de la serpiente, representada en un mosaico. En la pared a la
derecha, otro mosaico reproduce un incensario para recordar las
palabras de Jesús: “Si estás para presentar tu ofrenda en el
altar, y te acuerdas de que tu hermano tiene algo contra ti, deja
allí mismo tu ofrenda y vete a hacer las paces con tu hermano;
después vuelve y presenta tu ofrenda”. (Mt 5; 23-24.)
A la izquierda hay una pequeña capilla con imágenes de San Juan
Bautista, un crucifijo, y una imagen de la Virgen de la
Providencia, patrona de los puertorriqueños, confeccionada hace
150 años. En la ventana de la derecha hay un vitral del
puertorriqueño Carlos Manuel (Charlie) Rodríguez, primer laico del
Caribe beatificado por el Papa Juan Pablo II, en abril de 2001. La
ventana de la izquierda, que da a la calle, es transparente, de
manera que la persona que desee asomarse para rezar pueda hacerlo.
Pasado el pequeño pasillo, se llega a una plazoleta que recuerda
las de la Isla del Encanto. Su techo es sostenido por 12 columnas,
representativas de los 12 apóstoles. Al centro hay una pila
bautismal octogonal, porque el número ocho significa “algo nuevo
empieza hoy”. Sobre ella se levanta una imagen en bronce de San
Juan Bautista niño. En las paredes está colocado el Vía Crucis,
para recordar que somos bautizados en la muerte y resurrección. La
plaza sirve como un área intermedia entre la calle y el templo. Al
abrir las puertas, se entra al templo, el Salón de la
Transfiguración. Así lo llama el Padre Menéndez, porque allí se
llega a la presencia de Dios.
En la parte superior de cada pared se encuentra un vitral. En la
del presbiterio, el de la Transfiguración. Sobre la pared
izquierda, el vitral es de San Juan Bautista, y sobre la derecha,
otro representa a Herodías con la cabeza de San Juan, para
recordar que quien está dispuesto a ser profeta debe estar
dispuesto a pagar el precio.
En el techo, una hermosa representación de la Puerta del Cielo,
del pintor Gervasio Esturo (quien falleció seis meses después de
terminar la obra) recuerda que, si estamos transfigurados en
Cristo, no es necesaria una puerta para salir a su encuentro.
En la obra, el rostro de la Virgen, asunta al cielo entre dos
palmas reales, denota la madurez de los años. A María, la primera
en llegar a donde está Cristo, la rodean 25 angelitos de distintas
razas, representativos de la diversidad de Miami, inspirados en
niños de la comunidad parroquial. Abajo, a la izquierda, dos
hombres: uno, el Padre Menéndez, contempla la Asunción; el otro,
el Padre Pedro Corces, mira al pueblo.
El Padre Corces se desempeña en la acualidad como director de
Vocaciones de la Arquidiócesis de Miami. A principios de la década
de 1990 fue párroco asociado de Corpus Christi y fue a él a quien
el Padre Menéndez asignó la Misión San Juan Bautista y la
evangelización de la zona.
Al igual que en las demás misiones y en la propia “iglesia madre”
(Corpus Christi), la Misión San Juan Bautista cuenta con
Comunidades de Base cuyos miembros se organizan para realizar
visitas a casas, apartamentos, “y a donde sea necesario, para
llevar la Palabra de Dios”, manifestó su coordinadora, Ana
Echezarreta, de nacionalidad colombiana.
Las Comunidades de Base son responsables del mantenimiento. En San
Juan Bautista, cada sábado va un equipo distinto a realizar la
impecable limpieza, y cada domingo otro equipo se encarga de
vender la comida, con la que se conti-núa recaudando fondos para
el mantenimiento y la construcción de un centro catequético y de
reuniones, en el terreno localizado en la esquina de la Calle 12.
Edith Muñiz, una puertorriqueña que pertenece a la Misión desde
1989, cuando se congregaba en el auditorio de la escuela Buena
Vista, recordó que “con mucho sol y trabajo, vendiendo arroz con
gandules, alcapurrias y pasteles después de Misa, se pudo recaudar
un poco de dinero para comenzar la Misión”.
En la actualidad, entre el terreno y San Juan Bautista hay un
edificio de apartamentos cuyo dueño “está pidiendo demasiado y no
quiere bajar el precio”, informó Muñiz, “pero esperamos otro
milagro para poder comprarlo y ampliar la Misión. No tendremos
recursos, pero en Dios lo podemos todo”.
Brenda Tirado Torres

Benedicta Cortés reza frente a la imagen de la Virgen de la
Providencia, patrona de Puerto Rico, en la capilla de la Misión
San Juan Bautista, en Wynwood. A su espalda, el vitral del beato
puertorriqueño Carlos Manuel (Charlie) Rodríguez.

Ana Echezarreta (centro), coordinadora de las Comunidades de
Base en Wynwood, planifica, junto a Jorge Flores y su esposa
María Flores, las visitas puerta por puerta que van a llevar a
cabo en el barrio.
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