Lo
que no es negociable en la fe católica
Ana Rodríguez-Soto
The Florida Catholic
A veces es difícil describir con certidumbre lo que creen los
católicos. ¿Debemos creer en las apariciones marianas de Lourdes,
Fátima y Medjugorje? ¿Somos malos católicos si no rezamos el
rosario?
Aquellas devociones y revelaciones privadas, acciones y
tradiciones enraizadas en la cultura de cada uno, parecen a veces
más importantes que los dogmas y las doctrinas, porque “tocan”
profundamente el corazón de la gente.
Adele González, directora adjunta de la Pastoral de Ministerios
Laicos de la arquidiócesis, dice que es muy importante que los
católicos tengan una clara comprensión de lo que “no es negociable”
en cuestiones de fe, y de lo que es mero adorno.
González propone esta analogía: Pensemos en nuestra fe como si
fuera un árbol de Navidad. El árbol propiamente dicho, que es el
tronco y las ramas, representa lo que no es negociable en la fe
católica: dogmas como la plena divinidad y la plena humanidad de
Jesús, el papel de María como madre de Dios y madre de la Iglesia,
la comunión de los santos y la santidad de la vida en todas sus
fases. “Si tenemos el árbol, tenemos lo único que es necesario”,
dice González, calificando a este árbol desnudo de “teología pura”.
“Pero la teología pura puede ser muy seca”, añade. “Es mucho más
atractiva si tiene adornos”.
Así pues, cada persona, cada cultura agrega adornos que reflejan
sus propios gustos, sus tradiciones familiares, sus recuerdos
específicos. En términos de la fe católica, estos adornos podrían
ser una devoción particular a María o a un santo determinado, una
preferencia por el rosario o por una novena en especial, un
énfasis en la justicia social o en la caridad.
En épocas distintas y en diferentes culturas, “nuestros árboles de
Navidad no tendrían que ofrecer, necesariamente, el mismo aspecto;
pero el árbol siempre es el mismo, incluso si su decoración llega
a cambiar”. La clave es recordar qué es mero adorno y qué es
artículo de fe. Las apariciones marianas de Lourdes y Fátima, por
ejemplo, aunque altamente reverenciadas, no son de creencia
obligatoria.
“Si eso nos ayuda, adelante con ello”, dice González. “Esto no
significa que la decoración no sea importante. Esto no significa
que los adornos no sean enriquecedores. Pero no hay que imponerlos”.
El problema es que, “en ocasiones, es mas fácil apegarse a un
ornamento que conocer el verdadero árbol”, añade. “Los adornos no
son un misterio. Son algo muy concreto. Pero el misterio es
realmente la base de nuestra fe”.
¿Por qué los católicos les rezan a María y a los santos, en vez de
dirigirse directamente a Dios?
“Nosotros le rezamos directamente a Dios, pero también procuramos
alguna intercesión de nuestros amigos. ¿Por qué no vamos a tener
amigos? Nosotros creemos en la comunión de los santos. Todos
estamos conectados. Todos somos parte de la misma familia. El
problema viene cuando la gente pone a los santos en el primer
plano, en el sitio principal. Eso es idolatría. Dios tiene que
venir primero. Jesús tiene que venir primero”.
Hermana Ann McDermott, osf
¿Creó Dios realmente el mundo en siete días?
“El libro del Génesis se incia con esta frase: “En el principio,
creó Dios…’ Lo más importante es comprender que Dios es el creador.
Esto se repite en el Evangelio de Juan: ‘En el principio existía
la palabra…’ La invitación es siempre la de entrar en el corazón
de la cuestión, o en la esencia de lo que se dice, y no la de
quedarse en la simple literalidad de las palabras”.
Hermana Ann McDermott, osf
¿Debe interpretarse la Biblia literalmente?
“La Biblia es una colección de libros: no un libro. En la Biblia
hay opiniones, hay cuentos folclóricos, noticias, tiras cómicas,
caricaturas políticas, relatos épicos, canciones, información
histórica, cartas. Los géneros son diferentes. Algunas cosas son
para tomarlas más literalmente; y otras, de manera más alegórica.
Pero hay que saber cuál es cuál. Es por esto que los comentarios
bíblicos son necesarios”.
Adele González
¿Cuál es el verdadero papel de las novenas y de otras devociones
privadas?
“La razón de ser de la novena es beneficiar al que reza, no
manipular a Dios para que nos dé lo que queremos. Nos ayuda a
reforzar nuestra dependencia de Dios, y la necesidad de que Dios
esté en nuestra vidas. Pero en ningún caso se intenta manipular y
forzar la mano de Dios para que haga lo que deseamos. A veces, nos
confundimos mucho en relación con estas cosas”.
Hermana Ann McDermott, osf
¿Existe el purgatorio?
El purgatorio se explica como un lugar/estado después de la muerte,
donde algunas almas, aunque están salvadas, deben pasar un período
de purificación antes de disfrutar plenamente de la visión de Dios.
Esta enseñanza se apoya en la práctica de orar por los difuntos,
de la que habla el libro segundo de los Macabeos, 12, 46, en el
Antiguo Testamento.
Aunque esta costumbre fue parte de la tradición cristiana durante
los primeros 15 siglos, la Reforma protestante del siglo XVI,
eliminó del canon bíblico los siete libros que eran considerados
como parte del A.T. desde un principio, pero que habían sido
escritos originalmente en griego, y no en hebreo. Como resultado,
las Biblias protestantes no incluyen estos libros, entre los que
se encuentran Macabeos 1 y 2.
La Iglesia Católica continúa la tradición de orar por los difuntos,
originada entre los judíos del siglo primero antes de Cristo, y
que ha jugado un papel central en la espiritualidad de la iglesia
primitiva hasta hoy.
Zoila Díaz, profesora de Ministerios Laicos, que participó en el
taller de la Universidad de St. Thomas.
¿Qué creen los católicos sobre el diablo?
El libro del Génesis (3, 1-5) nos presenta una presencia “seductora”,
opuesta a Dios, que tienta a los primeros seres humanos a
alienarse de Dios. Basándose en las referencias en Juan 8, 44, y
Revelación 12, 9, la Iglesia enseña la realidad de un ángel caído,
llamado Satán o diablo. La segunda carta de Pedro (2, 4) habla de
la caída de estos ángeles que rechazaron radical e
irrevocablemente a Dios y su Reino. La Escritura lo identifica
como “padre de la mentira”, “homicida desde el principio”, que
quiso apartar a Jesús de su misión.
No tenemos que ser eruditos para darnos cuenta de que existe un
mal en el mundo que va más allá de nuestros pecados personales o
sociales. Esta presencia del mal, lo que Juan llama “el poder de
las tinieblas”, es tan real como las fuerzas del bien. Sin
embargo, no podemos olvidar que el poder de Satán no es infinito,
no es un dios. Por poderoso que sea, es una criatura, y como tal,
no tiene el poder de impedir la edificación del Reino de Dios. Los
cristianos tenemos que cuidarnos de no convertir al diablo en un
dios, dedicándole tanta energía y dándole tanta importancia que
nos convirtamos en idólatras. Es triste que haya cristianos que
sepan más de Satán que de Dios.
Zoila Díaz
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