Cardenal Castrillón:
“No tengan miedo al predicar a Cristo”
Histórico evento reúne en Miami
a catequistas y evangelizadores de toda América

El cardenal Darío Castrillón Hoyos, prefecto de la Congregación
Vaticana para el Clero. (Foto: Ana Rodríguez-Soto/TFC)
Ana Rodríguez-Soto
The Florida Catholic
No hay duda alguna, dijo el cardenal Darío Castrillón Hoyos. Los
cristianos de hoy están en medio de “una batalla por el alma del
mundo moderno”.
Para ganarla, tienen que utilizar todos los medios a su
disposición, desde la internet hasta la televisión. Pero nunca
deben valerse del recurso de diluir el mensaje cristiano para
hacerlo más agradable. Y siempre deben mantener a Cristo como
centro.
“Es muy fácil buscar un acomodo respetable con el mundo”, dijo el
cardenal Castrillón a más de 100 obispos, catequistas y directores
de educación religiosa procedentes de casi todos los países de
América, que se reunieron en Miami del 25 de febrero al 1º de
marzo.
Pero “las buenas intenciones solas pueden llevarnos muy lejos de
nuestro terreno, y conducirnos a toda clase de errores”, advirtió
el cardenal Castrillón Hoyos.
El papel de los catequistas en la “nueva evangelización” propuesta
por Juan Pablo II, es el de confrontar sin temor la cultura
moderna, para que el Evangelio pueda volver a transoformar la
sociedad desde adentro.
El cardenal Castrillón, originario de Colombia, es Prefecto de la
Congregación Vaticana para el Clero, que también supervisa la
educación religiosa y la evangelización. Hizo un viaje de ida y
vuelta en un día entre Roma y Miami, para pasar algunas horas con
los participantes de la conferencia.
“Tuve que venir”, explicó el cardenal Castrillón, “porque
considero este congreso extremadamente importante. Lo que pase
aquí, en gran medida, determinará el futuro de la Iglesia”.
En su charla, apremió a los catequistas para que dirijan sus
campañas de evangelización y de educación al “hombre nuevo” del
mundo moderno, alguien profundamente consciente de su libertad
personal, convencido de su propia inteligencia, que exige
respuestas a sus preguntas, aunque encuentra comodidad en la
“religiosidad natural” y en una “filosofía elemental de la vida”.
Para encontrar a este “nuevo pagano”, señaló el cardenal, no hay
que ir a las selvas remotas donde se aventuraron los primeros
misioneros. Los misioneros de hoy deben tener el coraje de
acercársele en las “selvas de concreto” de las ciudades modernas,
entre las élites intelectuales que exaltan el papel de la ciencia
y la tecnología, a la vez que se oponen vigorosamente al mensaje
del Evangelio.
El cardenal Castrillón sugirió a los catequistas que prediquen el
Evangelio con la convincente simplicidad de los primeros
cristianos, una Iglesia primitiva que, mediante la palabra y las
obras, logró superar las objeciones intelectuales de los griegos y
el paganismo de Roma.
Los catequistas, continuó, deben enraizar su obra en Cristo y
someterse al magisterio de la Iglesia. “Tienen que comunicar a
Cristo a través de lo que enseñan y de lo que hacen”.
El cristianismo, después de todo, no es una simple tradición
cultural, no es simplemente una doctrina coherente o una filosofía
de la vida, sino “un encuentro vital y personal con Cristo”.
El papel de los catequistas, por lo tanto, es “abrir la puerta de
la fe para que Cristo, el Redentor, pueda entrar en las vidas de
la gente”.
Posteriormente, en una breve entrevista con The Florida Catholic,
el cardenal Castrillón Hoyos apremió a todos los católicos par que
hagan lo mismo que hicieron los primeros cristianos.
“Den testimonio entre sus hermanos de que Cristo, nuestro Señor,
ha resucitado, pues nosotros hemos recibido la misma noticia.
Tenemos que hacer lo que hicieron ellos. Tenemos que hacer llegar
esta noticia a quienes no la han escuchado. No debemos tener miedo,
como individuos, de hablar sobre lo que creemos”.
La conferencia sobre “La nueva evangelización y catequesis:
América habla de su experiencia”, fue la primera ocasión en que
representantes de las conferencias de obispos de Canadá, la
América Latina y los Estados Unidos, se reunieron para comparar
sus respectivas experiencias de catequesis y evangelización.
Su propósito fue proponer nuevas estrategias para predicar y
enseñar el Evangelio, en respuesta al llamado a “una nueva
evangelización” emitido por el papa Juan Pablo II tras el Sínodo
de América, en 1997.
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