Doctor del cuerpo y del alma
La obra de la Misión Médica Católica fundada por Julio Torres

“En nuestra clase médica hace falta la evangelización; son muy
pocos los médicos que están en los caminos del Señor”, dice
Julio Torres. (Foto: Brenda Tirado Torres)
Brenda Tirado Torres
La Voz Católica
Julio Torres, MD.
Junto a su nombre, la “M” no sólo le acompaña por la “medicina”,
que es su oficio. También por ser músico y misionero. Y la “D” no
sólo por ser “doctor”, que es su vocación, sino por Dios, a quien
adora, alaba y agradece las maravillas que le ha concedido en su
vida.
Julio Torres, médico otorrino, es devoto profeso de la Madre
Teresa de Calcuta. Fue la humilde monja albanesa quien robó su
corazón cuando se describió como un lápiz que usaba Dios hasta que
se gastara. Torres quedó maravillado al ver “a esa monjita que no
era doctora pero hacía tanto por los enfermos”, y por su ejemplo
supo que él también podía ayudar a Cristo en los sufrientes.
La semilla de la fe había sido sembrada en el corazón de Torres
cuando estudiaba en las escuelas católicas de su natal Toa Alta,
al norte de Puerto Rico. Como a muchos, la juventud le llegó
acompañada de rebeldía y prefirió ocuparse de las cosas del mundo.
En sus estudios encontró la justificación perfecta para el
estancamiento de su crecimiento espiritual. El “no tengo tiempo”
le ayudó por dos décadas, incluso para esquivar los ruegos de su
esposa, Giselle Torres, para ir a misa.
Tras la muerte de un paciente cuya vida trató de salvar, un colega
le “confesó” que iba a la iglesia porque ellos no son dioses. Le
preguntó si él también asistía y, para salir del paso, Torres le
dijo que sí. Momentos más tarde su conciencia le confrontó.
“Pero, ¿qué yo he dicho? ¿Cómo pude mentirle a este hombre?”, se
preguntó. “Sentí como si estuviera frente a un espejo y me di
cuenta de que llevaba 15 años diciendo que iba a ir a misa y no
había hecho nada. ¿Cuándo iba a empezar?”
Así germinó aquella semilla. Su regreso estuvo lleno de sorpresas:
su primera confesión en 20 años fue de frente a un sacerdote, no
en un confesionario “donde una mallita no te deja ver la cara del
confesor”. Y quedó maravillado cuando vio un anuncio para clases
de Biblia en la iglesia St. Hugh, en Coconut Grove.
“¿Clases de Biblia en la Iglesia Católica?”, recuerda que se
preguntó admirado. Como resultado de asistir a las clases, ha
encontrado en el Libro Sagrado “la explicación a muchas
situaciones y a muchas cruces que nos surgen en la vida. Ahí está
la fuente de la fortaleza, en conocer la Palabra de Dios”. La
Biblia no falta en su oficina ni en su hogar.
En St. Hugh también se reencontró con su primer amor: la música.
“Esa fue otra sorpresa, hallar tanta música en la Iglesia Católica”.
Y también fue la respuesta a uno de sus ruegos: le había pedido a
Dios tener más música en su vida.
Acompañado de su guitarra, participaba en las clases de Biblia y
en el coro de la iglesia. Sus amigos le recomendaron que grabara
sus canciones y, en menos de un año, ya contaba con su primera
producción.
“Es como si Dios me recordara: ‘Ya perdiste 20 años, ahora hay que
recuperar el tiempo perdido’”.
También ha desarrollado su talento como compositor. Todos los
temas de sus dos producciones, Yo te alabo y Momento Sagrado, son
de inspiración propia. La Cruz es el eje en la mayoría de sus
canciones y desea que quien las escuche, conozca el amor de Dios y
entienda el misterio de la Cruz en la vida diaria.
“La inspiración llega de tantas fuentes: el temor del paciente a
una enfermedad grave; la tristeza cuando se lo dices; el paciente
agradecido y alegre; el que se pelea con Dios. También la vida
diaria, pero sobre todo el misterio de la Cruz, y la esperanza que
nos da conocer a Cristo y cómo Él nos libera de lo que nos amarra
y nos ahoga”, explica.
“El tema del hijo pródigo es algo muy importante en la vida de
cualquier cristiano. Muchas veces la gente se dice: ‘Yo soy tan
malo que, ¿quién me va a perdonar?’ O se busca la excusa en otra
persona: ‘Ese hipócrita, con todo lo malo que ha sido y míralo en
la iglesia’. Dios tiene los brazos abiertos para cada uno de
nosotros. La misericordia del Señor es infinita”.
Torres está convencido de que “el Señor me agarró por la música”,
para llevarlo a fundar con su esposa la Misión Médica Católica. Es
a través de la Misión donde practican el ejemplo de Teresa de
Calcuta, y donde han visto el rostro de Cristo en los más pobres
de los pobres.
“El agradecimiento que he recibido de ellos no se puede pagar con
dinero”, asegura. Pero se siente frustrado porque un proyecto como
la Misión Médica Católica no puede realizarse en Florida debido a
las demandas por negligencia médica.
“Pertenezco a diferentes organizaciones médicas y, cuando queremos
abrir una clínica en la que los pacientes serán atendidos
gratuitamente, pasamos más tiempo discutiendo cómo hacerlo sin
estar expuestos a una demanda”, dice.
“No es que defienda al médico que comete un acto irresponsable.
Pero el sistema legal, como está en la actualidad, es totalmente
indolente ante el más necesitado. En otras circunstancias, yo
podría organizar a los médicos y los voluntarios de la Misión
Médica Católica y hacer una jornada en algún área necesitada de la
Florida. Pero las mismas leyes lo impiden.
Mientras tanto, se consuela con lo que el Señor le permite
realizar en otros países necesitados. Comenzó en 1999, cuando
Orlando Coronado, de la organización Eventos Católicos, le invitó
a que compartiera su talento médico en Ciudad de Guatemala, donde
los pobres necesitaban atención en su especialidad. Torres había
tenido la inquietud de realizar una misión médica, pero no sabía
cómo empezar. Eventos Católicos abrió la puerta a esa aventura.
A ese primer viaje, al que sólo fue el matrimonio Torres, le
siguieron cuatro más a Guatemala, ya acompañados por doctores
especializados en otras ramas de la medicina. No fue fácil
conseguir los médicos, pero aumentan los que se van interesando.
“En nuestra clase médica hace falta la evangelización; son muy
pocos los médicos que están en los caminos del Señor”, admite al
recordar que, en promedio, de cada docena de médicos que invitaba
a la Misión, sólo uno respondía positivamente. “Algunos hasta se
reían de mí, pero cuando se trabaja para el Señor, se hace para
que sea Él quien se glorifique”.
Para integrar el aspecto médico con el espiritual, en cada jornada
les acompaña un equipo de laicos comprometidos con la
evangelización, encabezados por el diácono José Irizarry, de la
parroquia St. Francis de Sales. Todos son voluntarios. Además de
medicinas, en cada jornada la Misión reparte Biblias, rosarios, y
material para la evangelización y el crecimiento en la fe católica.
Entre sus planes para este año se encuentra viajar a Ecuador y, si
Dios lo permite, realizar una jornada quirúrgica. También han
recibido invitaciones desde Panamá, El Salvador, República
Dominicana y Nicaragua. Para realizar una jornada, la Misión tiene
dos requisitos: que se permita la entrada de medicinas, y que sean
invitados por una entidad puramente católica, obediente a las
normas de la diócesis local.
A su trabajo y apostolado se añade el de profesor voluntario de la
Escuela de Medicina de Nova Southeastern University. Por su
atención a las obras de caridad, fue investido el año pasado como
Caballero de la Orden de Malta, y su esposa como Dama de la misma
Orden. Torres también recibió el galardón de Médico del Año 2002
otorgado por el South Florida Business Journal y el Executive
National Bank. Además, es uno de tres finalistas para el premio al
Médico del Año 2003, de la Cámara de Comercio del Gran Miami.
“Estos premios se los dedico a Nuestro Señor Jesucristo, porque si
yo no le hubiera dicho que sí, por mis méritos no hubiera podido
lograrlo”, admite el doctor Torres. “Yo siempre buscaba la
añadidura, y encontraba nada. Al buscarlo a Él, llegó la añadidura.
Sin Cristo, soy nada”.

Vista parcial de los pacientes que serían atendidos por los
voluntarios de la Misión Médica Católica en una de las jornadas
en Ciudad de Guatemala. Debajo: el Dr. Julio Torres, al centro,
con los médicos y los laicos voluntarios que le acompañan en los
viajes de la Misión. (Fotos cortesía Misión Médica Católica)

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