ARCHIVO

BUSQUEDA

PORTADA

 ARQUIDIOCESIS MIAMI
 ARZ. J.C. FAVALORA
 CALENDARIO
 MUNDO Y NACION
 VATICANO
 LIBROS / CINE / ARTE
 IGLESIA EN CUBA
 IGLESIA EN A. LATINA
 OPINIONES
 ESPIRITUALIDAD
 ENLACES

 

Doctor del cuerpo y del alma

 

La obra de la Misión Médica Católica fundada por Julio Torres


“En nuestra clase médica hace falta la evangelización; son muy pocos los médicos que están en los caminos del Señor”, dice Julio Torres. (Foto: Brenda Tirado Torres)

Brenda Tirado Torres
La Voz Católica

Julio Torres, MD.
Junto a su nombre, la “M” no sólo le acompaña por la “medicina”, que es su oficio. También por ser músico y misionero. Y la “D” no sólo por ser “doctor”, que es su vocación, sino por Dios, a quien adora, alaba y agradece las maravillas que le ha concedido en su vida.

Julio Torres, médico otorrino, es devoto profeso de la Madre Teresa de Calcuta. Fue la humilde monja albanesa quien robó su corazón cuando se describió como un lápiz que usaba Dios hasta que se gastara. Torres quedó maravillado al ver “a esa monjita que no era doctora pero hacía tanto por los enfermos”, y por su ejemplo supo que él también podía ayudar a Cristo en los sufrientes.

La semilla de la fe había sido sembrada en el corazón de Torres cuando estudiaba en las escuelas católicas de su natal Toa Alta, al norte de Puerto Rico. Como a muchos, la juventud le llegó acompañada de rebeldía y prefirió ocuparse de las cosas del mundo. En sus estudios encontró la justificación perfecta para el estancamiento de su crecimiento espiritual. El “no tengo tiempo” le ayudó por dos décadas, incluso para esquivar los ruegos de su esposa, Giselle Torres, para ir a misa.

Tras la muerte de un paciente cuya vida trató de salvar, un colega le “confesó” que iba a la iglesia porque ellos no son dioses. Le preguntó si él también asistía y, para salir del paso, Torres le dijo que sí. Momentos más tarde su conciencia le confrontó.

“Pero, ¿qué yo he dicho? ¿Cómo pude mentirle a este hombre?”, se preguntó. “Sentí como si estuviera frente a un espejo y me di cuenta de que llevaba 15 años diciendo que iba a ir a misa y no había hecho nada. ¿Cuándo iba a empezar?”

Así germinó aquella semilla. Su regreso estuvo lleno de sorpresas: su primera confesión en 20 años fue de frente a un sacerdote, no en un confesionario “donde una mallita no te deja ver la cara del confesor”. Y quedó maravillado cuando vio un anuncio para clases de Biblia en la iglesia St. Hugh, en Coconut Grove.

“¿Clases de Biblia en la Iglesia Católica?”, recuerda que se preguntó admirado. Como resultado de asistir a las clases, ha encontrado en el Libro Sagrado “la explicación a muchas situaciones y a muchas cruces que nos surgen en la vida. Ahí está la fuente de la fortaleza, en conocer la Palabra de Dios”. La Biblia no falta en su oficina ni en su hogar.

En St. Hugh también se reencontró con su primer amor: la música. “Esa fue otra sorpresa, hallar tanta música en la Iglesia Católica”. Y también fue la respuesta a uno de sus ruegos: le había pedido a Dios tener más música en su vida.

Acompañado de su guitarra, participaba en las clases de Biblia y en el coro de la iglesia. Sus amigos le recomendaron que grabara sus canciones y, en menos de un año, ya contaba con su primera producción.

“Es como si Dios me recordara: ‘Ya perdiste 20 años, ahora hay que recuperar el tiempo perdido’”.

También ha desarrollado su talento como compositor. Todos los temas de sus dos producciones, Yo te alabo y Momento Sagrado, son de inspiración propia. La Cruz es el eje en la mayoría de sus canciones y desea que quien las escuche, conozca el amor de Dios y entienda el misterio de la Cruz en la vida diaria.

“La inspiración llega de tantas fuentes: el temor del paciente a una enfermedad grave; la tristeza cuando se lo dices; el paciente agradecido y alegre; el que se pelea con Dios. También la vida diaria, pero sobre todo el misterio de la Cruz, y la esperanza que nos da conocer a Cristo y cómo Él nos libera de lo que nos amarra y nos ahoga”, explica.

“El tema del hijo pródigo es algo muy importante en la vida de cualquier cristiano. Muchas veces la gente se dice: ‘Yo soy tan malo que, ¿quién me va a perdonar?’ O se busca la excusa en otra persona: ‘Ese hipócrita, con todo lo malo que ha sido y míralo en la iglesia’. Dios tiene los brazos abiertos para cada uno de nosotros. La misericordia del Señor es infinita”.

Torres está convencido de que “el Señor me agarró por la música”, para llevarlo a fundar con su esposa la Misión Médica Católica. Es a través de la Misión donde practican el ejemplo de Teresa de Calcuta, y donde han visto el rostro de Cristo en los más pobres de los pobres.

“El agradecimiento que he recibido de ellos no se puede pagar con dinero”, asegura. Pero se siente frustrado porque un proyecto como la Misión Médica Católica no puede realizarse en Florida debido a las demandas por negligencia médica.

“Pertenezco a diferentes organizaciones médicas y, cuando queremos abrir una clínica en la que los pacientes serán atendidos gratuitamente, pasamos más tiempo discutiendo cómo hacerlo sin estar expuestos a una demanda”, dice.

“No es que defienda al médico que comete un acto irresponsable. Pero el sistema legal, como está en la actualidad, es totalmente indolente ante el más necesitado. En otras circunstancias, yo podría organizar a los médicos y los voluntarios de la Misión Médica Católica y hacer una jornada en algún área necesitada de la Florida. Pero las mismas leyes lo impiden.

Mientras tanto, se consuela con lo que el Señor le permite realizar en otros países necesitados. Comenzó en 1999, cuando Orlando Coronado, de la organización Eventos Católicos, le invitó a que compartiera su talento médico en Ciudad de Guatemala, donde los pobres necesitaban atención en su especialidad. Torres había tenido la inquietud de realizar una misión médica, pero no sabía cómo empezar. Eventos Católicos abrió la puerta a esa aventura.

A ese primer viaje, al que sólo fue el matrimonio Torres, le siguieron cuatro más a Guatemala, ya acompañados por doctores especializados en otras ramas de la medicina. No fue fácil conseguir los médicos, pero aumentan los que se van interesando.

“En nuestra clase médica hace falta la evangelización; son muy pocos los médicos que están en los caminos del Señor”, admite al recordar que, en promedio, de cada docena de médicos que invitaba a la Misión, sólo uno respondía positivamente. “Algunos hasta se reían de mí, pero cuando se trabaja para el Señor, se hace para que sea Él quien se glorifique”.

Para integrar el aspecto médico con el espiritual, en cada jornada les acompaña un equipo de laicos comprometidos con la evangelización, encabezados por el diácono José Irizarry, de la parroquia St. Francis de Sales. Todos son voluntarios. Además de medicinas, en cada jornada la Misión reparte Biblias, rosarios, y material para la evangelización y el crecimiento en la fe católica.

Entre sus planes para este año se encuentra viajar a Ecuador y, si Dios lo permite, realizar una jornada quirúrgica. También han recibido invitaciones desde Panamá, El Salvador, República Dominicana y Nicaragua. Para realizar una jornada, la Misión tiene dos requisitos: que se permita la entrada de medicinas, y que sean invitados por una entidad puramente católica, obediente a las normas de la diócesis local.

A su trabajo y apostolado se añade el de profesor voluntario de la Escuela de Medicina de Nova Southeastern University. Por su atención a las obras de caridad, fue investido el año pasado como Caballero de la Orden de Malta, y su esposa como Dama de la misma Orden. Torres también recibió el galardón de Médico del Año 2002 otorgado por el South Florida Business Journal y el Executive National Bank. Además, es uno de tres finalistas para el premio al Médico del Año 2003, de la Cámara de Comercio del Gran Miami.

“Estos premios se los dedico a Nuestro Señor Jesucristo, porque si yo no le hubiera dicho que sí, por mis méritos no hubiera podido lograrlo”, admite el doctor Torres. “Yo siempre buscaba la añadidura, y encontraba nada. Al buscarlo a Él, llegó la añadidura. Sin Cristo, soy nada”.

Vista parcial de los pacientes que serían atendidos por los voluntarios de la Misión Médica Católica en una de las jornadas en Ciudad de Guatemala. Debajo: el Dr. Julio Torres, al centro, con los médicos y los laicos voluntarios que le acompañan en los viajes de la Misión. (Fotos cortesía Misión Médica Católica)