El
festival de los pobres
Teresita Aguirre
Especial/La Voz Católica
Cuando el mundo entero se prepara para la celebración de los
Carnavales; cuando el Mardi Gras, reminiscencia de las fiestas
paganas antes del comienzo de la Cuaresma, llega con ruido
atronador o con fantasías desbocadas; cuando el alboroto y los
deseos de “olvidar” el ya incesante ruido del ritmo diario,
enloquecen aún más al ser humano en busca de placeres, hay otros
que ven en estas Fiestas un sentido diferente. Y no es que no les
guste divertirse, sino que han elegido divertirse de una manera
distinta. Miran hacia la primavera llena de simbolismos
cristianos, y desean otras respuestas. Por eso crearon el Festival
para los Pobres.
Los Motivos
Un verdadero fenómeno religioso y social ocurre cada año en la
Parroquia St. Louis, al suroeste del condado Miami-Dade, cuando
las flores empiezan a abrirse y la naturaleza habla de Cuaresma,
entrega y Resurrección. Se trata del Festival para los Pobres
(Festival for the Poor), que comenzó a celebrarse hace 22 años.
El Párroco de St. Louis, el P. James F. Fetscher, V.F. ––Padre Jim
para todos––, recuerda como surgió. La propuesta era una “kermesse”,
“tómbola”, “carnaval” o fiesta ––según de donde venga cada quien.
El P. Russell quería implementar una idea del Club de Caballeros
(Men’s Club), para hacer una fiesta que reuniera a todos en la
parroquia y que tuviera un sentido de ministerio, de compromiso.
Deseaban que, mientras pasaban un rato agradable entre amigos,
música y comida, pudieran crear comunidad y ser generosos.
Después de las reflexiones y de la discusión que siempre preceden
a los grandes acontecimientos, quedó claro que, si se trataba de
un ministerio, nada de lo recaudado en el festival podría quedar
en St. Louis. “Debíamos darlo todo. No era posible quedarnos con
nada si queríamos hacer lo correcto. Así fue como surgió la idea
de que todo, todo ––el 100%––, lo entregáramos a los pobres de
nuestra comunidad”, continúa el P. Fetscher.
Una parroquia y un festival especiales
“St. Louis es especial”, es una frase común cuando se habla de
esta parroquia. Los feligreses dicen que se debe, además de a sus
sacerdotes, a los ministerios. Hay tantas personas involucradas en
tantas labores diferentes, que a fuerza de vivir cada una de ellas
el ministerio en su vida, está transformando a los demás. Y cada
vez se extiende el compromiso: donar su tiempo, su talento o su
dinero.
En una actividad que involucra a toda la parroquia, el Festival se
realiza con la ayuda de la comunidad anglo y la latina por igual.
Una gama de diversos países presentan su comida, pues en St. Louis
hay feligreses de Cuba, Nicaragua, Colombia, Haití, El Salvador,
Guatemala, Mexico, Honduras, Costa Rica y Argentina, entre otros.
Lo mismo se pueden encontrar chorizos que churrasco, “moros y
cristianos” y carne asada, o arepas y tamal, arroz con gandules y
platanitos fritos, en una mezcla sensacional con perros calientes,
maíz asado, pollo a las brasas y hamburguesas. Postres deliciosos,
palomitas de maíz y café.
Pero también están los juegos para los niños con sus vueltas y
sustos, y es posible probar las habilidades al ensartar un aro, o
adquirir una artesanía. Este año, los alumnos de la Escuela
Primaria Parroquial The Covenant, venden sus trabajos manuales
para beneficio de los pobres. Y hay rifas, subasta, grupos
musicales. También una cena “elegante” en el Salón Parroquial,
patrocinada por el Grupo Nueva Vida. Y un baile con asado bajo la
“gran carpa” instalada en los terrenos de St. Louis. ¡Algo para
cada gusto!
¿A quiénes beneficia?
“El dinero que recaudamos en el Festival para los Pobres, se queda
en el condado de Miami-Dade”, dice el Padre Jim. Organizaciones
como Daily Food Banks reciben un aporte fuerte. “Es una de las
instituciones que más ayudamos”, añade el sacerdote. Además, la
recaudación beneficia cada año lo mismo a los niños con sida que a
los trabajadores migratorios de Homestead ––en su mayoría
mexicanos––, o apoya a las parroquias del Sagrado Corazón y de St.
John Newman en sus trabajos de reconstrucción.
La Misión Miami Rescue, Camillus House, la Misión de Santa Ana, la
Comunidad Sunrise para Incapacitados Mentales, y el Centro
Mariano, además del Banco de Comidas Diarias, confían en fondos
que St. Louis recauda para ellos.
Betty Quinn, encargada del Festival este año, dice con sencillez:
“Qué cosa tan maravillosa, poder comer bien y divertirse en grande
mientras ayudamos a aquellos que lo necesitan más”. Quinn, una
enfermera de la zona, pertenece a St. Louis desde 1977. “Es lo que
he hecho toda mi vida. Me enseñaron a ocuparme de mis hermanos y
hermanas que lo necesitan. No sé actuar de otra manera: así fuimos
educados”.
También enfermera, Jeanette Piloña es la cabeza hispana del
Festival. “St. Louis es una comunidad muy unida”. En el Ministerio
de Damas de Emaús, Piloña ha encontrado una cooperación
extraordinaria por parte de los hispanos. “El apoyo proviene muy
especialmente de los Caballeros de Emaús, Encuentros Matrimoniales,
del Consejo Hispano en pleno. Más de100 hispanos han estado
trabajando activamente para el éxito de este empeño”.
Construyendo una comunidad
Tal como lo concibieron, está sucediendo. Porque al unirse para
ayudar a otros, los feligreses de St. Louis han encontrado en su
comunidad un sentido de gratitud. “Dar es la manera de agradecer a
Dios por los dones y la oportunidad de ponerlos en acción”. El
esfuerzo, el dinero, el trabajo y el talento de tantos, que no
rehúsan ni la más sencilla labor, se traduce no sólo en fondos
para atender necesidades, sino que acerca a la misma mesa, juego o
diversión, a la familia de St. Louis, que ha aprendido a servir a
sus hermanos y en el proceso construye su comunidad.
|