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El Papa pide un examen de
conciencia sobre la liturgia

 

En particular sobre los cantos y la música

Zenit
Roma

El 26 de febrero, Su Santidad Juan Pablo II pidió hacer un examen de conciencia sobre la belleza y la dignidad con que las comunidades católicas celebran la liturgia, y en particular sobre sus cantos y música.

“Es necesario descubrir y vivir constantemente la belleza de la oración y de la liturgia —afirmó el Santo Padre durante la audiencia general—. Es necesario rezar a Dios no sólo con fórmulas teológicamente exactas, sino también de manera bella y digna”.

“En este sentido”, añadió, “la comunidad cristiana debe hacer un examen de conciencia para que vuelva a la liturgia la belleza de la música y del canto”.

El Pontífice presentó su petición al comentar con más de 10.000 peregrinos el último de los Salmos, el 150, una poética invitación a la alabanza de Dios como lo hacía el pueblo de Israel, con instrumentos musicales y danzas.

La meditación pontificia comenzó reafirmando el misterio de Dios, “trascendente” y “misterioso”, por una parte; y “al mismo tiempo, cercano a nosotros”.

“La Liturgia une los dos santuarios: el templo terreno y el cielo infinito, Dios y el hombre, el tiempo y la eternidad”, explicó.

“Durante la oración, realizamos una especie de ascensión hacia la luz divina, y al mismo tiempo experimentamos un descenso de Dios, que se adapta a nuestro límite para escucharnos y hablarnos, para encontrarnos y salvarnos”, continuó el Pontífice.

Para hacer más profundo este encuentro, el Salmo que comentaba Su Santidad propone recurrir a la música.

Fue entonces cuando el Juan Pablo II afirmó la necesidad de hacer un examen de conciencia sobre la manera en que se emplea hoy la música.

Por otra parte, “es necesario purificar el culto de deformaciones, de formas descuidadas de expresión, de música y textos mal preparados, y poco adecuados a las grandeza del acto que se celebra”, advirtió el Santo Padre.

Sin olvidar, concluyó Juan Pablo II citando a san Agustín de Hipona, que “la música más elevada es la que se eleva de nuestros corazones. Dios quiere escuchar precisamente esta armonía en nuestras liturgias”.