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Para estar “en red” con el Evangelio

 

Zenit/ACI
Monterrey

 

El arzobispo John P. Foley, presidente del Consejo Pontificio para las Comunicaciones Sociales, ha pedido a los hombres de la Iglesia y a los profesionales del mundo de la comunicación y de la informática, que hagan presente el rostro de Cristo en la sociedad de la información.

“¿Cómo puede la Iglesia de Cristo hacerse oír por el espíritu moderno, tan orgulloso de sus realizaciones y al mismo tiempo tan inquieto por el futuro de la familia humana?”, preguntó el miércoles 2 de abril, al inaugurar el Congreso Continental Iglesia e Informática que se celebró hasta el sábado 5 en Monterrey (México).

Ante nuestros ojos, afirmó, tiene lugar una batalla cultural, en la que se proponen diversos modelos de la persona humana, de sociedad y de valores.

Frente a esta realidad, aseguró, “la Iglesia no puede ni debe dejar que el rostro de Cristo esté ausente de este panorama, y tiene la misión de dar testimonio con la palabra y las obras de la mejor de la Noticias que el hombre puede recibir”.

El Arzobispo reconoció que la internet afronta el grave desafío de la llamada “brecha digital”, ya que sólo el 7% de la población mundial tiene acceso a este medio, y la mitad está en los Estados Unidos, Canadá, Europa y Japón.

Algunos organismos internacionales en sus idearios, recordó, buscan trabajar por la “integración digital”, reafirmando los derechos humanos y democráticos. Sin embargo, según el arzobispo estadounidense, nada de esto puede construirse únicamente sobre las bases de la tecnología y la economía, ya que quién protagoniza la sociedad de la información es la persona humana.

La sociedad de la información quedaría vacía si ignorara los factores humanos, éticos y espirituales que la sostienen, aclaró.

Al ilustrar los objetivos del Congreso, que lleva por lema “Hacia una red humana de respuestas y ayudas”, Mons. Foley explicó a representantes de 25 países de América y Europa que “estamos aquí para conocernos, hablar, escucharnos unos a otros y dar juntos ese salto hacia delante, al cual el papa Juan Pablo II nos invitaba en la Novo millennio inuente. Actuar en sintonía, colaboración, en red, oteando hacia dónde es oportuno dirigir nuestros esfuerzos”.

“Estamos abiertos al Espíritu Santo para poner los instrumentos tecnológicos al servicio de la persona humana, de las comunidades, y de la comunión y el progreso”, aseguró.

Conscientes de “que el mundo cambia pero somos nosotros los que lo hacemos cambiar”, el presidente del Consejo Episcopal Latinoamericano, Mons. Jorge Jiménez, convocó el 2 de abril a los participantes en el Congreso sobre Iglesia e Informática de Monterrey (México) a convertirse en “constructores de la nueva sociedad”, creando redes inspiradas en el Evangelio.

Ante los vertiginosos cambios que han aportado las nuevas tecnologías, el obispo consideró que el desafío está en no quedarse “detrás del acontecimiento sino de presidirlo, llenarlo de valores, de guiarlo, de corregirlo y de humanizarlo de tal manera que resulte al mismo tiempo ‘obra de hombre’ y por tanto –si ese hombre va en la vía correcta– expresión del plan maravilloso del Creador”.

“Hoy más que nunca estamos convocados a ser ‘constructores de respuestas’”, explicó Mons. Jiménez, obispo de Zipaquirá, Colombia. “En esencia lo podemos hacer desde el Evangelio, que es el mayor libro de respuestas que nos ha sido entregado como orientador cierto de nuestro destino”.

Las noticias hoy, afirmó, “están ya a un segundo de distancia, a la asombrosa lejanía de un segundo y se sigue trabajando por acortar y ‘anular’ esa increíble distancia. Sin embargo, hemos tenido que asistir a la paradoja de que nunca hemos estado tan lejos unos de otros”.

“Se dice que los medios de comunicación, más que ‘comunicar’ a todos, han aislado a muchos, y no hay duda de que no es lo mismo estar comunicado que estar conectado”, señaló.

“‘Comunidad’, ‘comunión’ y ‘comunicación’ son conceptos teológicamente ricos, porque encierran la esencia de lo humano, lo fundamental de la buena nueva del Evangelio”, indicó.

Participar de esta convicción es estar en red, recalcó. “La red” es una de las metáforas maravillosas de Jesús: “la red está comunicada, interconectada; la red une y dimensiona en la capacidad de pesca; la red no aísla, sino une; estar en red es saber que los otros cuentan y que uno cuenta para los otros”.

“La red requiere de ‘nuevos evangelizadores’, porque la red no discrimina, integra; porque ser solidarios es estar en la red de los que confiesan una sola Verdad y un solo Señor; porque la red da sustento a la economía solidaria, a la globalización desde abajo que es la de aquellos que reconocen que nada pueden hacer sin el prójimo; porque la red, al unir a los débiles los hace fuertes, porque si no luchamos juntos nos van a eliminar por separado”, señaló.

“Vivir en red”, dijo Mons. Jiménez, “es ‘repescar’ a los excluidos, es colocarlos en la posibilidad de volver a vivir con nosotros un desarrollo en términos humanos. ¡Vivir en red es hacer cierto todo aquello de ‘porque tuve hambre y me diste de comer, sed y me diste de beber’”. 

“Tarea fundamental que debemos asumir es la de retejer” la red; re-anudar la red; re-acondicionar la red dentro del Evangelio”, concluyó, aclarando que éste es el cometido del pontificado de Juan Pablo II, del Consejo Pontificio para las Comunicaciones, y de la Red Informática de la Iglesia en América Latina (RIIAL).