Construir un “nuevo mundo”
es el reto de las parroquias
Un teólogo dice que acoger a los inmigrantes es clave para
conducir a la humanidad a esa “nueva creación”

El Padre Virgilio Elizondo firma uno de sus libros para el
seminarista Juan Torres, quien estudia en la Arquidiócesis de
Miami. (Foto: Ana Rodríguez-Soto/LVC)
Ana Rodríguez-Soto
The Florida Catholic
El P. Virgilio Elizondo prevé un mundo nuevo, “un hemisferio sin
fronteras” donde los inmigrantes se sientan bienvenidos, donde las
actitudes racistas sean reemplazadas por “prejuicios positivos”,
donde diferentes culturas florezcan una al lado de la otra.
Y lo que es más importante, prevé que la Iglesia Católica ––y las
parroquias en particular–– sean el “laboratorio” donde este nuevo
mundo puede surgir.
“Aquí en los Estados Unidos, tenemos la oportunidad de construir
una nueva creación. Estamos aquí como los artesanos de esta nueva
creación, de esta nueva América”, dijo ante una audiencia de
seminaristas, sacerdotes y religiosos durante el Día Académico
anual, celebrado el 27 de marzo en el Seminario Regional St.
Vincent de Paul, en Boynton Beach.
“Estas parroquias se convertirán en los laboratorios de la nueva
humanidad. Si no podemos lograr esto en la Iglesia, nadie más
puede lograrlo”, dijo el sacerdote nacido en San Antonio, que es
reconocido como el fundador de la teología hispana contemporánea
en los Estados Unidos, y que actualmente es profesor visitante de
teología en la Universidad de Notre Dame.
El P. Elizondo destacó el hecho de que los ingredientes para este
nuevo mundo ya están presentes en muchas ciudades y parroquias de
los Estados Unidos. En la ciudad de Nueva York, por ejemplo,
Elizondo vio puestos de frutas que eran propiedad de coreanos,
pero donde trabajaban indios mexicanos que no hablaban español.
Alrededor de South Bend, en Indiana, el número de campesinos
mexicanos ha aumentado en 800 por ciento. En la arquidiócesis de
Los Ángeles se celebra Misa todos los domingos en 72 idiomas.
Miami, por su parte, se está convirtiendo en “una nueva capital
latinoamericana”.
“Aquí hay personas de todas partes del mundo”, dijo el P. Elizondo.
“La globalización está obligando a mucha gente pobre a marcharse
de su país. Nuestros medios de difusión masiva los invitan a venir,
pues los invitan a la buena vida”.
La Iglesia debe responder desarrollando “una espiritualidad de la
diversidad”, y reconociendo que la diversidad cultural no es una
amenaza a la unidad. Ni el idioma es una fuente de divisiones, si
se le ve en el contexto de Pentecostés, “la unidad del Espíritu”.
El P. Elizondo recordó que, cuando era joven, fue destinado por
primera vez como sacerdote a una parroquia en las afueras de San
Antonio, integrada por inmigrantes alemanes y polacos. Aunque no
hablaba más de cinco palabras en polaco, fue capaz de comunicarse
con un anciano caballero que padecía de un cáncer mortal.
“Aquel hombre entendió mi esfuerzo. Eso fue lo que dio resultado”,
dijo el sacerdote. “De la misma manera, incorporar a la iglesia la
imagen del santo patrono de un determinado grupo, o añadirle
detalles culturales a la celebración de la Misa, puede establecer
la diferencia entre una parroquia que es percibida como
hospitalaria, y otra que no lo sea”.
“La tradición de un grupo enriquece a todo el mundo”, dijo el P.
Elizondo. El sacerdote citó al arzobispo emérito de Miami, Edward
A. McCarthy, quien, cuando era obispo de Phoenix, Arizona, dijo:
“Veo la llegada de inmigrantes no como un problema, sino como una
oportunidad”.
Esta debe ser la actitud de la Iglesia Católica en su conjunto,
dijo el P. Elizondo, apremiando a los católicos a dejar a un lado
los prejuicios negativos hacia los pobres y los inmigrantes, para
sustituirlos por prejuicios positivos. “Cada persona que conozco,
es un regalo de Dios”, afirmó.
El sacerdote señaló también que incluso las identidades étnicas
son menos claras hoy de lo que eran hace años, a medida que los
hijos de los inmigrantes se casan entre sí, y los inmigrantes de
hoy viajan con frecuencia entre los Estados Unidos y sus países de
origen.
Los inmigrantes mexicanos, por ejemplo, están americanizando sus
pueblos a la vez que están mexicanizando a los Estados Unidos,
explicó.
“Está surgiendo una nueva mezcla de gente”, dijo. “La identidad
cultural ya no es algo dado. La identidad cultural hay que
escogerla”, enfatizó.
Elizondo animó a los líderes de la Iglesia a orar por la
creatividad y el coraje necesarios “para hacer las cosas en una
forma diferente”, y recuperar el sentido de la Iglesia como un
santuario al cual acogerse.
Así como Nuestra Señora de Guadalupe, patrona de las Américas,
condujo a los indios pobres y marginados a la fe, dijo el P.
Elizondo, “los pobres y marginados de este país, en el espíritu de
Cristo, se convertirán en los agentes de una nueva creación”.
“Lo que el mundo ve como un problema, nosotros lo vemos como una
bendición, una oportunidad”, añadió. “Esto puede abrir el camino
hacia algo realmente bueno en el mundo”, concluyó Elizondo.
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