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En el umbral de la
contemplación:
Conversación con el P. Thomas Keating, místico y maestro de la
Oración Centrante

Dora Amador Morales

El P. Thomas Keating ha sabido combinar la estricta vida del
claustro silencioso y solitario con el convulso mundo de hoy, para
transmitir la sabia dimensión contemplativa del evangelio.
Un monje en medio del mundo
El misticismo y el terrorismo parecen representar los polos
opuestos entre los que se debate la compleja vida del hombre
actual. Entre ambos extremos, se extiende una amplísima gama de
actitudes, experiencias, emociones y, sobre todo, opciones
espirituales y morales. En la siguiente conversación, el P. Thomas
Keating, una de las principales figuras del misticismo
contemporáneo, bosqueja un camino seguro entre tantas incógnitas.
El Padre Keating, monje cisterciense,es reconocido
internacionalmente por su colosal obra de poner al alcance de
religiosos y laicos de hoy, la rica y antiquísima tradición
contemplativa cristiana. El monje ideó un método de oración que
colmó el hambre espiritual profunda que palpita en muchos seres
humano de nuestros días. Así nacieron la Oración Centrante y la
red Dimensión Contemplativa (Contemplative Outreach), que él
preside. Esta organización , que comenzó en un lejano monasterio
en Spencer, Massachusetts, hoy se extiende por todo el mundo.
El monje es autor, entre otros libros, de Mente abierta, corazón
abierto; El misterio de Cristo, Intimidad con Dios, obras
imprescindibles para toda persona que busque una experiencia más
profunda de su fe,y una disciplina centrante que la conduzca a la
contemplación.
El Padre Keating reside en el monasterio San Benito, en Snowmass,
Colorado. Pero como el gran Thomas Merton, también cisterciense y
sin duda el místico más grande del siglo XX, el P. Keating ha
sabido combinar la estricta vida del claustro silencioso y
solitario con el convulso mundo de hoy, para transmitir la sabia
dimensión contemplativa del Evangelio. También como Merton en la
década de 1960, él es hoy uno de los mayores promotores del
diálogo interreligioso, del desarme y de la paz en el mundo.
Esta entrevista fue realizada en el Seminario St. JohnVianney,
durante una reciente visita que Keating hizo a Miami para ofrecer
un retiro a sacerdotes y una charla en la parroquia St. John
Newman.
En los últimos mensajes grabados por Osama bin Laden, éste llama a
librar una “guerra santa”, o jihad, para poner fin a las
religiones cristiana y judía. ¿Cómo percibe usted este fanatismo
que se ha apoderado de parte del mundo islámico y, de ciertas
denominaciones cristianas?
Es difícil resumir la respuesta en unas cuantas palabras. Pero he
aquí algunas reflexiones. Cualquier actitud que consista en
instigar una guerra santa, en el sentido de una guerra física, es
un acto antirreligioso, no importa en nombre de qué religión se
realice. Por lo tanto, el Islam también tiene un problema con
Osama bin Laden, debido a la visión que éste tiene del Islam,
visión que implicaría el fin de esta religión. El peligro de una
guerra cultural es muy real entre el Islam y Occidente, un
Occidente identificado con el cristianismo, lo cual, por supuesto,
es incorrecto.
Occidente no es en estos momentos una civilización cristiana.
Conserva ciertos residuos de civilización cristiana. Pero resulta
esencial para los verdaderos musulmanes hacer todo lo que esté en
sus manos para evitar la guerra en apoyo de su causa y establecer
un diálogo no sólo con Occidente, sino con las otras grandes
religiones del mundo.
Las religiones deben reconocer la violencia que hay en su pasado y
rechazarla. Difícilmente podemos esperar que las naciones del
mundo hagan algún esfuerzo por alcanzar la paz, si las religiones
del mundo que promueven la paz –al menos supuestamente, o de
palabra– no la buscan seriamente, y al precio que sea necesario.
El Islam, sin embargo, no está muy interesado en la discusión
política, porque ellos no creen en la separación entre la Iglesia
y el Estado, tal como este concepto se ha desarrollado en el resto
del mundo. Ellos deben crear órganos para el estudio del Corán y
de sus tradiciones originales.
¿Se ha contemplado la idea de estudiar el Corán como se hace con
la exégesis bíblica?
Eso es urgente. Los líderes del Islam deben encontrar la manera de
diferenciarse de algún modo de los terroristas y los
fundamentalistas, que han malinterpretado el Corán, y que están
aplicando rígidas interpretaciones literales a un libro que nunca
ha sido estudiado desde un punto de vista crítico, como lo ha sido
la Biblia. Y éste es el momento de hacerlo, para separar lo que se
ha añadido a la tradición del Corán del mensaje esencial de su
gran profeta, Mahoma. El Islam es una de las grandes religiones
mundiales, y tiene mucho que aportar en el campo espiritual y
cultural.
Como el cristianismo, el Islam tiene grandes místicos. ¿Cómo
define usted a un místico, sea sufí o católico?
El Islam tiene una sobresaliente tradición mística. Rumi es uno de
los poetas más populares en estos momentos. Hay órdenes sufíes en
el mundo y la mayor parte de ellas está representada en los
Estados Unidos. Y son muy semejantes, en muchos de sus
pronunciamientos y experiencias, a la mística cristiana o al
budismo.
En cuanto a la definición de misticismo es una forma de
contemplación. Las religiones orientales emplean la palabra
“meditación” en lugar de “contemplación”. Es preciso entender esa
distinción.
¿Qué es la contemplación?
La contemplación es la experiencia de la presencia de Dios o de la
afluencia de la Gracia, en un sentido distinto a pensar en Él, o a
tener sentimientos hacia Él.
Es experimentar a Dios.
Sí, en cierto grado, pero no como Dios es realmente, porque esto
es algo que está reservado para la vida futura. Pero es un gustar
el sabor del misterio último al que llamamos Dios en la tradición
religiosa judeocristiana, y recibe otros nombres en otras
religiones. Pero hay un solo Dios.
¿Cómo se puede ser místico y vivir y
trabajar en medio del mundo y de sus luchas?
La respuesta a esta pregunta es la misma razón de ser de la
Oración Centrante. Es necesaria una disciplina práctica para la
vida cotidiana, que permita relacionarse con Dios en un nivel más
profundo que el del pensamiento, o incluso del sentimiento. Me
refiero al nivel de la fe, la esperanza y la caridad en el sentido
de amor desinteresado.
La Oración Centrante consiste en un período durante el cual nos
apartamos del ruido tumultuoso del momento presente, del medio
ambiente, de nuestro propio ruido interior, de nuestros
comentarios internos sobre lo que está sucediendo, y de nuestras
reacciones emocionales ante ello, y entramos en lo que Jesús
llama, en Mateo 6: 6, "orar en secreto".
¿Qué es, en sí, la oración centrante?
La oración contemplativa es una apertura de la mente y del corazón,
de todo nuestro ser a Dios, el Misterio Último, más allá de
pensamientos, palabras y emociones. Es un proceso de purificación
interior que lleva, si consentimos, a la unión divina.
Es un tipo de oración que existe desde los primeros tiempos del
cristianismo. Es un método diseñado para facilitar el desarrollo
de la oración contemplativa al preparar nuestras facultades de
forma que cooperen con este inmenso regalo de Dios. Es la
frecuentación de este espacio dentro de nosotros, el cultivo de
este nivel espiritual de nuestro ser, lo que nos abre a la
sanación, a la “terapia divina”, por así decirlo.
La redención es la sanación de nuestra naturaleza en sus mismas
raíces de pecado, y la sanación de las heridas emocionales de
nuestra vida, de lo que San Pablo llama el “hombre viejo”, o de lo
que la sicología gusta de llamar ir “del falso yo” al verdadero yo”.
¿En que consiste la disciplina?
Se trata de una práctica regular que nutre y fortalece esta
profunda relación con Dios, que es fuente de paz en toda
circunstancia, incluyendo las más desastrosas. La razón es que en
la oración centrante uno encuentra a Dios como un Dios de infinita
misericordia. Y esto es lo que nos capacita para mostrar
misericordia hacia todas las demás personas, y para experimentar
nuestra unidad con toda la humanidad, y nuestra responsabilidad
por los sufrimientos de los demás en el pasado, en el presente y
en el futuro.
¿Con qué regularidad debería efectuarse esa disciplina?
Se recomienda que se practique por 20 minutos, dos veces al día,
con el fin de adentrarnos en el recinto del silencio. Esto crea un
solaz y un reposo interior.
¿Y en qué momento se alcanza la contemplación?
Llega secretamente, o a veces abiertamente; eso depende de la
gracia de Dios y del plan que Él tenga para nosotros. Lo primero
que Dios hace en nuestro “cuarto interior” es confirmar nuestra
bondad básica como imagen de Dios, tal como dicen las Escrituras;
y entonces, Él empieza a sanar las heridas emocionales de toda
nuestra vida. Los desechos emocionales no digeridos son evacuados
durante el período de oración al experimentar los pensamientos que
habíamos reprimido durante la infancia, porque nos resultaba
doloroso encararlos. Todo lo que se necesita es volver a sentir el
problema y dejarlo pasar sin intentar deshacerse de él, sino
reconociéndolo, y dejar que la experiencia sea procesada.
¿Diríamos entonces que con la disciplina diaria y la apertura
interior a esa presencia divina podríamos llegar a la
contemplación donde reside el yo verdadero, uno con Dios?
Sí, pero no permanentemente, porque aún experimentamos las
vicisitudes de la vida; pero nuestra actitud hacia esas
vicisitudes cambia, y dejan de causar sufrimiento para convertirse
en dolor. Y el dolor es algo que uno puede controlar. El
sufrimiento es demasiado íntimo para controlarlo, a menos que uno
haya llegado a un nivel más profundo de comunicación con Dios, y
de que uno sea capaz de reposar incluso en medio de grandes
tragedias, desastres o sufrimientos.
Usted ha dicho que toda palabra, o pensamiento que tenemos o que
expresamos, afecta al mundo entero. ¿Podría explicar esto?
Eso es lo que dicen los físicos. Se trata de energía.
¿Y qué sucede cuando la energía que prima es negativa?
Daña al universo. La acumulación de energía negativa es lo que
probablemente conduce a la violencia, a las guerras y al odio.
Padre Keating, ¿qué es la sabiduría para usted?
La sabiduría es saber a través de la experiencia; su cumbre es
conocer, saber, convirtiéndonos en el Otro.
El Otro, ¿es Dios?
Significa Dios. No en el sentido literal de ser Dios, sino en el
de participar de la Sabiduría de Dios, que consiste en la visión
que Él tiene de la realidad. Pienso que hemos llegado a un momento
en que Dios, en un acto de infinita misericordia, nos está
ayudando a encontrar más recursos para alcanzar paz y ser capaces
de ayudar a la gente a sobrellevar sus tragedias.
¿Qué lugar tiene el pecado en todo esto?
El pecado personal es optar por nuestro proyecto de felicidad
basado en necesidades instintivas, como la seguridad, el poder, el
afecto y la estima, y dispuesto a pisotear los derechos y las
necesidades de los demás –y hasta nuestro propio bien verdadero–
con tal de conseguir lo que queremos, o de escapar de lo que no
queremos. De este modo, y a causa de la fragilidad de la condición
humana y a la influencia de todo lo que ha sido reprimido en el
inconsciente, el grado de responsabilidad o de libertad es mínimo
en algunas personas, debido al daño que recibieron en su primera
infancia, daño cuyo verdadero alcance sólo Dios puede juzgarlo.
Y el pecado colectivo que vemos, lo integran personas más o menos
involucradas en el pecado personal.
Pero sólo Dios puede juzgar… Eso es importante, no debemos de
olvidarlo jamás.
Es por eso que no podemos juzgar a los demás, porque no conocemos
su historia personal, y el daño que puedan haber recibido en la
fase inicial de su vida. Por ejemplo, hay personas que se han
visto completamente desprovistas de afecto debido a la ausencia de
sus padres, familias rotas por completo.
Y estas personas no son capaces de manifestar sensibilidad, o de
llevar vidas sociales normales. No experimentan una reacción
emocional ante la violencia contra otros. Si conociéramos su
historia, sabríamos por qué.
Usted tiene 80 años, posee una vitalidad increíble, y está
profundamente implicado en el diálogo interreligioso. Admirable.
Sí, ando en muchas cosas, que en realidad son una sola. Además del
diálogo interreligioso, estoy implicado en el diálogo
intermonástico con el budismo, el hinduismo. Sigo el desarrollo de
nuevos recursos y evalúo nuevos programas para responder a nuevas
necesidades.
Pero el trabajo principal sigue siendo propagar la Oración
Centrante, por eso viajo tanto. Espero dar conferencias algún día
sobre sanación holística, porque la profesión médica está
empezando a reconocer la necesidad de la dimensión espiritual de
la oración, una vez más. Los médicos reconocen que la gente puede
curarse mediante la meditación y la oración, y no sólo mediante
compuestos químicos.
Es la “terapia divina” que todos buscamos.
Sí, terapia divina, porque no es sólo una relación, una amistad
con Dios que nos transforma para bien; es una relación médica
también. La oración contemplativa es en verdad la sanación del
cuerpo, de la mente y del espíritu.

(Para iniciarse en la Oración Centrante vaya a
oracioncentrante.com,
centeringprayer.com, o busque un grupo de Oración Centrante en
alguna de las parroquias de la Arquidiócesis de Miami, como
Blessed Trinity, St. John Newman, St. Patrick y otras.)
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